Con motivo del 2 de febrero, Día Mundial de los Humedales, más de una decena de organizaciones ecologistas, sociales y sindicales —entre ellas Amigas de la Tierra, AEMS–Ríos con Vida, Ecologistas en Acción, Juventud por el Clima–Fridays For Future y la UGT— han lanzado un contundente llamamiento para que el futuro Plan Nacional de Restauración sitúe a los humedales en el centro de las políticas públicas ambientales.
Lejos de los discursos oficiales, las organizaciones denuncian que los humedales son hoy los ecosistemas más degradados del planeta. Según datos del Convenio de Ramsar, desde 1700 ha desaparecido cerca del 90 % de los humedales a nivel global, una tendencia que se aceleró en el siglo XX y que continúa en la actualidad. En el caso de España, informes del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico estiman que entre el 60 y el 70 % de los humedales originales se perdieron durante la segunda mitad del siglo pasado, principalmente por su desecación para usos agrícolas, urbanísticos e infraestructuras.
Un modelo económico que seca el territorio
Las organizaciones coinciden en señalar que esta destrucción no es accidental. La sobreexplotación de acuíferos, la expansión de la agroindustria intensiva, la contaminación difusa por nitratos y la especulación urbanística responden a un modelo productivo que prioriza el beneficio privado frente al interés general. A ello se suma, denuncian, la inacción o complicidad de las administraciones públicas, que durante décadas han incumplido sus propias normas de protección.
El caso de Doñana se ha convertido en el ejemplo más simbólico de este colapso anunciado. La falta de control de las extracciones ilegales de agua por parte de organismos competentes y la permisividad con la agricultura intensiva han llevado a este humedal emblemático al borde del colapso ecológico. A pesar de los compromisos institucionales y los fondos públicos movilizados, actuaciones clave para restaurar su dinámica hídrica siguen bloqueadas, mientras las causas estructurales del problema permanecen intactas.
Planes que no llegan y promesas incumplidas
En 2023, el Gobierno aprobó el Plan Estratégico de Humedales a 2030, pero las organizaciones denuncian que su aplicación ha sido claramente insuficiente. Medidas esenciales como la actualización del Inventario Nacional de Zonas Húmedas, la delimitación del dominio público o la eliminación de los resquicios legales que permiten desecar humedales continúan sin materializarse. Cuando se ha actuado, añaden, a menudo se ha hecho de forma superficial, sin frenar el expolio del agua ni recuperar la funcionalidad ecológica de estos ecosistemas.
Este contexto cobra especial relevancia ahora, cuando España debe desarrollar su Plan Nacional de Restauración tras la aprobación del Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza. Para las organizaciones firmantes, se trata de una oportunidad histórica que no puede convertirse en una operación de “greenwashing”. Reclaman un listado estatal de humedales a restaurar, prioridades claras, protección efectiva del dominio público hidráulico y una reducción drástica del impacto de la agricultura y la ganadería intensivas en las zonas de influencia.
Cuando se devuelve el agua, vuelve la vida
Frente al diagnóstico pesimista, las organizaciones subrayan que la restauración de humedales sí funciona cuando existe voluntad política. Proyectos como la recuperación de La Pletera (Girona) o el humedal de Campo de Lamas (Galiza) demuestran que eliminar infraestructuras, devolver el agua y respetar la dinámica natural permite recuperar biodiversidad, mejorar la calidad del agua y reforzar la resiliencia frente a la crisis climática.
Además de los beneficios ambientales, recuerdan que los humedales restaurados generan empleo local, fortalecen economías rurales y contribuyen a una transición ecológica justa, con derechos laborales y servicios públicos sólidos.
“Restaurar los humedales es restaurar el futuro”, concluyen las organizaciones. “Devolverles el agua es una cuestión de justicia ambiental y social. Y es una decisión política que no puede seguir esperando”.