El consumo eléctrico en 2025 continúa por la senda del descenso en Galicia, mientras en España ya se invirtió la tendencia; aunque aún no hay datos cerrados del año pasado. Pero esta evolución negativa afecta directamente a la línea de flotación de nuestra industria. Baste recordar que, desde 2018, la caída fue del 32 %, un porcentaje tan elevado que rayaba en la involución de la economía gallega. El desierto que atraviesa el sector eólico desde la pandemia nos ha colocado en una posición muy vulnerable en un momento en que asistimos a una guerra mundial por la energía. USA capta el petróleo de Venezuela, Rusia es el amo del gas y China invierte cantidades ingentes en energías renovables. Los tres países que manejan el mundo se arman con sus propios recursos o intervenidos. Entre tanto, Alemania, al quedarse sin la nuclear propia ni el gas ruso, se ha lanzado a multiplicar su potencia renovable en el menor tiempo posible. Solo el año pasado tramitó más de 12.000 megawatios (MW), doce veces más de lo que se instala en España anualmente; llegando la instalación germana a 5.414 nuevos MW en 2025. Las cifras son extraordinariamente elocuentes. Determinación política y una legislación fundamentada en el interés público superior de las energías renovables (directiva europea de 2023), además de su correcta transposición, están detrás de la notable reducción de plazos y la velocidad de las inversiones. Por su parte, Reino Unido acaba de celebrar una subasta récord de eólica marina en la que ha adjudicado 8 gigawatios de nueva potencia, con una inversión de 15.000 millones de dólares.
Entre tanto, en Galicia, hay promotores eólicos que han entrado en serias dificultades, porque ya no pueden cumplir sus compromisos de suministrar energía limpia a proyectos industriales, acumulando a su vez deudas millonarias con proveedores. Y nuestras fábricas de componentes de los aerogeneradores se ven obligadas a mantener su cartera de pedidos en el extranjero, lejos de casa. En esta coyuntura, Galicia camina hacia atrás: desperdicia sus potenciales recursos eólicos, incrementa su dependencia del exterior, encarece la factura de la luz y pone en peligro la salud pública. Los gallegos no somos conscientes de la gravedad de esta coyuntura que ya se ha convertido en una falla estructural de nuestra economía.
Hasta 2023, Galicia mantenía una posición intermedia, sexta o séptima, en cuanto a inversiones industriales, pero desde hace un par de años, estamos bajando debido al frenazo judicial que sufren desde hace un par de años un centenar de proyectos eólicos, que suman 3.000 megawatios (MW). Resulta sorprendente que la Sala 3ª del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) haga caso omiso del Tribunal Supremo (TS) y del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), cuando en otras comunidades los proyectos se tramitan igual que en Galicia y la interpretación de sus tribunales superiores coinciden con la del Supremo y el de la UE. ¿Por qué somos diferentes?
Estamos tirando por la borda 6.300 millones de inversión industrial, a los que debemos añadir otros 4.000 eólicos y la consiguiente creación de 14.000 empleos, provocando la emigración, cuando no el cierre, de empresas, pero también de nuestros profesionales cualificados y todo tipo de operarios. Si no hay energía cerca, no hay empresas, porque los consumos se producen donde se genera, ya que las líneas tienen problema de transporte y es algo que no se soluciona a corto plazo. Si existía Alcoa es porque existía As Pontes.
Y todo esto no es una cuestión menor, ya que el Foro Económico de Galicia acaba de señalar la necesidad de que Galicia aumente su población en casi 300.000 personas si quiere mantener su productividad. Si nos empeñamos en seguir obligando a nuestras empresas y profesionales a emigrar, conseguiremos lo contrario, o sea, que nuestra población vaya a menos.
Fuimos pioneros y líderes en la tecnología eólica; sin embargo, hoy hemos caído a la cuarta posición. Las inversiones multimillonarias las están acaparando las comunidades con mayor potencia instalada, ambas Castillas y sobre todo, Aragón. En el contexto internacional, potencias como Alemania, China, USA… están destinando ingentes cantidades de capital al diseño y construcción de centros de datos capaces de desarrollar la inteligencia artificial (IA), centros que a su vez necesitan nueva y cercana energía limpia como la eólica. Así que las perspectivas para este 2026 son demoledoras.
Entre el parón judicial indefinido y con las empresas sin saber a qué normas atenerse en la tramitación de los proyectos, además de la fuga de inversiones y de talento con los proyectos cayendo en cascada y del hastío del sector gallego, el nuevo año ahondará en este retroceso industrial y económico, pero también en el deterioro de la seguridad ambiental y de la salud pública. Este es nuestro presente y nuestro futuro.
Un artículo de la Asociación Eólica de Galicia.
Fotografía: Destellos de luz. José Miguel Hernández Rebordinos