Europa necesita recuperar el liderazgo tecnológico e industrial que ha perdido. Porque nos va en ello nuestro futuro y el de las nuevas generaciones de europeos.
Frente a la presión de China y Estados Unidos, la idea es simple: el dinero público europeo debe reforzar producción, empleo y capacidades dentro de Europa.
Industrias básicas como la siderurgia son esenciales para la transición energética y la soberanía tecnológica. Promover la compra europea ayudará a garantizar una competencia justa que permita la inversión y un futuro prometedor para nuestro continente.
Hace unos días, el vicepresidente Stéphane Séjourné publicó la tribuna “Call for a European Preference”. Replicada por numerosos medios de renombre a lo largo y ancho de la Unión Europea, hacía un llamamiento para que Europa potencie el consumo de los productos fabricados en la UE, con pragmatismo y ambición.
El objetivo es claro: reforzar la competitividad de nuestra industria frente a la presión internacional. ¿Y cómo propone hacerlo? Mediante una sencilla premisa: cuando se utilice dinero público europeo, debe contribuir a producción en Europa y a empleo de calidad.
Cientos de empresas en toda Europa han suscrito esta declaración. La industria siderúrgica europea es eficiente, circular y, comparada con la del resto del mundo, líder en descarbonización. Desde UNESID, la industria siderúrgica española, apoyamos sin matices este principio. Es imprescindible si queremos una Europa con futuro.
La realidad no admite complacencia. 2025 lo dejó claro: los aranceles de Estados Unidos evidenciaron hasta qué punto decisiones externas pueden desestabilizar nuestros mercados y poner en riesgo cadenas de valor enteras. Europa necesita un escudo comercial sólido, moderno y rápido. Proteger no es cerrar fronteras; es garantizar condiciones de competencia justas para poder invertir, innovar y descarbonizar en Europa.
Como afirma Séjourné en su tribuna: “La competencia internacional nunca ha sido tan desleal”. La entrada masiva de acero subvencionado o de origen opaco hunde precios, expulsa inversión y amenaza directamente el empleo industrial. Tolerarlo no es apertura comercial: es renuncia industrial. Europa no puede permitirse perder su siderurgia. Sería un error estratégico de consecuencias irreversibles.
De ahí la urgencia de instrumentos comerciales eficaces, reglas de trazabilidad claras y medidas proporcionadas que protejan a todas las cadenas de valor expuestas a esta competencia desleal. Como advertía Séjourné, los riesgos son inmediatos: degradar nuestros conocimientos técnicos, reducir el peso industrial de Europa y convertirnos en una simple plataforma de ensamblaje para potencias externas.
Pero la competitividad industrial no se decide solo en las aduanas. Se decide, sobre todo, en cómo Europa utiliza su propio presupuesto. La “preferencia europea” es clave. Si financiamos infraestructuras, redes energéticas, vivienda, movilidad o proyectos estratégicos, esa inversión pública debe favorecer de forma clara y verificable la producción made in Europe. No hacerlo es regalar mercado, empleo e inversión fuera de Europa, mientras financiamos nuestra propia dependencia.
Este debate ya no puede posponerse. Es el momento del “Hecho en Europa”. De verdad. Con el compromiso de todas las administraciones. Desde UNESID lo decimos con claridad: competencia sí; dumping, no. Defensa comercial eficaz, compras públicas alineadas con producción europea y un marco estable que permita invertir y producir aquí.
Porque una industria europea competitiva, descarbonizada y líder tecnológico aún es posible. Pero el tiempo se acaba. Europa y las nuevas generaciones no pueden esperar.
Puedes leer la tribuna completa del EPV Stéphane Séjourné aquí.