Ansiedad, vacío y baja autoestima: el precio del uso adictivo de redes sociales en adolescentes - Vithas

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  • La psicóloga Lorena García Ruz, del centro médico Vithas El Ejido, advierte de un aumento en consulta de casos de adolescentes que presentan ansiedad, síntomas depresivos y problemas de autoestima vinculados a una relación poco saludable con el móvil.
  • “El problema no es el tiempo que los adolescentes pasan frente al móvil, sino la relación emocional que establecen con él”, así lo afirma la especialista.

El uso de las redes sociales forma parte del día a día de los adolescentes, pero puede convertirse en un problema cuando deja de ser una elección y pasa a ser una necesidad. Así lo advierte Lorena García Ruz, psicóloga del centro médico Vithas El Ejido, quien señala que en consulta es cada vez más frecuente atender a jóvenes con malestar emocional relacionado con el uso adictivo del móvil.

“No hablamos de adicción solo por el tiempo que pasan con el teléfono, sino por la relación que establecen con él. El problema aparece cuando el adolescente siente que no puede parar, aunque quiera o aunque ese uso ya le esté generando dificultades”, explica la psicóloga.

Entre las señales de alarma más habituales, la especialista destaca los cambios bruscos de humor cuando no tienen acceso al móvil, la irritabilidad, la ansiedad o el enfado desproporcionado. También es frecuente la dificultad para desconectar incluso cuando están cansados, el abandono de actividades que antes disfrutaban, problemas de sueño, bajadas en el rendimiento académico o una mayor desconexión familiar.

“Una señal especialmente importante es cuando el móvil se convierte en el principal regulador emocional”, subraya García Ruz. “Lo usan para calmarse, para no sentir, para no aburrirse o para no estar solos. En ese punto ya no hablamos solo de tecnología, sino de cómo se están gestionando emocionalmente”.

Ansiedad, autoestima frágil y dificultad para tolerar la frustración

En la práctica clínica, Lorena García Ruz observa principalmente ansiedad, síntomas depresivos y una autoestima muy vulnerable. Muchos adolescentes llegan a consulta con una sensación constante de inquietud, de no estar a la altura o de no encajar, además de una gran dificultad para tolerar la frustración, el aburrimiento o la espera.

“El uso adictivo de las redes funciona a través de refuerzos muy rápidos e intensos, como los likes, los mensajes o las notificaciones. Esto genera pequeños picos de bienestar que duran muy poco y después aparece el vacío”, explica.

Este patrón hace que los adolescentes necesiten cada vez más estímulos externos para sentirse bien y les cueste estar consigo mismos, en silencio o sin distracciones. “Se pierde la capacidad de sostener emociones incómodas y de escucharse por dentro”, añade.

Las redes sociales influyen de forma significativa en la autoestima durante la adolescencia, una etapa clave en la construcción de la identidad. “Los adolescentes se comparan constantemente con modelos irreales que están compuestos por cuerpos retocados, vidas aparentemente perfectas o personas que siempre parecen felices y exitosas”, explica la psicóloga de Vithas El Ejido.

Esto genera confusión, sensación de insuficiencia y una autoestima muy inestable, basada en la aprobación externa. “Cuando el valor personal depende de los likes o de la visibilidad, cualquier falta de respuesta se vive como un fracaso y aparecen la tristeza, el vacío o la sensación de no valer”.

Acompañar, no prohibir

Desde Vithas El Ejido, Lorena García Ruz insiste en que la prohibición no suele ser una solución eficaz. “La clave está en acompañar, poner límites con sentido y generar vínculo. Los adolescentes necesitan adultos que les ayuden a pensar, no solo normas”.

Revisar el propio uso del móvil por parte de los adultos, establecer horarios o espacios sin pantallas y ofrecer alternativas fuera del entorno digital son algunas de las recomendaciones. “Pero, sobre todo, es fundamental hablar con ellos, preguntar qué ven y qué sienten cuando usan redes, sin juicio ni moralizar. Cuando hay vínculo, los límites se viven como cuidado, no como castigo”.

La psicóloga recomienda acudir a un profesional cuando el malestar se mantiene en el tiempo, cuando hay cambios claros en el carácter o cuando el móvil se ha convertido en la principal forma de gestionar las emociones. También cuando las familias sienten que ya no saben cómo ayudar. “La intervención temprana es clave porque permite poner palabras a lo que está pasando, enseñar estrategias de regulación emocional y fortalecer la autoestima antes de que el problema se cronifique”, concluye.

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Maria Saez