Por qué el MBA generalista vuelve a ser clave para los directivos

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La formación ha sido siempre un factor determinante en el desarrollo de la carrera profesional de ejecutivos y directivos. Durante años, tanto las empresas como el propio mercado laboral han impulsado itinerarios cada vez más especializados, premiando perfiles técnicos vinculados a funciones muy concretas y a conocimientos avanzados en áreas específicas. Sin embargo, todo apunta a que esta tendencia empieza a mostrar sus límites en los niveles más altos de responsabilidad.

En un contexto marcado por una coyuntura económica compleja, un entorno normativo cada vez más exigente, la transformación digital y la necesidad de tomar decisiones con impacto inmediato, la figura del directivo generalista vuelve a ganar protagonismo. Y con ella, el valor del MBA como formación en dirección y gestión de empresas de carácter transversal, orientada a dotar de criterio y coherencia a la toma de decisiones.

El problema actual: directivos muy expertos, pero con visión parcial

La hiperespecialización ha aportado eficiencia operativa y profundidad técnica en muchas áreas de la empresa, desde las finanzas hasta la tecnología o el análisis de datos. No obstante, también ha contribuido a la creación de estructuras organizativas complejas, articuladas en silos funcionales, donde cada área optimiza sus propios objetivos, muchas veces,  sin una comprensión completa del impacto que sus decisiones tienen en el conjunto de los objetivos estratégicos del negocio.

Esta fragmentación se traduce en decisiones bien fundamentadas desde un punto de vista técnico, pero débiles desde una perspectiva estratégica. Falta visión financiera en áreas no económicas, comprensión comercial en perfiles técnicos o enfoque organizativoy de largo plazo en responsables de negocio. El resultado es una dirección poco alineada, con dificultades para anticipar riesgos y para coordinar respuestas coherentes ante escenarios cambiantes.

La hiperespecialización y sus límites en la toma de decisiones

Diversos análisis sobre desempeño directivo coinciden en señalar que una parte relevante de los errores estratégicos no se produce por falta de conocimiento técnico, sino por una lectura parcial del problema. La hiperespecialización tiende a focalizar la atención en variables concretas y dificulta la integración de factores económicos, organizativos y de mercado.

Cuando estos perfiles acceden a posiciones de alta dirección, la complejidad se multiplica. Una decisión financiera afecta a la estructura comercial; una apuesta tecnológica condiciona la cultura interna y la propuesta de valor; un ajuste operativo impacta directamente en las personas. Sin un marco común que permita ordenar esta complejidad, el riesgo de incoherencia estratégica tiende a aumentar.

Especialización y visión global: un falso dilema

Plantear el debate como una oposición entre especialización y formación generalista resulta, en gran medida, un error de enfoque. Las organizaciones necesitan expertos, pero también necesitan líderes capaces de integrar ese conocimiento y transformarlo en decisiones alineadas con la estrategia global.

El directivo actual no tiene que ser el mayor especialista de la organización, sino quien entiende cómo encajan las distintas piezas del negocio: mercado, personas, operaciones, finanzas y estrategia. Esa capacidad de lectura transversal es, precisamente, una de las competencias más demandadas —y a la vez más escasas— en los equipos de dirección.

Qué aporta hoy un MBA generalista a la alta dirección

El MBA tradicional ha evolucionado para adaptarse a un entorno más complejo, pero mantiene su esencia: ofrecer una visión completa del funcionamiento de la empresa. Para perfiles directivos, esta formación aporta un valor difícil de sustituir por otro tipo de programas excesivamente focalizados.

Entre las principales aportaciones de un MBA destacan:

  • Una visión transversal del negocio, que permite contextualizar las decisiones y anticipar sus consecuencias.
  • Un lenguaje común entre áreas, clave para coordinar equipos diversos y alinear intereses departamentales.
  • Capacidad analítica aplicada a situaciones reales, más allá del conocimiento teórico o metodológico.
  • Entrenamiento en toma de decisiones complejas, especialmente en escenarios de incertidumbre y presión.

En un entorno donde cada decisión tiene impacto directo en el nivel de productividad, rentabilidad, competitividad y reputación, este marco de pensamiento aporta un valor añadido al permitir evaluar escenarios con mayor criterio, reducir errores de enfoque y tomar decisiones coherentes con la estrategia global de la organización.

Cuando la formación conecta con la empresa real

La realidad empresarial actual exige programas formativos capaces de responder con precisión a las necesidades del tejido productivo. En este contexto, gana relevancia la formación impulsada por instituciones estrechamente vinculadas a la actividad económica de su entorno, con capacidad para trasladar al aula los retos reales de la gestión directiva y la toma de decisiones.

Desde esta posición, las Cámaras de Comercio desempeñan un papel especialmente relevante por su cercanía a empresas, directivos y mercados locales. Un ejemplo de esta orientación lo encontramos en Asturias, en el MBA en Oviedo impulsado desde la Escuela de Negocios de la Cámara de Comercio de Oviedo. Esta iniciativa se dirige a profesionales que necesitan reforzar su visión global y su capacidad directiva desde una perspectiva práctica, alineada con la realidad empresarial.

¿Para qué perfiles vuelve a tener sentido un MBA generalista?

Más que limitarse a adquirir una formación genérica en dirección de empresas, el MBA generalista adquiere especial sentido en determinados momentos de la carrera profesional:

  • Mandos intermedios con proyección directiva, que necesitan ampliar su visión más allá de su área de gestión funcional.
  • Perfiles técnicos que asumen responsabilidades de gestión, y requieren comprender el impacto económico y organizativo de sus decisiones.
  • Empresarios y directivos de pymes, que gestionan múltiples áreas y necesitan una lectura integral del negocio y del entorno.

En todos estos casos, el verdadero valor no reside en acumular conocimientos aislados, sino en desarrollar criterio directivo y capacidad de análisis.

La complejidad del entorno empresarial actual no se resuelve únicamente acumulando más especialización, sino desarrollando una capacidad real y rigor profesional para interpretar señales, integrar variables y tomar decisiones con coherencia. La formación generalista de MBA recupera protagonismo porque responde a una necesidad real del ejercicio directivo contemporáneo.

En un escenario donde la incertidumbre es la norma, la ventaja competitiva ya no reside únicamente en saber hacer, sino en saber cómo y cuándo decidir.

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