Merche Carasso colabora con NPH desde hace años como madrina. Hace poco viajó a NPH El Salvador junto a un grupo de viajeros solidarios para vivir en primera persona la Copa NPH “Un Gol por la Paz”, conocer los programas de la organización y convivir con los niños, niñas y jóvenes. Su testimonio es una mirada cercana y honesta al impacto real del acompañamiento a largo plazo y al poder del deporte como herramienta de paz, convivencia y empoderamiento juvenil.
Viajar a un programa de NPH no es solo conocer un lugar: es encontrarse con historias de vida, sueños y derechos que se reconstruyen día a día. Así lo explica Merche Carasso, madrina de NPH desde hace años, tras su reciente viaje solidario a NPH El Salvador, donde participó en la celebración de la Copa NPH “Un Gol por la Paz”, un torneo internacional que reúne a jóvenes de distintos países para fomentar valores, convivencia y oportunidades.
Este ha sido el tercer viaje de Merche con NPH. En ocasiones anteriores había visitado NPH Guatemala, donde apadrina a tres niños. La experiencia fue tan transformadora que, cuando surgió la oportunidad de viajar a NPH El Salvador, no dudó. “Sabía que iba a ser especial: volver a convivir con los jóvenes, conocer otro hogar NPH y vivir el torneo desde dentro”, explica.
Llegar a NPH El Salvador y compartir el día a día con los jóvenes fue, para ella, difícil de describir con palabras. “Convivir con ellos, animar en los partidos, comer juntos, escuchar sus historias o bailar en la fiesta final es algo muy intenso. Cuando llega el momento de despedirse, el sentimiento es triste y emocionante a la vez”.
La Copa NPH “Un Gol por la Paz”: Deporte, Valores y Oportunidades
Durante el torneo, Merche vivió muchos momentos especiales: la sana competencia por llegar a la final, la entrega de trofeos y, especialmente, la concesión de becas deportivas que abren nuevas oportunidades para los jóvenes.
Pero si algo destaca es el vínculo humano que se crea: “El contacto con los chicos y chicas es lo que más me marca. Y también conocer al equipo de NPH: educadores, ‘tíos’ y ‘tías’, personal de cocina, directores… todos están volcados en el bienestar de los jóvenes y en crear un entorno seguro y lleno de oportunidades”.
Desde su mirada, el torneo tiene un valor enorme para los participantes. Muchos de ellos nunca han salido de sus comunidades, y poder viajar, convivir con jóvenes de otros países y representar a su hogar es una experiencia que les empodera y amplía horizontes. “El deporte refuerza valores como el compañerismo, el respeto, el trabajo en equipo y la disciplina, pero también les permite conocer otras realidades y sentirse parte de algo más grande”.
El ambiente de convivencia entre jóvenes de distintos países fue, para ella, ejemplar: respeto, apoyo mutuo y una rivalidad siempre sana. “Más de uno aquí debería aprender de este espíritu deportivo”.
Ser madrina: un vínculo que va mucho más allá
Uno de los momentos más emocionantes del viaje fue poder convivir con su ahijado, que participó en el torneo. “Hemos podido hablar mucho sobre su familia y su futuro. Ha terminado el bachillerato, ahora hará su año de servicio y se prepara para la universidad. Es buen estudiante y muy buen jugador”.
Durante el torneo, su ahijado le dedicó un gol y, además, obtuvo una beca de la Fundación Marcet, que le permitirá viajar a Barcelona en verano de 2026 para entrenar en su escuela de fútbol durante el verano. “Fue una alegría inmensa para los dos«, destaca Merche con ilusión.
Además, Merche ha comenzado a apadrinar a Rosita, una joven salvadoreña de 19 años. Mantiene el contacto con ambos, se escriben con frecuencia y comparten su día a día. “Son jóvenes increíbles, llenos de cariño, alegría y valentía, a pesar de las mochilas que han tenido que cargar”.
Para Merche, este viaje ha reforzado una idea clave: el apadrinamiento no es solo una aportación económica, sino una relación de acompañamiento a largo plazo. “Ahora los conozco personalmente y puedo ver que crecen sanos, que tienen aspiraciones, que se esfuerzan y que, con el apoyo adecuado, siguen adelante. Como cualquier hijo”.
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Conocer NPH sobre el terreno
Además del torneo, Merche visitó los distintos programas de NPH, tanto en el hogar como en las comunidades. Le impresionó especialmente el enfoque integral: educación, salud, nutrición, seguridad, afecto y acompañamiento emocional.
“NPH acoge a niños y niñas cuyos derechos han sido vulnerados, pero siempre que es posible se trabaja para que puedan vivir con sus familias, apoyándolas desde las comunidades con refuerzo escolar, seguimiento psicopedagógico y programas de empoderamiento”.
Participar en tareas cotidianas, como colaborar en la cocina, le permitió sentirse parte del proyecto. “No eres un espectador, formas parte de la familia”.
Un compromiso que mira al futuro
Después de esta experiencia, ser madrina y colaboradora de NPH tiene para Merche un significado aún más profundo. “Siempre he confiado en el proyecto, pero ahora lo conozco de primera mano. He visto el impacto real que tiene en la vida de los niños y jóvenes”.
A quienes están pensando en apoyar a NPH, les transmite un mensaje claro: “Vuestra colaboración tiene un impacto enorme en la vida de niños y niñas vulnerables. Y si podéis, animaos a viajar con NPH. Hay cosas que solo se comprenden cuando se viven”.
Merche se queda con las imágenes más sencillas y poderosas: conversaciones, risas, comidas compartidas y bailes con los jóvenes. Momentos que resumen el verdadero espíritu de NPH: una familia que acompaña, protege y abre caminos de futuro.