Extremadura: la paradoja de ser la gran productora energética de España con una red viaria incompleta
Por Paulino Mata · Consultor de comunicación en GAD3.
Las infraestructuras en España siempre han sido símbolo de progreso, cohesión territorial e igualdad de oportunidades. Durante décadas, carreteras, ferrocarriles y redes de transporte no solo han conectado territorios, sino que han servido para corregir desigualdades históricas entre regiones. Hoy, tristemente, el AVE Madrid – Sevilla vuelve a ocupar titulares por el trágico accidente ferroviario ocurrido en Adamuz, un suceso que nos recuerda que las infraestructuras no son solo estadísticas o mapas, sino vidas humanas, seguridad y vertebración del país.
Conviene recordar que aquella línea Madrid – Sevilla no fue una elección casual. Fue la primera línea de alta velocidad inaugurada en España porque simbolizaba algo más profundo: la voluntad de que, con la democracia, ningún territorio quedara atrás. Andalucía, una región históricamente desfavorecida, se convertía así en emblema de un nuevo modelo de país basado en la igualdad territorial.
Hoy, más de treinta años después, esa lógica de cohesión parece haberse debilitado en algunos territorios. Extremadura es quizá el ejemplo más claro.
La región extremeña ha convivido históricamente con un déficit estructural de infraestructuras que condiciona su desarrollo económico y su integración territorial. A pesar de desempeñar hoy un papel estratégico en la transición energética, como una de las comunidades que más energía produce de toda España, la región sigue sin contar con algunas de las autovías básicas que cualquier mapa moderno de cohesión territorial debería garantizar.
En un contexto en el que energía, movilidad y planificación territorial están más interconectadas que nunca, esta brecha resulta especialmente evidente:
Extremadura sostiene parte del futuro energético del país, mientras España aún no sostiene la infraestructura que Extremadura necesita.
Fuente: 20 minutos
La geografía energética: territorios que producen y territorios que consumen
El desequilibrio energético español es una de las claves para entender esta paradoja. Mientras las regiones más densamente pobladas concentran la demanda, gran parte de la producción se desplaza hacia el interior:
- Cataluña concentra tres reactores nucleares (Vandellòs II, Ascó I y II) y genera el 14,3% de la electricidad nacional, pero depende de ellos para cubrir cerca del 60% de su demanda.
- Su despliegue renovable es limitado: solo un 19% de su mix es verde, y provincias como Girona o Barcelona producen cantidades casi testimoniales de energía solar y eólica.
- Frente a ello, la llamada “España interior”, Extremadura, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Aragón, Andalucía y Galicia, concentra más del 80% de la generación renovable, asumiendo el impacto visual, territorial y de uso del suelo de grandes plantas fotovoltaicas y parques eólicos.
La transición energética, por tanto, no es únicamente tecnológica. Es también territorial y política, y Extremadura se ha convertido en uno de los territorios más determinantes para que este proceso avance.
Una red de autovías todavía incompleta
Pese a este papel estratégico, Extremadura sigue esperando la culminación de infraestructuras clave para su conectividad y competitividad. Entre las principales carencias destacan:
- Autovía Cáceres–Badajoz (A-58 + A-81 proyectada): La conexión rápida entre las dos capitales provinciales continúa siendo una asignatura pendiente.
- Autovía Badajoz–Córdoba (A-81): Fundamental para integrar Extremadura en el corredor sur peninsular y mejorar la conexión con Andalucía y el Mediterráneo.
- Autovía Zafra–Huelva (A-83 proyectada): Un eje estratégico para conectar el sur extremeño con el litoral onubense y los corredores atlánticos. Su ausencia limita el potencial logístico del eje Zafra–sur de Portugal–Andalucía occidental.
- Autovía Navalmoral–Plasencia–Coria–Francia (A-83 / EX-108): Un enlace natural con Europa que sigue sin materializarse, dejando a Extremadura fuera de los grandes flujos norte-sur.
- Autovía Valencia–Lisboa (A-23 + A-5 + IP7): Uno de los grandes corredores transnacionales previstos para mercancías y movilidad que se interrumpe precisamente en su tramo extremeño, restando a la región su potencial como eje logístico ibérico.
Mientras la energía fluye desde Extremadura hacia el resto del país, las infraestructuras de movilidad siguen sin hacerlo en sentido inverso.
Una paradoja socioterritorial
Desde una perspectiva de análisis social, el contraste es evidente:
Extremadura aporta energía al conjunto del país, pero recibe menos inversión en infraestructuras clave que otros territorios con menor contribución energética.
Este desequilibrio alimenta una percepción creciente de agravio territorial, especialmente en un contexto en el que la ciudadanía valora cada vez más:
- la igualdad de oportunidades,
- la vertebración territorial,
- y el acceso equitativo a servicios e infraestructuras.
Mientras los territorios del interior asumen la carga territorial de la transición energética, los beneficios económicos, industriales y logísticos se concentran en otros espacios.
Energía y cohesión: lo que Extremadura pone sobre la mesa
Si la transición energética ha de ser verdaderamente justa y equilibrada, debe ir acompañada de:
- inversión en infraestructura viaria y ferroviaria,
- integración real en los corredores logísticos nacionales y europeos,
- y un reconocimiento efectivo del papel que Extremadura desempeña en el suministro energético del país.
La cohesión territorial no es un complemento, es una condición necesaria para la competitividad económica, la seguridad y la estabilidad social.
Extremadura ya ha cumplido con su parte: produce energía, sostiene el sistema, genera renovables y asume impactos territoriales.
Ahora es el Estado el que debe cerrar la brecha pendiente.
Conclusión: una deuda histórica en un momento clave
Extremadura es hoy un territorio imprescindible para comprender el presente y el futuro de la transición energética española. Produce más de lo que consume; sostiene más de lo que recibe. Y, sin embargo, continúa esperando infraestructuras que deberían haberse construido hace décadas.
La región no pide privilegios.
Pide equilibrio.
Pide coherencia.
Pide justicia territorial.
Si España quiere avanzar hacia un nuevo modelo energético y de movilidad, Extremadura debe avanzar con ella: conectada, vertebrada y plenamente integrada en las redes que articulan el país.
Solo así dejaremos de hablar de paradojas…
Y empezaremos a hablar, de verdad, de oportunidades compartidas