Esta noche de 1955 camina lento por El Vedado, en esa Habana que aprendió a amar desde su primera visita en 1933 en compañía de Ana María Fernández y el “Flaco de Oro” Agustín Lara, en lo que resultó ser su primera gira al exterior. Repetiría visitas en otros años: 1937, 1942,1948, 1950,1955 y 1958. Le encantó tanto la ciudad y el país que dos años más tarde se comprará un apartamento en el piso 19 del Edificio Someillán, en la intersección de las calles Línea y O.
Se llama Pedro Vargas, y lo conocerá el mundo como “El Tenor de las Américas” y “El Samurái de la Canción” por su sobriedad en la interpretación de los boleros. Hoy sí respira, y respira emocionado, aspirando el aire del cercano mar, porque se dirige al Hotel Presidente, en la calle G, donde recibirá un homenaje, por el aniversario 25 de su vida artística.
A su paso, en el viento se escucha su voz pausada, casi susurrando, un tema del maestro Adolfo Guzmán, que dice:
No quiero verte más / me voy muy lejos / olvida, será mejor así. //
Yo sé que tú también lo has deseado / no hay solución / digámonos adiós.
La vida tiene cosas caprichosas / que nunca se podrán profetizar, /
mis ojos se cansaron de mirarte, / me alejo sin rencor…
Tu corazón sin latido / vendrá a buscar mi calor.
Tus labios mustios y fríos / preguntarán donde estoy.
Se titula Profecía, y ya es un clásico en su repertorio. En todos los textos sobre su vida y su relación con la música cubana lo dicen. No es un secreto: “Es el cantante mexicano que más canciones cubanas grabó, hasta un LP completo de canciones de Miguel Matamoros. Sin contar las tantas otras desde Julio Brito, Alfredo Brito, Bobby Collazo, Sergio de Karlo, Osvaldo Farrés, Rene Touzet y Luis Marquetti”. Será precisamente Marquetti quien no estará en aquel hotel, porque nadie le avisó.
El compositor de Alquízar dejará en la prensa su testimonio: “Al conocer el porqué de mi ausencia, el cantor mexicano dijo: Marquetti no puede faltar en este encuentro de autores cubanos”. Eso dice mucho de la bondad y la honradez de Pedro Vargas, a quien la fama no se le subirá jamás a la cabeza. También dijo Marquetti: “Y él mismo mandó a buscarme. Fue así como esa noche pude departir con él y otros músicos en el hotel Presidente, del Vedado. Pedro siempre me consideró mucho, y por supuesto, admiraba y cantaba mis canciones”. Tal vez por eso, ahora que se acerca a su homenaje, canta:
Por qué tu eres así / si el alma entera te di, /
si te burlaste tranquilamente / de mi pasión. //
Si triunfa el bien sobre el mal / si la razón se impone al fin, /
sé que sufrirás / como tu hiciste sufrir mi corazón. //
Es una deuda que tienes que pagar / como se pagan las deudas del amor.
1955 será para el “Tenor de las Américas” un año repleto de emociones. En Cuba lo acaban de condecorar con la Orden Carlos Manuel de Céspedes, quizás el más alto galardón cubano de la época.
Había nacido el 29 de abril de 1906, en San Miguel Allende, Guanajuato. Sus padres, una pareja de humildes campesinos. Era el segundo de doce hermanos, así que había que tener buena voz para hacerse notar. Quiso ser torero, cantar óperas y ser médico. De hecho, abandonó la carrera de medicina en segundo año para dedicarse a la música. Prefirió salvar a millones de personas con su voz. Una voz profunda y serena que dice:
Mira que eres linda, / qué preciosa eres, / verdad que en mi vida /
no he visto muñeca / más linda que tú; /
con esos ojazos / que parecen soles, / con esa mirada /
siempre enamorada / con que miras tú.
Ya casi llega al hotel de nombre tan presidencial, que se había construido entre 1925 y 1927, en Calzada y G, inaugurado el 28 de diciembre de 1928 por Gerardo Machado con una llave de oro. Era en aquel momento, con sus diez pisos, la construcción más alta de la ciudad, y ahora es de los edificios más elegantes de la zona, aunque ya no de los más modernos. Aún así, Pedro Vargas sabe que en el Bar Restaurante hay aire acondicionado, igual que las habitaciones. Sabe también que la vajilla del hotel es única, especialmente fabricada para el Presidente en Europa.
Cuando va a subir las escaleras de la entrada, que salvan al inmueble de las frecuentes penetraciones del mar en la zona, Pedro canta un tema que va a incluir dentro de un año, en 1956, en el disco en el que cantará con su estilo algunos temas del gran Miguel Matamoros, donde aparecerán los dos dibujados en la portada con elegantes guayaberas y lazos, azul el del mexicano y rojo el del cubano. Pedro mira en derredor y canta un juramento que ha de hacer suyo:
Si el amor hace sentir hondos dolores / y condena a vivir entre miserias /
yo te diera, mi bien, por tus amores /
hasta la sangre que hierve en mis arterias. //
Es surtidor de místicos pesares /
que hace al hombre arrastrar largas cadenas /
yo te juro arrastrarlas por los mares / infinitos y negros de mis penas, /
infinitos y negros de mis penas.
Seguramente, al final de esta merecida celebración por sus 25 años de vida artística, tras los brindis, Pedro Vargas se pondrá de pie, y dirá con humildad su frase: “Muy agradecido, muy agradecido y muy agradecido”, con la que siempre terminaba sus presentaciones.
Allí habrá encontrado a algunos de los autores cubanos de los que grabó composiciones. Uno de sus discos más vendidos, fue grabado en La Habana entre 1957 y 1958. Y hasta dejó un par de temas hechos en Vanezuela con el acompañamiento de la Orquesta Riverside. Pero hay algo que le acompañará más allá de la eternidad, los dos temas que cantó a dúo con “el Bárbaro del Ritmo”, Benny Moré, ídolo del pueblo cubano, en el estudio dos de CMQ, en el año1951. Ahora recuerda que el Benny no sabía leer música, y que le dijo con absoluta tranquilidad que arrancara a cantar, que él lo seguía.
Así quedó en el cielo de La Habana aquel bolero de Pedro Flores, que dice:
Perdón, vida de mi vida, / perdón, si es que te he faltado, /
perdón, cariñito amado / ángel adorado, dame tu perdón. //
Jamás habrá quien separe / amor de tu amor y el mío, /
porque si adorarte ansío / es el que amor mío, pide tu perdón. //
Si tú sabes que te quiero / con todo el corazón, /
con todo el corazón / con todo el corazón. //
Que tú eres la esperanza / de mi única ilusión / de mi única ilusión, /
de mi única ilusión. // Ven calma la dicha que se alcanza /
con un poco de amor / que es todo lo que ansía /
que es todo lo que ansía /mi pobre corazón.
El 30 de octubre de 1989, la voz del mexicano Pedro Vargas, “el Tenor de las Américas” se apagó a los 83 años de edad mientras dormía.
Frank Sinatra había dicho de él. “No respira cuando canta”.
Y cuando respiraba en La Habana, el aire se llenaba de dulzura y música. No respiraba al cantar, pero sentía y hacía sentir. Estremecía.
Seguramente, al final de esta merecida celebración por sus 25 años de vida artística, tras los brindis, Pedro Vargas se pondrá de pie, y dirá con humildad su frase: “Muy agradecido, muy agradecido y muy agradecido”, con la que siempre terminaba sus presentaciones.
Playlist
1. Pedro Vargas y Orquesta Riverside - Perfidia (Alberto Domínguez)
00:00:12
2. Pedro Vargas - Profecía (Adolfo Guzmán)
00:03:28
3. Pedro Vargas - Toda una vida (Osvaldo Farrés)
00:05:41
4. Pedro Vargas y Benny Moré - Perdón (Pedro Flores)
00:08:22
5. Pedro Vargas - Acércate más (Osvaldo Farrés)
00:11:37
6. Pedro Vargas y Orquesta de Julio Gutiérrez - Mira que eres linda (Julio Brito)
00:14:59
7. Pedro Vargas y Orquesta de Mario Ruiz Armengol - Quizás, quizás, quizás (Osvaldo Farrés)
00:18:15
8. Pedro Vargas - Plazos traicioneros (Luis Marquetti)
00:21:40
9. Pedro Vargas - Juramento (Miguel Matamoros)
00:24:52
10. Pedro Vargas - Un poquito de tu amor (Julio Gutiérrez)
00:27:57
11. Pedro Vargas - Deuda (Luis Marquetti)
00:30:46
12. Pedro Vargas - Lágrimas negras (Miguel Matamoros)
00:33:20