¿Por qué la adicción al juego es un problema de Salud Financiera?
La adicción al juego es un problema de salud financiera que va más allá del ocio. Expectativas irreales de ganar dinero, sesgos cognitivos, falta de planificación económica y estrategias de marketing agresivas aumentan el riesgo, especialmente en contextos de vulnerabilidad. Entramos en detalle en este artículo.
Desde la Fundación Nantik Lum definimos la Salud Financiera como la relación que tenemos con nuestro dinero. Esta relación puede ser buena o mala, e implica la gestión de los ingresos, el control de gastos, la planificación y la comprensión del endeudamiento. En esta relación, no solo entran en juego los conocimientos teóricos y prácticos sobre el uso del dinero, sino que es fundamental integrar las ideas subjetivas o creencias que tenemos sobre el mismo.
El principal motivo para jugar es la expectativa de ganar dinero
Según indica la American Psychiatric Association, en el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed.; 5th ed., text rev.) o más conocido como DSM-5, el motivo principal que declaran las personas diagnosticadas con patologías por adicción al juego que les dispara la pulsión de jugar es la expectativa de ganar dinero.
Si bien, la patología adictiva implica otros muchos factores biológicos, personales y sociales, que el motivo más citado para jugar sea obtener ganancias económicas, tanto en hombres como en mujeres, nos indica que existe un fuerte componente simbólico asociado.
La patología es algo que se desarrolla después, cuando la actividad recurrente se convierte en desadaptativa y comienza a crear problemas en el desarrollo normal de la vida de las personas. Sin embargo, llegar al extremo adictivo podría paliarse si pudiéramos atajar a tiempo los errores conceptuales y la falta de conocimientos financieros de la población general.
Tras la expectativa de ganar dinero se esconden la falta de información y errores conceptuales sobre el dinero:
- La falsa creencia de que jugar implica ganancias aseguradas.
- El desconocimiento de los programas de reforzamiento de razón variable aplicados a máquinas tragaperras y juegos de azar.
- La falta de planificación para dimensionar las pérdidas.
- Las relaciones simbólicas entre dinero y bienestar subjetivo.
- Los sesgos cognitivos que mantienen y/o refuerzan la conducta de juego.
En los programas de Salud Financiera que desarrollamos en la Fundación Nantik Lum, trabajamos muchos contenidos que ayudan a las personas a corregir estos errores conceptuales, pero no olvidemos que este mecanismo no actúa en el vacío. Funciona con especial potencia cuando se combina con contextos de vulnerabilidad económica. En situaciones de precariedad, el dinero deja de ser solo un medio de intercambio. El juego no se vive como ocio, sino como una oportunidad.
Entender el funcionamiento de la mente es el primer escalón para avanzar hacia una buena salud financiera. La conducta de juego se mantiene y refuerza por la acción de diversos sesgos cognitivos que alteran la percepción del riesgo y de la probabilidad real de obtener ganancias. Entre los principales destacan:
- Ilusión de control: creencia de que la habilidad personal, las estrategias o ciertas decisiones influyen en resultados que son esencialmente aleatorios.
- Sesgo de “casi acierto”: interpretación de pérdidas próximas al premio como señales de que el éxito está cerca.
- Falacia del jugador: creencia de que tras una racha de pérdidas aumenta la probabilidad de ganar.
- Sesgo de complacencia: atribución de las ganancias a méritos propios y minimización o justificación de las pérdidas.
Estrategias de marketing que incitan a jugar
Es también fundamental tomar conciencia y asumir que existen estrategias muy sofisticadas de marketing y manipulación conductual que influyen en el comportamiento de las personas. Las máquinas tragaperras y otros juegos de azar utilizan programas de reforzamiento de razón variable, en los que las recompensas aparecen de forma impredecible. Esta incertidumbre mantiene la conducta de juego y dificulta su abandono, incluso cuando las pérdidas económicas se acumulan. A ello se suman estrategias de marketing y diseño persuasivo que enfatizan las ganancias, minimizan los riesgos y utilizan estímulos visuales y sonoros para captar y retener la atención de las personas jugadoras.
La planificación financiera como herramienta de prevención de la adicción al juego
La conducta de juego también se ve reforzada por la falta de planificación económica previa, que dificulta dimensionar adecuadamente las pérdidas y anticipar su impacto real. La ausencia de límites claros de gasto hace que las pérdidas se normalicen o se perciban como asumibles en el corto plazo, mientras se subestiman sus efectos acumulativos. Esta carencia de planificación favorece decisiones impulsivas y reduce la capacidad de la persona para evaluar cuándo la conducta de juego deja de ser una actividad puntual y comienza a comprometer seriamente su salud financiera.
Finalmente, es clave comprender las relaciones simbólicas entre el dinero y el bienestar subjetivo, ya que en el juego el dinero deja de representar únicamente un recurso económico y pasa a encarnar expectativas de seguridad, alivio emocional, reconocimiento o salida a situaciones de malestar. Cuando el bienestar se vincula de forma exclusiva a la posibilidad de obtener dinero rápido, se incrementa la vulnerabilidad frente a conductas de riesgo adictivas. Desde este enfoque, promover la salud financiera implica acompañar a las personas en la construcción de una relación más consciente y realista con el dinero, basada en la planificación, la autonomía y el acceso a apoyos adecuados. Los programas de la Fundación Nantik Lum ofrecen espacios de información, acompañamiento y prevención orientados a fortalecer el bienestar económico y emocional de las personas.
En definitiva, el juego de azar no puede entenderse al margen de su dimensión económica y social: se trata de un sector altamente accesible, intensamente publicitado y con fuertes intereses comerciales, cuya expansión —especialmente en el entorno online— incrementa los riesgos para las personas en situaciones de mayor vulnerabilidad económica. Abordar el juego desde la salud financiera implica mirar más allá de la conducta individual y promover información crítica, regulación y acompañamiento.
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