Quizá alguien se haga esta pregunta este 11 de febrero, Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Pero la realidad es que, a lo largo de la historia, jóvenes, adolescentes e incluso, niños y niñas, se han abierto un hueco en la ciencia por derecho propio. Su juventud ha supuesto un plus de audacia y afán por buscar nuevas soluciones a problemas desde un taller, un laboratorio o la escuela. Estos son sólo unos ejemplos de que este día Internacional no sólo es necesario para asegurar que las niñas y mujeres tengan oportunidades en la ciencia, sino también, para honrar el legado de quienes no consideraron su edad un obstáculo para avanzar.

  • Maria Agnesi. Científica, matemática, lingüista y profesora universitaria, entre otras ocupaciones. Vivió en Italia el siglo XVIII y fue una especie de “Mozart” de la ciencia, pues como el compositor austríaco, fue considerada una “niña prodigio” (hoy se diría “con altas capacidades”). A los 9 años escribió su primer ensayo y también dio su primer discurso ante un público erudito, en defensa de la educación científica de las mujeres. Como una “Ted talk”, pero en latín.
  • Alice Ball. Esta química nació en los últimos años del siglo XIX. Afroamericana, residente en la remota Hawaii, fallecida a los 24 años y olvidado su legado durante casi un siglo por la Universidad en la que investigó, en principio no tenía muchas papeletas para aparecer en listados de jóvenes científicas. Sin embargo, fue ella quien desarrolló, iniciando sus estudios en su adolescencia, el único tratamiento para la lepra que existió hasta la década de 1940. Hoy, la Universidad de Hawaii incluso celebra el Día de Alice Ball.
  • Mallorie Kievman. Las niñas en la ciencia no son sólo figuras del pasado. En la actualidad, hay algunas que ya destacan por su ingenio desde la escuela. Esta estudiante de secundaria de EE UU, a los 13 años, inventó unas piruletas para acabar con el hipo de repetición que los médicos no conseguían aliviarle. Ganó el primer premio infantil de la Convención de Inventores de Connecticut en 2012, tras lo cual, fundó su propia empresa para comercializar el producto.
  • Ann Makosinski. A los 15 años, en 2013, esta estudiante canadiense de origen filipino y polaco inventó una linterna que funciona gracias al calor del cuerpo. El objetivo era ayudar a una amiga en Filipinas que no tenía electricidad en casa y no podía estudiar por la noche. La revista Forbes la destacó por este hallazgo como una de las inventoras más jóvenes del mundo.
  • Louis Braille. No fue una niña, sino un niño, pero se cuela en esta lista porque, si son importantes los referentes para las futuras generaciones de investigadoras, también lo siguen siendo para los chicos. Y, de manera especial, para las personas con discapacidad. Este joven francés inventó el alfabeto más conocido para la lectura táctil de las personas ciegas en el siglo XIX, a la edad de 15 años, tras haber perdido la vista por un accidente a los tres años. Después, desarrolló una brillante carrera como músico y pedagogo.

En BERBĒS, como agencia especializada en salud y ciencia, nos sumamos al Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia y animamos a las generaciones más jóvenes a asombrar al mundo con sus descubrimientos.