Autor: firmainvitadapj
18 febrero, 2026
* Pedro Fernández de Castro
La educación sexual en España es una cuestión sin resolver. El motivo principal se encuentra en la falta de estrategias consensuadas y estandarizadas a lo largo y ancho del territorio español. Esta situación dificulta que la educación sexual sea un elemento que contribuya sustantivamente al abordaje de las desigualdades de género y, en particular, a la prevención de la violencia de género.
Desde esta perspectiva, el informe de Fad Juventud Educación sexual en las familias españolas: estrategias educativas sexoafectivas para la prevención de la violencia de género (Sanmartín Ortí et al., 2025) propone un análisis de las prácticas, actitudes y percepciones de madres y padres en torno a la educación sexual de sus hijas e hijos, atendiendo tanto a su despliegue en el ámbito familiar como en los centros educativos. A continuación, recogemos los retos más relevantes identificados en lo que respecta a la educación sexual en España.
Educación sexual y violencia de género
Tanto la revisión de literatura como las personas expertas consultadas coinciden en el potencial de la educación sexual para prevenir la violencia de género, en tanto que posibilita establecer vínculos relacionales y sexuales más sanos. Esto se explica porque la educación sexual puede atender tanto al conocimiento y las habilidades relacionales, como a la perspectiva crítica de las estructuras de poder que condicionan las desigualdades y violencias de género. El informe recoge evidencias de alcance internacional que apuntan a la eficacia de la educación sexual en estos aspectos cuando ésta integra un enfoque de género, además de contribuir a temas como la prevención de las ITS y los embarazos no deseados.
El impacto identificado es, además, doble: esta prevención es una consecuencia necesaria de estos planteamientos, y, al mismo tiempo, incorpora en sus contenidos elementos que permiten identificar fenómenos como los micromachismos, la violencia sexual y el consentimiento. La relevancia de estas miradas es aún mayor si consideramos que es durante la adolescencia y la juventud cuando se establecen patrones relacionales que pueden reproducir (o no) esquemas de dominación y dependencia emocional. Sin embargo, este planteamiento apenas es uno dentro de la variedad de concepciones de la educación sexual. Cabría repasar los más destacados antes de abordar los retos a los que se enfrenta.
El qué y el cómo de la educación sexual
Para comprender la sexualidad en su conjunto es necesario atender tanto al desarrollo histórico de los marcos legales y científicos que la rodean, como a las distintas disciplinas que la han tenido como objeto de estudio (medicina, moral, política, pedagogía), además de por su lugar en los contextos socioculturales. Desde este punto de vista, resulta fundamental entender cómo se encaja en los debates y conflictos ideológicos en los que se decide qué se enseña, cómo se organiza su aprendizaje, y quiénes son las personas autorizadas para ello. De esta combinación emergen diferentes modelos educativos, en muchas ocasiones solapados y, con frecuencia, enfrentados. Así, encontramos varios marcos que comprenden un abanico que va desde la regulación y la disciplina, hasta el reconocimiento de la sexualidad como un elemento básico de desarrollo humano estrechamente vinculado a su capacidad de emancipación individual y colectiva.
En uno de los extremos del espectro se ubica el modelo moralista, caracterizado por su impulso desde instituciones religiosas y sectores conservadores, y por valores relativos a la abstinencia, la heteronormatividad y el matrimonio. Desde una perspectiva más pragmática se sitúa el modelo biomédico y de prevención de riesgos, centrado en cuestiones fisiológicas como las ITS y los embarazos no deseados. Sin embargo, este modelo queda restringido a evitar situaciones perjudiciales, lo que contrasta con modelos como el revolucionario, que pone el foco en el activismo por la liberación sexual y la crítica a la represión social. Por su parte, el modelo biográfico y profesional opta por entender la educación sexual en el contexto de cada persona, entendiendo la sexualidad como una experiencia vital y un derecho adquirido, es decir, aportando una mirada positiva.
Yendo más allá de este enfoque, el modelo coeducativo e inclusivo fomenta la integración de la educación sexual en el ámbito escolar desde una mirada democrática y de derechos humanos orientada hacia el cuestionamiento de las desigualdades estructurales de género y la construcción de relaciones sexoafectivas igualitarias. En este recorrido, resulta imprescindible reconocer los aportes de los enfoques feministas que han permitido avanzar desde el control de la sexualidad hasta miradas amplias que no solo atienden al sexo como tal, sino a todo lo que comprende las jerarquías de género y las relaciones de subordinación.
Esta trayectoria se ha visto reflejada en los marcos desarrollados por organismos internacionales como la UNESCO y la OMS, que se concretan en la noción de Educación Sexual Integral como un enfoque holístico que incluye dimensiones biológicas, psíquicas y sociales, aboga por informar siguiendo evidencias científicas y entiende la sexualidad como un derecho. Sin embargo, en la práctica, el modelo preventivo y basado en riesgos, heredado del enfoque de los años 90, sigue vigente como uno de los principales enfoques pedagógicos en España.
Por tanto, el primer reto que debemos señalar es hacer realidad la educación sexual como un derecho universal y obligatorio, para lo cual hay que contar con marcos institucionales y normativos que garanticen su implementación real.
La situación actual de la educación sexual en España
Si bien en las últimas décadas la educación sexual ya viene estando presente en los desarrollos normativos del ámbito educativo, precisamente la subordinación a las políticas educativas y la descentralización de competencias en las CC.AA. han dado lugar a una gran variedad de implementaciones. Esto supone un hándicap para su integración curricular adaptada a las demandas y realidades sociales fundamentada en el equilibrio territorial y una política educativa sólida. Además, sigue habiendo una brecha considerable entre el cuerpo normativo y la práctica. Las expertas consultadas explican esta circunstancia por la falta de voluntad política, especialmente condicionada por la deriva ideológica de ultraderecha.
El resultado de este conjunto de factores es que la educación sexual no está incorporada de forma obligatoria en el itinerario formativo. El carácter voluntario de su implementación solo hace añadir más presión al profesorado, el cual ya cuenta con barreras como la escasa formación, la falta de apoyo institucional, la falta de tiempo y herramientas para la evaluación, además de las resistencias ideológicas del propio profesorado, las reticencias por parte de las familias e, incluso, desde algunos sectores de la juventud. Si a esto se le suma la disparidad de enfoques y modelos expuestos previamente, encontramos que la situación de la educación sexual en España se caracteriza por una cobertura desequilibrada, tanto en términos de territorio como en niveles educativos, y de baja intensidad, lo que aún queda lejos del acceso universal que exige concebirla como un derecho.
En este sentido, el segundo reto identificado es afianzar el papel de los centros educativos en el contexto actual, considerando cómo estos se posicionan y accionan. Los centros educativos se sitúan como un elemento central para articular los distintos aspectos de la educación sexual, y como agentes capaces de mediar entre el resto de actores implicados (jóvenes, familias, instituciones). Desde esta perspectiva, la resolución de este reto es fundamental para encarar los otros dos retos restantes: lograr la implicación y el apoyo de las familias; y educar a la juventud para intervenir en el actual contexto de digitalización y las tendencias crecientes en los últimos años en torno a corrientes antifeministas.
Las familias y la educación sexual
Si los centros educativos tienen un papel clave, lo mismo se puede decir de las familias, en tanto que espacio de socialización primaria dónde se constituyen las estructuras simbólicas de interacción humana, también en cuanto al género. Si en el ámbito familiar priman las dinámicas reflexivas y deconstructivas en torno a la sexualidad, se allana el camino para construir relaciones recíprocas y conscientes de las desigualdades y violencias de género. La familia es un agente educativo fundamental, especialmente en lo que concierne a la formación de valores, creencias y actitudes, la construcción de la autoestima, la educación permanente y la conformación de referentes en los modelos de masculinidad y feminidad.
Sin embargo, la existencia de tabúes, la brecha generacional, el desconocimiento y el miedo suponen barreras que hacen externalizar la responsabilidad educativa. Esto implica comprender el contexto sociocultural y socioeconómico particular, y diferenciar entre situaciones ideales y situaciones reales dentro de cada familia. El informe identifica cinco situaciones familiares que conviene destacar. En primer lugar, familias desconfiadas y perdidas, afectadas por el desconocimiento y la desconfianza. La segunda se refiere a familias resistentes por barreras de carácter ideológico. Otro grupo de familias son las que se caracterizan por la diversidad, ya sea en términos socioculturales o religiosos, con las barreras que implican estas cuestiones culturales o de creencias. En cuarto lugar, también hay familias del ámbito rural o pequeños municipios con barreras de acceso a recursos. Y, por último, familias concienciadas y promotoras que, aunque también acusen límites por desconocimiento y tiempo, están abiertas y suponen un elemento facilitador.
De esta forma, el tercer reto consiste en implicar y apoyar a todas las familias en su diversidad y particularidad para garantizar el derecho a la educación sexual.
Digitalización, antifeminismo y educación sexual
Un marco conceptual y pedagógico de educación sexual verdaderamente útil debe considerar el contexto social actual en el que se desarrolla la juventud. Esto implica atender a dos elementos clave: la digitalización, transversal a todos los ámbitos de socialización juvenil; y la agenda y discursos antifeministas que han emergido y se están expandiendo en los últimos años, en parte debido al diseño de las plataformas digitales que favorecen la polarización y el extremismo.
La exposición temprana al actual ecosistema digital conlleva múltiples impactos: en el malestar emocional, el desarrollo cognitivo, los modelos de feminidad y masculinidad, los cánones de belleza, la relación con el cuerpo y la autoestima, el establecimiento de relaciones e identidades, y las prácticas sexuales abusivas. Por lo que respecta a la sexualidad explícita, el consumo de pornografía se sitúa como un agente educativo de primer orden capaz de desplazar o sustituir a los centros educativos y a las familias, potenciado por el acceso fácil y normalizado.
Sobre cómo abordar esta problemática, existen diferentes posiciones, habituales en lo que se refiere a abordar la cuestión digital en cualquier área. Por una parte, la crítica a la insuficiencia de la educación sexual para afrontar los cambios sociales aparejados a la evolución tecnológica y las necesidades de la población juvenil. Por otra, la defensa de las bases de la educación sexual en tanto que responden a aspectos fundamentales de la vida humana como el vínculo, el afecto o el placer. Y, desde una perspectiva intermedia, el reconocimiento de que la educación sexual contiene herramientas fundamentales para la vida, pero asumiendo que es imprescindible ampliar y adaptar las estrategias educativas al contexto actual.
En relación a la creciente presencia del antifeminismo y su calado en la juventud, es preciso aplicar enfoques pedagógicos que intervengan en la persistencia de las concepciones patriarcales que configuran los vínculos sexoafectivos juveniles. Esto debería resultar en el desmantelamiento de las dinámicas de posesión, así como de las narrativas negacionistas o que minimizan la violencia de género. A este respecto, es clave apuntar el papel del fenómeno global conocido como “manosfera”, un conjunto de espacios digitales formado por comunidades en torno a discursos misóginos y por influencers que rechazan la igualdad de género.
Este entorno se retroalimenta y contribuye al desconocimiento del enfoque de género y del feminismo en la población general, promovido por la presión ejercida por grupos y discursos de ultraderecha amparados en la supuesta guerra cultural. El cuarto y último reto tiene que ver, entonces, con educar a las y los jóvenes en el contexto de digitalización y extensión del antifeminismo. Para garantizar el acceso a la educación sexual como un derecho, es necesario implicar a la propia población joven generando interés, dando referentes y alternativas válidas.
En conclusión…
El derecho a la educación sexual en España es una asignatura pendiente y su acceso universal está lastrado por la fuerte inequidad territorial y las brechas de implementación y cobertura. La falta de compromiso político-institucional es un elemento clave, y tiene que ver con el peso de factores ideológicos. Sin embargo, es de reconocer que los avances científicos, normativos y éticos, especialmente gracias a las contribuciones del feminismo han constituido un modelo amplio e integral de educación sexual, crítico y con voluntad de transformación social. En este marco, la prevención de la violencia de género es un elemento inseparable y transversal de la educación sexual. No solo se trata de una cuestión curricular, sino de una herramienta clave frente a las desigualdades de género y la misoginia. Pero, para avanzar en la dirección de universalizar el derecho a la educación sexual en España, es necesario aterrizar este enfoque, al tiempo que se busca la implicación de los centros educativos, las familias y a la propia juventud.
Para profundizar
Sanmartín Ortí, A., Gómez Miguel, A., Kuric Kardelis, S., Granero Chignoli, G. (Consultoría I4D!), Rubio Castillo, A. (Consultoría I4D!), y Calderón Gómez, D. (2025). Educación sexual en las familias españolas: estrategias educativas sexoafectivas para la prevención de la violencia de género. Madrid. Centro Reina Sofía de Fad Juventud. https://doi.org/10.5281/zenodo.17779763
Lecturas relacionadas
Calderón Gómez, D., Puente Bienvenido, H. y García Mingo, E. (2024). Generación expuesta: jóvenes frente a la violencia sexual digital. Centro Reina Sofía de Fad Juventud. https://doi.org/10.5281/zenodo.14169647
García-Mingo, E. & Díaz Fernández, S. (2022). Jóvenes en la Manosfera. Influencia de la misoginia digital en la percepción que tienen los hombres jóvenes de la violencia sexual. Madrid: Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, Fundación Fad Juventud. DOI: 10.5281/zenodo.7221159
Kuric, S.; Gómez, A.; Sanmartín, A. y Consultoría i4d!. (2024). Juventud y sexo en la era digital: sexting y pornografía. Madrid: Centro Reina Sofía de Fad Juventud. https://doi.org/10.5281/zenodo.13642144
*Pedro Fernández de Castro es investigador en el Centro Reina Sofía de Fad Juventud. Sus principales líneas de investigación tienen que ver con la ciudadanía, la alfabetización y la inclusión digitales desde la educación social y el trabajo con la juventud. Miembro del colectivo de experimentación en comunicación y cultura digital Club Manhattan.