Durante los últimos meses, ha ganado relevancia una idea en los mercados financieros: la inversión china en el extranjero está cambiando. Aunque muchos medios alertan sobre una retirada de China de la deuda estadounidense, la realidad es mucho más compleja —y estratégica— de lo que parece.
La inversión china en el extranjero ya no pasa por el Estado
Durante años, el Banco Popular de China (PBoC) era el principal canal para la salida de capitales. Su función era clara: usar el superávit comercial para comprar deuda de Estados Unidos. Este enfoque centralizado garantizaba previsibilidad a los mercados globales.
Pero ahora, la inversión china en el extranjero ha pasado a manos del sector privado: empresas, bancos y ciudadanos. Según los últimos datos, cerca de dos tercios del ahorro exterior generado se canalizan fuera de las reservas oficiales.
Del dólar al oro… y más allá
Mientras el banco central reduce su exposición a bonos estadounidenses y compra oro, los inversores privados optan por otros destinos: acciones en EE.UU., bonos europeos, fondos y proyectos internacionales.
En 2025, las inversiones privadas chinas en el exterior superaron los 500.000 millones de dólares, un récord absoluto. Por primera vez, el volumen de activos exteriores privados supera la deuda externa del país.
¿Sigue habiendo control estatal?
Sí, pero más discreto. China no ha renunciado al control: mantiene regulaciones clave como los controles de capital, el tipo de cambio o la normativa bancaria. Sin embargo, la intervención estatal es más quirúrgica, permitiendo una apertura gradual sin desestabilizar el sistema.
Este nuevo enfoque combina libertad de inversión con estabilidad macroeconómica. Una fórmula que le permite abrir su sistema financiero sin asumir los riesgos de una liberalización desordenada.
¿Por qué el capital chino busca el exterior?
El ajuste del sector inmobiliario ha sido un punto de inflexión. Durante años, las familias chinas veían la vivienda como inversión y símbolo de prosperidad. Hoy, ese motor se ha frenado, y los ciudadanos buscan nuevas formas de proteger y rentabilizar su capital.
Con más de siete trillones de dólares en depósitos y una continua caída de tipos, es lógico que la inversión china en el extranjero se consolide como una estrategia estructural.
Impacto en Estados Unidos y en los mercados
Desde EE.UU. se observa el fenómeno sin alarma. Estados Unidos lleva décadas dependiendo del capital extranjero, y aunque el comprador cambie, la lógica económica sigue siendo la misma.
Pese a una posición deudora neta de 26 billones de dólares, EE.UU. continúa ganando más por sus inversiones que lo que paga en intereses. Mientras su economía crezca más rápido que su deuda, el modelo es sostenible.
Un actor global cada vez más relevante
La inversión china en el extranjero aporta mayor liquidez, profundidad de mercado y diversidad. Fondos, bancos y empresas chinas son ya habituales en subastas de deuda en Europa y otras regiones.
Este fenómeno ha sido destacado por instituciones como el Fondo Monetario Internacional, que advierten de cómo los flujos de capital están evolucionando hacia una mayor diversificación global impulsada por actores emergentes como China.
No obstante, este capital sigue bajo el radar del gobierno. Si el yuan se aprecia o los flujos generan tensiones internas, Pekín aún tiene capacidad —y disposición— para intervenir.
Conclusión: la globalización según China
China no está desconectándose del mundo, sino cambiando su forma de participar en él. La inversión china en el extranjero ya no es una excepción, sino una estrategia nacional. Y lo hace con una lógica global: diversificación, rentabilidad y control inteligente del riesgo.
Jorge González GómezDirector de Análisis