Cuando hacemos de la comunicación una forma de vivir, como en mi caso, no podemos dejar de mirar el mundo con ojos de detección de buenas prácticas, de respuestas que hacen que nos llevemos las manos a la cabeza, de imágenes que capturamos para explicar ideas, de colores, frases, stories, reels y vídeos de todo tipo que podemos usar de ejemplo para esto o para lo otro.
Y la época de Navidad es la más idónea para observar, escuchar, mirar y dejarse sorprender. Durante estas fiestas he recogido unas cuantas ideas, y querría destacar aquí dos de contrapuestas.
La primera sorpresa, la buena, ha sido el vídeo de la Universitat Pompeu Fabra emitido el día de los Santos Inocentes: el anuncio del “Primer Punto de Información a las Familias de la UPF”, creado para “resolver las dudas crecientes que tienen las familias sobre la vida académica de sus hijos, como las notas, las prácticas o el proceso de matriculación”. El denominado PIF cuenta además con un asistente virtual e incluso permitirá a los familiares “apuntarse al grupo de whatsapp de cada clase para seguir las informaciones relevantes de cada grado y curso”. Ah, y también anuncia una nueva App para que los familiares puedan controlar la asistencia de sus hijos a las clases.
Comunicativamente hablando, la iniciativa tiene todos los ingredientes para ser un éxito:
- Una nota de prensa en la que se destaca que el PIF responde a la demanda de padres y madres, y a los estudios de expertos que evidencian que el apoyo familiar ayuda a los estudiantes a mejorar en la evolución en los grados.
- Un vídeo muy bien hecho con equipo de la UPF en el rol de padres y madres entrando en el Punto de Información para preguntar por sus hijos; con testimonios de profesores, alumnos y expertos…
- Una adaptación fresca para Instagram y las redes sociales.
- Una conexión con la actualidad del día y con la realidad
- Una ironía propia del Polònia que nos hace sonreír y reírnos de nosotros mismos.
La idea y el vídeo han circulado como la espuma por las redes, por grupos de whatsapp (muchas familias le han concedido plena validez) e incluso ha aparecido en el Telenotícies como idea divertida del día de los Inocentes. Así que: felicidades equipo de la Pompeu Fabra; lo habéis hecho genial. Para quienes no hayan visto aún el vídeo, no os lo perdáis.
La segunda idea responde a otro tipo de viralidad y sacudida colectiva. Es la de la Crepería de la Rotonda, gestionada por un personaje que prepara creps mientras insulta a todo el mundo en el centro de Andorra la Vella, en la Avinguda Meritxell. Su reclamo es: “Si me grabas, te insulto. No grabas, no insulto. Colaboración disponible MP”. Clarifico, por si tenéis la suerte de no haber oído hablar de él: cuando acudes a su local y pides una crepe, puedes insultarlo y, si lo grabas, él también te insulta y todos contentos. Con esta “gracia” se ha vuelto viralísimo y riquísimo: suma centenares de miles de seguidores en redes, cada vídeo suyo haciendo creps con insultos de todo tipo tiene más de 100.000 “me gusta” en Instagram y recibe cada día numerosas peticiones de colaboración de todo tipo de personajes.
Y no solo eso: acumula una cola quilométrica en la Avinguda Meritxell de personas que quieren “la crepe del insulto”. Tanto es así que han tenido que contratar seguridad para ordenar la cola, y cada tarde deben hacerla en una dirección distinta para evitar molestar siempre a los mismos establecimientos que han tenido la “suerte” de ser sus vecinos.
Comunicativamente, es obvio que es un fenómeno de éxito. El tono brusco con el que interpela a todo el mundo y el hecho de permitir el desfogue individual y colectivo ha resultado un auténtico fenómeno de masas. El hombre se está haciendo de oro con las crepes y con los insultos. Para mí, es una tristeza de realidad. Así que, en este caso, prefiero no compartir el enlace a los vídeos. Ya he hablado demasiado sobre él.