26 Feb Innovar en diagnóstico biotecnológico en España: el verdadero reto no es la ciencia
En el ecosistema biotecnológico español hablamos mucho (y con razón) de ciencia, transferencia tecnológica y escalado; Pero hay una conversación que todavía abordamos poco: en diagnóstico biotecnológico, el mayor desafío no es desarrollar la tecnología, es lograr que el sistema la incorpore.
España cuenta con talento científico de primer nivel, centros de investigación sólidos y startups capaces de desarrollar IVD (diagnóstico in vitro) innovadores en áreas como oncología, enfermedades infecciosas o medicina personalizada.
El problema no es la capacidad de innovar, es la fricción en la adopción. Porque en nuestro sistema sanitario, la innovación diagnóstica no entra solo por evidencia científica, entra por estructura; Y esa estructura se llama gobernanza clínica, evaluación económica y gestión presupuestaria.
Un hospital público no sólo pregunta si un test funciona. Pregunta:
¿Está alineado con nuestras guías clínicas?
¿Reduce la variabilidad asistencial?
¿Mejora indicadores auditables?
¿Encaja en el presupuesto anual?
¿Qué impacto tiene en los circuitos asistenciales?
¿Quién asume la responsabilidad si cambia la decisión clínica?
Si la innovación no responde a estas preguntas, se percibe como riesgo organizativo. Y los sistemas sanitarios( especialmente los públicos) están diseñados para minimizar riesgo.
Aquí es donde muchas startups biotecnológicas españolas encuentran el llamado valle invisible: tienen validación científica, tienen interés clínico, incluso pueden tener marcado CE bajo IVDR (Reglamento UE de Productos Sanitarios para Diagnóstico In Vitro) pero no logran adopción real ni escalabilidad. No porque la ciencia falle, sino porque el acceso se pensó demasiado tarde.
En diagnóstico, el acceso al mercado no es una fase final, es parte del diseño estratégico desde el inicio.
Los endpoints clínicos que se eligen, la evidencia económica que se genera, la integración en pathways asistenciales, la narrativa de valor frente a evaluadores y decisores, todo eso debería formar parte de la conversación desde el día uno.
Y aquí emerge una cuestión clave para nuestro ecosistema. Entender el funcionamiento real del sistema sanitario no es intuitivo para un equipo científico o tecnológico, requiere conocer cómo operan los comités hospitalarios, cómo se evalúan tecnologías en las comunidades autónomas, cómo se articulan los presupuestos y cómo se toman realmente las decisiones.
Contar con perfiles que hayan navegado por ese entorno, que entiendan la lógica institucional, los tiempos administrativos y las dinámicas de evaluación, puede marcar la diferencia entre una innovación prometedora y una innovación adoptada.
No se trata solo de comunicar mejor, se trata de anticipar mejor.
Como sector, quizá necesitamos empezar a integrar esta dimensión estratégica con la misma seriedad con la que abordamos la validación científica.
La biotecnología diagnóstica no solo compite por demostrar innovación, compite por demostrar que puede integrarse en un sistema sanitario complejo, descentralizado y presupuestariamente tensionado como el español.
España tiene ciencia, emprendedores y capacidad industrial creciente. El siguiente paso es madurar estratégicamente cómo pensamos el acceso y cómo lo comunicamos.
Porque en diagnóstico biotecnológico, la diferencia entre una tecnología prometedora y una tecnología adoptada no siempre está en el laboratorio. Muchas veces está en cómo entendemos, y acompañamos estratégicamente, su integración en el sistema.
Carlos Nocera
Administrador
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