¿Cómo avanzamos en la financiación de las comunidades energéticas?

Se han consolidado como una de las herramientas más eficaces para democratizar el sistema energético, fomentar las energías renovables y generar beneficios económicos y sociales, especialmente en el ámbito local y el entorno rural.

Tenemos claro que son claves para la transformación energética, aunque seguimos teniendo presente uno de los principales retos: ¿cómo financiamos este cambio?

En Sapiens Energia acompañamos a comunidades energéticas en todas sus fases. Sabemos que el aspecto económico y la viabilidad generan muchas dudas, y que contar con un modelo financiero sólido y bien estructurado es esencial para garantizar su viabilidad a corto, medio y largo plazo. Por eso vuelve a ser uno de los temas centrales del II Encuentro por la energía colectiva y comunitaria, el próximo 10 de marzo:

El reto financiero de las comunidades energéticas

Una comunidad energética requiere inversiones iniciales relevantes, especialmente en infraestructuras como instalaciones fotovoltaicas, sistemas de monitorización, almacenamiento o redes de distribución internas. A ello se suman los costes asociados a la constitución jurídica, la asistencia técnica, la gestión y la animación a la participación ciudadana.

A diferencia de otros modelos energéticos, las comunidades energéticas no buscan maximizar beneficios económicos, sino generar valor social, ambiental y económico en el territorio. Esto condiciona la forma en la que se plantea la financiación y exige modelos coherentes con sus principios de participación abierta y gobernanza democrática, manteniendo un precio justo y accesible.

Principales fuentes de financiación

En la práctica, la financiación de las comunidades energéticas suele basarse en la combinación de varias fuentes, lo que permite reducir riesgos y mejorar la estabilidad del proyecto.

  • Financiación pública: impulso importante pero no suficiente
    • Las ayudas y subvenciones públicas son, actualmente, uno de los principales motores para el desarrollo de comunidades energéticas en España, como las convocatorias gestionadas por el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), financiadas en gran parte con fondos europeos NextGenerationEU. Estas ayudas pueden cubrir una parte significativa de la inversión inicial, tanto en instalaciones renovables como en acciones de dinamización y acompañamiento.
    • Hay que tener en cuenta que las ayudas no suelen cubrir el 100 % del proyecto y que requieren una planificación cuidadosa. Los plazos administrativos, la necesidad de adelantar inversiones y la justificación técnica y económica hacen imprescindible contar con una estrategia financiera complementaria.
  • Aportaciones de las personas socias
    • La participación económica de los miembros de la comunidad es una de las señas de identidad de estos proyectos. Las aportaciones pueden adoptar la forma de capital social, cuotas de entrada o inversiones retornables. Este modelo refuerza el sentimiento de pertenencia, mejora la aceptación social del proyecto y reduce la dependencia de financiación externa.
    • Cuando la ciudadanía participa económicamente, se fortalece el sentimiento de pertenencia, se mejora la sostenibilidad a largo plazo y permite adaptar el esfuerzo económico diseñando mecanismos inclusivos y transparentes.
  • Financiación colectiva, colaborativa y alianzas locales
    • A través de plataformas especializadas, es posible captar recursos de la ciudadanía interesada en apoyar la transición energética, incluso más allá del ámbito local.
    • Esta opción no solo aporta capital, sino que también actúa como instrumento de comunicación y sensibilización, aumentando la visibilidad del proyecto.
    • Las alianzas con entidades locales, cooperativas, pymes o administraciones públicas, pueden participar como socias o colaboradoras, aportando recursos económicos, espacios o conocimiento.
  • Financiación bancaria y ética
    • Algunas comunidades energéticas recurren a préstamos bancarios, especialmente cuando el proyecto ya cuenta con ingresos previsibles derivados del autoconsumo compartido o la venta de excedentes.
    • Las entidades de banca ética y cooperativa suelen mostrar una mayor alineación con los valores de la energía comunitaria y una mayor flexibilidad en la evaluación del impacto social y ambiental.
  • Planificación financiera: la clave del éxito
    • Más allá de identificar diversas fuentes, el verdadero factor diferencial es la planificación. Contar con un plan financiero realista, que contemple distintos escenarios, costes, ingresos y riesgos, es esencial para generar confianza y garantizar la viabilidad del proyecto.
    • En Sapiens Energia creemos que una comunidad energética bien financiada es aquella que combina recursos, reparte riesgos y pone a las personas en el centro. La financiación no es solo una cuestión económica, sino una herramienta para construir proyectos sólidos, democráticos y duraderos.

El próximo 10 de marzo abordaremos todas estas cuestiones con especialistas de cada una de estás áreas en el II Encuentro por la energía colectiva y comunitaria, ¡reserva tu plaza!