La Sala Usina, en el corazón de Embajadores, trae a la cartelera una nueva versión de Luz de gas. Una obra dirigida por Laura Cuadrado que habla de mentiras, abusos y engaños en la Inglaterra del siglo XIX, creada por Patrick Hamilton. Un hito en la historia de la dramaturgia que vuelve a los escenarios madrileños durante este mes de febrero en el que nada es lo que parece.
Luz de gas narra la vida matrimonial de los Manningham, un matrimonio joven que se ha trasladado a una nueva casa para seguir con su cómoda y apacible vida en común. O eso aparentan porque, de un tiempo a esta parte, la señora de la casa ha empezado a perder la cabeza. Nada está en su sitio y cree que las luces pierden intensidad cuando nadie más ve las cosas que ella relata. Su marido se desquicia cada vez más y piensa que el camino de su esposa es una institución mental. Todo se precipita cuando se descubre que nada es lo que parece, gracias a una investigación policial, y que la maldad tiene unas raíces tan profundas que pueden llegar al fondo del alma humana.
Este trabajo es fiel a la idea original aunque con ciertas actualizaciones que hacen la obra más actual y completa. De hecho, lo que cuenta esta creación es algo que hizo sufrir a muchas mujeres en la historia (véase como ejemplo otras narraciones como ‘El papel pintado amarillo’ de Charlotte Perkins o ‘Rebeca’ de Daphne du Maurier) y, que a día de hoy, también se da como una esquirla más de la sombra tan alargada del maltrato que sigue, por desgracia, muy vivo en la actualidad.
Esta propuesta se levanta gracias al trabajo grupal de la Compañía Luz de gas. Es un trabajo coral, incluido el de la ya citada Cuadrado, que dirige y actúa en la obra, que hace que todo funcione como un engranaje perfecto. Todos están en su justa medida, si bien, como dicen algunas críticas que yo misma suscribo, el único defecto es el de la potencia vocal. Es necesario algo más de volumen a la hora de declamar para que todo el mundo pueda conocer los diálogos a la perfección. Nada que no se pueda mejor en las próximas funciones.
De ellos, destaca el trabajo de Casandra Ferrández como la señora Manningham. Sabe perfectamente mostrar el estado de nervios de alguien que piensa que ha caído en la locura con solo la expresión de su rostro. Y eso, hoy en día, es de agradecer. El resto del elenco es el siguiente: Gerard Jiménez, Elisa Martí y Miryam González.
En cuanto al trabajo técnico, la escenografía muestra una casa decimonónica tipo en un resultado sutil al igual que el trabajo de luces y vestuario. Correctos sin más, realizado por Neus Matarredona.
Luz de gas es una apuesta por un teatro bien hecho que reflexiona y hace reflexionar al que lo ve con un giro inesperado en más de un momento. ¿Qué más se puede pedir?
En la tensa Europa de entreguerras, el matrimonio Manningham se mudó hace poco más de un mes a una preciosa casa londinense. A determinadas horas de la noche y ante la ausencia de su marido, la señora Manningham advierte que las luces de su casa parecen cambiar, al tiempo que unos extraños ruidos la atormentan. Una inspectora de policía intenta desentrañar un oscuro secreto mientras ella pierde poco a poco la cabeza, presa de sus delirios… ¿O no?
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