EMDANA nació para algo muy básico: ayudar a autónomos y pequeñas empresas afectadas por la DANA a sostener gastos del día a día (alquiler, nóminas, asesoría…). El problema es que, en la práctica, el presupuesto no ha alcanzado para atender a todas las solicitudes presentadas en plazo que cumplen requisitos. Y cuando eso pasa en una ayuda de emergencia, el daño no es solo contable: es humano y económico.
En este artículo explicamos qué está ocurriendo, qué reflejan las resoluciones (lotes) y por qué el diseño “por orden de solicitud” genera un agravio difícil de justificar en un contexto de DANA. También lo comparamos con Ara Empreses, un ejemplo de ayuda DANA que, con sus complejidades, se gestionó con un nivel de acompañamiento muy superior.
Qué es EMDANA y por qué importa
EMDANA es una ayuda vinculada a la DANA enfocada a la reactivación económica y al mantenimiento del empleo, pero con una particularidad clave: no financia inversión (máquinas, reformas, mobiliario), sino gastos corrientes, es decir, aquello que te mantiene abierto cuando estás intentando sobrevivir mes a mes.
Ese matiz es decisivo. Muchas empresas han podido reconstruir parte de sus activos con seguros o con otras líneas, pero los gastos corrientes no “se arreglan” con una indemnización puntual. Siguen llegando aunque el negocio facture menos o esté reabriendo a trompicones.
El punto que lo cambia todo: el orden de presentación
En EMDANA, la prioridad de resolución se ha aplicado, de hecho, por orden de entrada. Traducido: una ayuda de emergencia ha funcionado como una cola.
Y aquí es donde la conversación pública se vuelve incómoda: si dos negocios están en el mismo polígono, con el mismo golpe de DANA, y ambos presentan dentro de plazo, ¿por qué uno cobra y el otro se queda fuera simplemente por haber presentado más tarde (aunque en plazo)?
Esa lógica puede ser discutible en una convocatoria ordinaria. En una ayuda DANA, se convierte en un factor de desigualdad.
Lo que ya reflejan las resoluciones: concedidas, lista de reserva y desestimadas por presupuesto
Las resoluciones publicadas (lotes) muestran un patrón claro: hay expedientes que cumplen, pero no entran porque el presupuesto se agota.
En la tercera resolución (lote 3, publicada a finales de diciembre de 2025) aparece explícitamente:
- un listado de expedientes “desestimados por agotamiento presupuestario” (no por no cumplir, sino por falta de crédito), y
- una “lista de reserva” de solicitudes pendientes que al día siguiente tuvieron su resolución correspondiente.
En el trabajo de análisis que hemos venido haciendo con los documentos del expediente, el volumen de desestimadas por agotamiento presupuestario en ese lote asciende a 1.927 expedientes.
Por qué esto no es “un caso más” (y por qué no es comparable con un bono)
En los últimos días han salido noticias explicando el bloqueo de EMDANA por presupuesto. Algunas comparan el caso con programas tipo bono (por ejemplo, bonos de turismo). Pero son instrumentos completamente distintos.
Un bono suele estar diseñado para dinamizar demanda en un territorio (en este caso de la Comunitat Valenciana): puede agotarse y, aun así, su naturaleza es distinta porque no nace para evitar cierres empresariales concretos ni para sostener nóminas o alquileres de quienes han sufrido daños directos.
EMDANA, en cambio, se justifica por la continuidad económica: sostener actividad, empleo y supervivencia de microempresas y autónomos afectados. Cuando no llega a quienes han solicitado en plazo y cumplen requisitos, no hablamos de “un bono que se agota”: hablamos de una pieza del escudo de emergencia que deja huecos.
La comparación necesaria: Ara Empreses como ejemplo de “ayuda DANA bien acompañada”
Aquí es donde la comparación con Ara Empreses es relevante, no para enfrentar programas, sino para entender enfoques.
Ara Empreses era una ayuda DANA orientada a inversión (reparaciones, activos, recuperación productiva) y requería un esfuerzo posterior de justificación, por tanto era más compleja. Aun así, se aplicó una estrategia de acompañamiento muy intensa: ampliaciones, divulgación y apoyo directo.
Un ejemplo documentado y público: IVACE explica que los “agentes de proximidad” acercaron las ayudas del Plan Ara Empreses a miles de pymes y comercios en decenas de municipios, con un despliegue activo de información y asistencia sobre el terreno.
Esto importa por una razón: si aceptamos que muchas microempresas no están habituadas a tramitar ayudas, entonces la administración puede elegir entre dos modelos:
- “te notifico y tú te apañas” (modelo pasivo), o
- “te acompaño para que no te caigas por lo procedimental” (modelo proactivo).
Ara Empreses se parece mucho más al segundo modelo.
Y la pregunta razonable es: si el beneficiario “tipo” (empresa/autónomo afectado por DANA) es prácticamente el mismo, ¿por qué el estándar de acompañamiento y la previsión presupuestaria no se parecieron más en EMDANA?
El daño real: lo que significa quedarse fuera por presupuesto
Cuando una empresa se queda fuera por presupuesto en una ayuda de gastos corrientes, el impacto suele ser inmediato:
- tensión de tesorería (pagar alquiler, asesoría, suministros),
- decisiones de empleo (aguantar plantilla o recortar),
- retrasos en reapertura o pérdida de actividad,
- más endeudamiento para cubrir lo que la ayuda pretendía aliviar.
Y aquí hay un detalle humano que no se puede ignorar: muchos solicitantes no son “expertos en subvenciones”. No viven en la sede electrónica. No entienden que una notificación “existe” aunque nadie les haya avisado por email. No distinguen entre un requerimiento y un trámite de audiencia. En emergencias, esa brecha administrativa se vuelve una trampa.
En este punto, conviene separar dos debates:
- el principal (y urgente): presupuesto suficiente para atender a quienes han solicitado en plazo y cumplen requisitos;
- el procedimental (también importante): medidas extraordinarias para quienes no atendieron un requerimiento por falta de aviso/uso habitual de sede.
Este artículo se centra sobre todo en el primero, porque es el que está dejando a más gente fuera aun cumpliendo.
Qué soluciones tendría sentido explorar
Desde un enfoque de política pública, hay varias vías que la Generalitat puede explorar (y que conviene preguntar públicamente si se van a explorar):
A) ampliación presupuestaria específica de EMDANA
La cuestión es de suficiencia: no una ampliación simbólica, sino una ampliación que permita absorber a las solicitudes presentadas en plazo que cumplen requisitos.
B) reasignación de remanentes de otras líneas DANA (si jurídicamente procede)
En varias líneas DANA se han visto diferencias entre presupuesto disponible y ejecución final. La discusión técnica es si esos remanentes son reasignables entre programas o están “encorsetados” por su norma. Pero como mínimo hay una pregunta pública legítima: qué remanentes existen y qué margen real hay para reprogramarlos.
C) medidas extraordinarias para requerimientos no atendidos por falta de aviso
Sin confundirlo con el debate del presupuesto, sí cabe una medida de equidad: habilitar mecanismos de subsanación o reapertura en casos justificados donde el solicitante no tuvo conocimiento real del requerimiento, especialmente en perfiles no habituados, siempre con garantías y trazabilidad.
Las preguntas que un ciudadano (y un periodista) deberían poder hacer
- ¿Qué ampliación adicional sería necesaria para cubrir a los solicitantes en plazo que cumplen requisitos?
- ¿Qué remanentes existen en otras líneas DANA para empresas/autónomos y qué margen legal hay para reasignarlos?
- ¿Se van a adoptar medidas de flexibilidad para requerimientos no atendidos por falta de aviso efectivo?
En una DANA, pedir una ayuda no debería parecerse a conseguir entradas para un concierto. Si el objetivo institucional es sostener tejido productivo y empleo, el criterio determinante debería ser “cumple y ha solicitado en plazo”, no “llegó antes”.
EMDANA tiene todavía margen para corregirse si se entiende como lo que es: una ayuda de emergencia para que negocios reales no caigan por un detalle de calendario o por un presupuesto que no midió bien el tamaño del problema.
Y la pregunta final, la que deberíamos poder hacer sin levantar la voz, es simple:
¿Va a dejarse fuera a empresas y autónomos afectados por la DANA que hicieron lo correcto, en plazo, solo porque el presupuesto no se calculó con el estándar de cuidado que sí vimos en otras ayudas?