El artículo de la Florence School of Regulation examina el momento decisivo que enfrenta la Unión Europea ante la revisión del EU ETS en 2026, en un contexto de descarbonización industrial desigual.
Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, las emisiones netas de gases de efecto invernadero de la Unión Europea se redujeron un 36% entre 1990 y 2023, mientras el PIB aumentó casi un 70%, lo que refleja un desacoplamiento significativo entre crecimiento económico y emisiones. Las estimaciones preliminares apuntan a una caída adicional del 2,5% en 2024, situando la reducción total en el 37% respecto a 1990. En el ámbito del EU ETS, las emisiones descendieron un 34% entre 2013 y 2023, impulsadas principalmente por el sector eléctrico, que redujo sus emisiones un 47% gracias al paso del carbón al gas, el despliegue renovable y la eliminación casi total de asignaciones gratuitas.
Sin embargo, el progreso en la industria intensiva en energía ha sido más lento y desigual. Sectores difíciles de abatir como el cemento y la cal solo redujeron sus emisiones un 13.8% entre 2013 y 2023, mientras que las refinerías registraron un descenso del 3.7%. En algunos casos, las caídas recientes se explican más por reducciones temporales de producción que por transformaciones estructurales.
El informe sobre el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión 2026 (EU ETS) subraya además una fuerte concentración de emisiones: menos del 2% de las instalaciones representan más del 40% de las emisiones totales del ETS, y los 30 mayores emisores concentran más de la mitad. También existen disparidades regionales significativas. Aunque el 56% de las regiones europeas muestran trayectorias de “crecimiento verde”, varias regiones de Europa Central y Oriental mantienen patrones de “crecimiento negro”, con alta dependencia de actividades intensivas en carbono. En estas zonas, las empresas perciben mayores barreras de inversión y más incertidumbre regulatoria; el 39% considera las normas climáticas más estrictas como un riesgo empresarial, frente al 17% que las ve como una oportunidad.
La consulta pública de la Comisión Europea en 2025 refleja un amplio respaldo al ETS: el 69% de los participantes lo considera eficaz y relevante. No obstante, se reclama mayor previsibilidad en la trayectoria futura del precio del carbono y un marco más claro post-2030. El 83% apoya la creación de un Banco de Descarbonización Industrial y el 73% ampliar el Innovation Fund.
El documento concluye que la revisión de 2026 debería reforzar la previsibilidad del sistema, ofrecer apoyo más focalizado —especialmente a grandes emisores y regiones con mayores restricciones— y establecer un marco plurianual más claro y estratégico para el uso de los ingresos del ETS, que ascendieron a 38.800 millones de euros en 2023 y acumulan 184.000 millones desde su creación.
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