Con su álbum debut Rezo al agua, publicado en vinilo por el sello Lovemonk, Marina y su Melao se consolidó como una de las referencias clave en España de la música de raíz puertorriqueña. El disco, anclado en la tradición de la bomba y la plena, ha contribuido a acercar estos ritmos a nuevas audiencias. Su líder, la cantante y percusionista María Molina nos abre las puertas a su universo sonoro y comparte una selección muy personal de sus diez discos de bomba y plena favoritos, una guía esencial para entender las influencias y el espíritu que atraviesan su música.
1. José Mangual – Buyú
(Turnstyle Records, T433. Estados Unidos, 1977)
Nacido en Juan Díaz, la llamada “Ciudad de los Reyes y los Poetas” de Puerto Rico, José Luis Mangual —padre de José Mangual Jr. y Luis Mangual— es una figura cardinal de la percusión afrocaribeña en Nueva York. Desde los años cuarenta grabó y tocó junto a algunos de los grandes nombres del jazz estadounidense: Stan Kenton, Artie Shaw, Count Basie, Woody Herman, Joe Holiday, Charlie Parker, Dizzy Gillespie o Miles Davis, entre muchos otros. En 1977 publicó Buyú, el disco que lleva su apodo cariñoso, una obra donde confluyen jazz, funk y ritmos afrocaribeños con naturalidad y maestría. El álbum se cierra con una sublime Bomba a Puerto Rico compuesta por su gran amigo y colaborador Tito Puente.
2. Cortijo & His Time Machine – Cortijo y su Máquina del Tiempo
(Coco Records, CLP 108. Estados Unidos, 1974)
Publicado en 1974, este álbum es hoy considerado un disco clásico, aunque en su momento desconcertó por lo avanzado de su propuesta. Surgido tras la disolución de Cortijo y su Bonche, el proyecto nació del encuentro entre Cortijo y el pianista y arreglista Pepe Castillo, quienes, junto a jóvenes músicos, desarrollaron una música radicalmente puertorriqueña que fusionaba bomba, plena, guaracha y aguinaldos jíbaros con improvisación jazzística, elementos eléctricos y toques brasileños. Producido por Harvey Averne, el álbum se gestó entre Puerto Rico y Nueva York y fue recibido con críticas divididas y un claro desencaje comercial al dirigirse al mercado salsero. Sin embargo, en los años 90 el disco fue redescubierto y reeditado para un público internacional, convirtiéndose en pieza de culto y confirmando la intuición de que estaba décadas adelantado a su tiempo. Escuchad la plena Carnaval y la bomba De coco y anís.
3. Tito Puente y La Lupe – Tito Puente Swings - The Exciting Lupe Sings
(Tico, TRLP-1121. Estados Unidos, 1965)
“¡Si no conoces este disco, búscalo ahora mismo!” Marcó el encuentro decisivo entre Tito Puente y La Lupe, una colaboración “borincubana” que nació pese a las reticencias iniciales del timbalero hacia el estilo explosivo de la cantante, y que terminó convirtiéndose en un éxito arrollador. El disco, grabado en plena era de las big bands y en vísperas del auge de la salsa, destaca por su diversidad de estilos —guaracha, son montuno, bolero, joropo, rumba, bossa nova, canto yoruba… y bomba. Bomba na’ ma’, compuesta por otro grande de Puerto Rico, Rafael “Chivirico” Dávila, es uno de sus momentos memorables.
4. Cortijo y su Nuevo Combo – Champions
(Coco Records, CLP 117. Estados Unidos, 1975)
Cortijo es Puerto Rico. Este álbum no es tan rupturista como Time Machine, ni tan fundacional como sus grabaciones con Ismael Rivera, pero sí es una prueba de resistencia artística: Cortijo adaptándose a la era salsera sin diluir su identidad. El grupo suena compacto y moderno, con arreglos directos y un enfoque claramente orientado a la pista de baile. Aún así, los números festivos se alternan con otros más cercanos a la tradición afroboricua, manteniendo ese pulso rítmico inconfundible que siempre definió sus proyectos. Escuchad, obviamente, la bomba Birimbombeo.
5. Los Pleneros de la 23 Abajo – Los Pleneros de la 23 Abajo
(Expresión, EXP 001. Puerto Rico, 1982)
El único álbum en vinilo de este grupo y una grabación en vivo imprescindible: un grito necesario, a la vez tradicional y político. Las notas de contraportada lo dicen todo: la plena y la bomba como traducción de los aromas del mangle, de las casuchitas y callejones del arrabal de la 23 Abajo, del caño y la colectora; música nacida del corazón de la pobreza y la injusticia social, testimonio del sentir de un pueblo. Herencia africana asumida por el jíbaro y transformada en folclor, cultura viva que sostiene a una nación. Poco más que añadir.
6. Los Pleneros de la 21 – Puerto Rico, Puerto Rico (Mi tierra natal)
(Shanachie Records, 65001. Estados Unidos, 1996)
Otro disco esencial de la plena en su diáspora. La 21, como se les conoce, es una organización de músicos, bailarines y artistas nacida en Nueva York en 1983. Es considerada como embajadora de la bomba y la plena en la ciudad. Comparten este álbum con el Conjunto Melódico Tropical. Escuchar de este álbum la bomba de sabor tradicional Campo.
7. Lalo Rodríguez – El niño, el hombre, el soñador, el loco
(Discos Cultura, 001. Puerto Rico, 1985)
Obra maestra y álbum verdaderamente extraterrestre dentro de la carrera del inmenso Lalo Rodríguez. La idea surgió a partir de un sueño en el que Rafael Cortijo le pedía que realizara un proyecto centrado en la música de raíz puertorriqueña. Tras dos años de esfuerzo y perseverancia, contra viento y marea, el sueño se materializó en seis composiciones firmadas por el propio Lalo, donde la salsa, la plena y la bomba se funden en una síntesis perfecta. Después del éxito mundial del himno de salsa erótica Ven devórame otra vez, el álbum fue reeditado con otra portada y el título Plena-mente, Lalo!, incluyendo versiones a capela de El niño, el hombre, el soñador, el loco y Semilla de cultura. ¡Sin palabras!
8. Rafael Cortijo – El sueño del maestro
(Tierrazo, TLP 003. Puerto Rico, 1980)
Otro disco de Cortijo, otro sueño. El sueño del maestro es una de las joyas de su discografía. Resulta imposible pensar en Cortijo sin mencionar a Ismael Rivera. Cuando se gestó este álbum, ambos genios llevaban años separados: Rivera lideraba a Los Cachimbos y el Combo de Cortijo se había transformado en orquesta. Aun así, Cortijo quiso evocar aquella época en la que ambos construían juntos su leyenda. La bomba Elena, Elena funciona como un eco de El bombón de Elena, éxito de Ismael Rivera en los tiempos del viejo combo. En esta ocasión la canta Ismael Rivera Jr., quien debutaba aquí de manera magistral.