Autor: Elena Usunáriz
14 enero, 2026
No toda la información que circula en redes sociales es igual, ni todos los temas generan el mismo tipo de conversación. Hay ámbitos donde el ruido, los bulos y los mensajes engañosos se concentran con más fuerza, influyendo directamente en cómo adolescentes y jóvenes se informan, opinan y entienden lo que ocurre a su alrededor.
Precisamente para identificar dónde se acumula ese ruido, Entre el ruido y los datos analiza los contenidos que circulan en X (antes Twitter), en el marco del proyecto Surfear la red, impulsado por Fad Juventud con la colaboración de Google.org. El análisis se basa en una muestra representativa de 1.000 menciones publicadas en España entre abril y junio de 2024, extraídas de un volumen mucho mayor de conversaciones y codificadas según temática, tipo de desinformación, tono y perfiles implicados.
El foco no está en medir solo cuánto ruido hay, sino en entender en qué temas aparece con más intensidad y cómo se amplifica. Y los datos ayudan a dimensionar el fenómeno: casi 2 de cada 10 menciones analizadas contienen contenidos desinformadores. No se trata de excepciones ni de ruido marginal, sino de una presencia constante integrada en la conversación cotidiana de la red.
Ese ruido, además, no se reparte de forma homogénea. Aunque la desinformación aparece en todos los espacios ideológicos, el 45% de las menciones desinformadoras se concentran en el entorno de la extrema derecha, donde se agrupan más perfiles dedicados a generar bulos y una mayor proporción de superdesinformadores -cuentas que difunden contenidos engañosos de forma reiterada-. A esta concentración se suma su capacidad de amplificación: los 100 principales altavoces de la desinformación generan millones de menciones cada mes, multiplicando el alcance de estas narrativas.
Políticos y políticas, medios de comunicación y la justicia aparecen como las principales víctimas de la desinformación. Son los blancos habituales de mensajes que cuestionan su legitimidad, erosionan la confianza y contribuyen a un clima de desafección y polarización en el debate público.
La desinformación tampoco afecta por igual a todos los temas. La inmigración es el ámbito más afectado, con la mitad de las menciones cargadas de contenidos engañosos, basados en la exageración de hechos aislados o la tergiversación de datos. Le siguen la justicia (47%), la religión (43%), los conflictos bélicos (41%) o la política (39%), espacios donde las teorías conspirativas y los mensajes descontextualizados encuentran un terreno especialmente fértil.
Otros ámbitos clave de la conversación pública tampoco quedan al margen. Los medios de comunicación concentran un 38%, la sanidad un 33% y el género un 24%.
En todos estos ámbitos se repiten patrones similares: datos manipulados, hechos sobredimensionados y relatos diseñados para generar tensión y polarización. Identificar dónde se concentra ese ruido no lo hace desaparecer, pero permite entender mejor cómo se construye la conversación digital que atraviesa la experiencia cotidiana de adolescentes y jóvenes.