Newsletter Febrero
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De la queja a la acción
Desde nuestra última newsletter hemos asistido estupefactos a la detención del presidente Maduro en Venezuela, al despliegue de soldados europeos en Groenlandia ante la amenaza de Trump, al fin del último tratado nuclear entre Rusia y Estados Unidos, a las protestas ciudadanas en Irán y al estado norteamericano de Mineápolis convertido en el epicentro de una caza de brujas contra los inmigrantes. En España, el encadenamiento de varias borrascas ha puesto en alerta a medio país, un país, por cierto, al que aún no le había dado tiempo de recuperarse del trágico accidente ferroviario en Adamuz, Córdoba.
Y, ante todo esto, muchos ciudadanos se preguntan, con impotencia, frustración y rabia, qué pueden hacer. El joven activista venezolano, Lorent Saleh, decía recientemente en un evento organizado por el diario El Mundo que teníamos que “pasar de la queja a la acción”. El ciudadano tiene que ser exigente con el poder, tiene que volverse incómodo para el poder. En España Mejor sabemos que tiene que ser así. Por eso, damos un paso más y salimos a la calle para pedir el apoyo de los ciudadanos al Código Ético del Gobierno. Para pedir responsabilidades a quienes nos gobiernan.
Y a quienes nos leéis, os pedimos también que deis un paso más y os impliquéis de lleno en España Mejor. Sin necesidad de banderas ni mensajes del pasado. Por el futuro de este país.
Feliz lectura y nos vemos en las calles.
España Mejor
ESPAÑA MEJOR SALE A LA CALLE
España Mejor ha decidido sacar los paraguas a la calle y recabar el apoyo de los ciudadanos al Código Ético del Gobierno.
El sábado 7 de febrero, España Mejor instalaremos una carpa informativa en el centro de Madrid, donde podrás acercarte a conocer la propuesta, charlar con el equipo y otros voluntarios y apoyar una iniciativa sencilla pero esencial: El Código Ético del Gobierno.
El Código es un documento de carácter autorregulador con 99 compromisos básicos dirigidos al Presidente, Vicepresidentes y Ministros, y que regula asuntos como los conflictos de interés, el uso de transporte público, la relación con los medios de comunicación y con las administraciones, y el nombramiento de asesores, entre otros.
Desde su lanzamiento, hemos viajado por más de una decena de Comunidades Autónomas dando a conocer el Código a los Gobiernos regionales y municipales, así como a empresarios, otros colectivos de la sociedad civil y a los ciudadanos.
El objetivo es que el Gobierno lo adopte y que nuestro país, al igual que muchos otros países de su entorno, cuente con un documento que ponga coto a los abusos de poder.
Para ello, necesitamos elevar el tono de la exigencia social. Y que TODOS nos impliquemos.
Si no puedes acercarte, firma el Código a través de nuestra página web.
IMPLÍCATE MÁS EN ESPAÑA MEJOR
Para que las soluciones valientes se conviertan en realidad, necesitamos la fuerza de una comunidad que no se rinde. Tu apoyo es lo que garantiza nuestra independencia y nos permite crecer para llegar cada vez más lejos.
Tras más de dos años y medio en funcionamiento, en España Mejor hemos decidido dar un paso más y abrir la organización a los suscriptores.
¿Por qué ahora?
Te necesitamos para escalar nuestro impacto. En este tiempo, hemos conseguido tejer una red de 5.000 voluntarios y de más de 600 personas que colaboran activamente en los Grupos de Trabajo.
Hemos presentado ante el Congreso propuestas de agua, empleo, fiscalidad, educación y vivienda. Y atento las próximas semanas porque estaremos hablando de pensiones.
Abordamos los temas que los políticos ignoran o no se atreven, aún a sabiendas de que son los problemas reales de los ciudadanos los que necesitan una solución.
Tu suscripción es el músculo financiero que nos ayudará a profesionalizar el activismo ciudadano.
Da el paso. Únete para construir este proyecto CONTIGO. Y sé el motor de una España Mejor. Y, por supuesto, disfruta de los privilegios que lleva consigo ser parte de una comunidad que va creciendo cada día:
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Acceso preferente a las propuestas
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Acceso a un grupo exclusivo en Discord sólo para suscriptores
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Un espacio reservado en todos los eventos
LA OPINIÓN DE NUESTROS COLABORADORES
Por Sergio López Rapado, Ingeniero de datos
Pragmatecmerismo y España Mejor: del relato a la prueba
España Mejor parte de una idea tan simple como necesaria: la política tiene que dejar de ser un intercambio de consignas y volver a ser un ejercicio de resultados. Su visión se entiende rápido: ciudadanos que participan en vez de ciudadanos desilusionados, políticas de resultados en vez de políticas vacías, acción en vez de frustración, patriotismo moderno en vez de patriotismo excluyente.
Esa orientación no se queda en lo abstracto. En este punto se me hace necesario señalar algo: España Mejor se define como una lanzadera de propuestas de políticas públicas e iniciativas sociales; participativa, abierta a todo el espectro social, con un enfoque práctico e innovador, y marcadamente europeísta e internacional. No es un partido político, ni un grupo de presión, ni un think tank al uso. Y pretende elevar el listón ético, la transparencia y la rendición de cuentas, porque sin integridad institucional el resto es decoración.
Mi ensayo Pragmatecmerismo nace de una preocupación parecida, pero formulada desde la raíz. Desde hace años me ha fascinado observar cómo nos organizamos en sociedad y cómo convertimos conceptos filosóficos en ideologías políticas. En este camino de autoaprendizaje me encontré con dos crisis simultáneas. La primera es humanista: falta de sentido vital, depresión y un aumento alarmante del suicidio, especialmente entre jóvenes. La segunda es política: crisis de legitimidad, desconfianza en los gobernantes, crispación permanente y corrupción estructural.
Ante ese panorama, propongo una ideología actual que nace como un punto de partida para dar solución a los problemas actuales: el Pragmatecmerismo. El término une pragma (acción concreta) y tekmérion (prueba). La tesis es directa: toda acción política debe estar legitimada por evidencia fáctica. No se pregunta si una política es “de izquierdas” o “de derechas”, sino si su eficacia puede demostrarse y replicarse. Y esto no es una pretensión de verdad absoluta; es exactamente lo contrario: como el conocimiento es incierto e incompleto, estamos obligados a decidir con la mejor evidencia disponible y a corregir el rumbo cuando los datos lo exijan.
Esa metodología se traduce en arquitectura institucional. Defiendo un Estado que deje de ser un gestor ineficiente y evolucione hacia un Estado auditor: supervisar, regular y exigir resultados en los servicios públicos, en lugar de administrarlo todo directamente. Propongo una libertad individual que no ignore la responsabilidad social, pero sin moralina: los derechos positivos mínimos se justifican desde el egoísmo racional, es decir, desde la evidencia de que el bienestar colectivo también es una inversión en la prosperidad y seguridad del propio individuo. Y, en el plano político, planteo una democracia meritocrática activa: participación universal, sí, pero no pasiva; con un “coste” de esfuerzo educativo y una cámara ciudadana que fiscalice de forma constante (incluida la posibilidad de votaciones telemáticas vinculantes en cuestiones clave).
¿Dónde encaja esto en España Mejor? En su núcleo. Si España Mejor quiere impulsar políticas modernas, transparentes, efectivas, medibles y basadas en datos, el tekmérion puede ser su estándar operativo. Traducido: cada propuesta debería venir con hipótesis, métricas, evaluación ex ante y ex post, comparaciones internacionales y un mecanismo explícito de rectificación. Si una medida no funciona, se corrige o se abandona. Si funciona, se escala.
Y, a la inversa, España Mejor puede mejorar el Pragmatecmerismo donde más lo necesita: en la prueba social. Una ideología basada en evidencia se traiciona a sí misma si no se somete a contraste real. La cultura participativa de España Mejor a través de su trabajo con ciudadanía, expertos e instituciones, es el entorno natural para convertir principios en pilotos, auditorías y aprendizaje público. También su énfasis en integridad (códigos éticos, controles independientes, tolerancia cero con la corrupción) conecta con mi insistencia en diseñar incentivos y límites que no dependan de la virtud del gobernante, sino de reglas y contrapesos.
En definitiva, mi ensayo no pretende ser un sistema cerrado, sino una invitación a sustituir el dogma por la evidencia y el relato por el resultado: basarnos en lo que funciona y no en lo que suena bien. España Mejor puede ser el lugar donde esa invitación deje de ser teoría y se convierta en método compartido: hipótesis, prueba, corrección. Mi invitación al lector no es la de una aceptación ciega, sino la de una crítica constructiva.
#ESCUCHANDO A LOS JÓVENES
#ESCUCHANDO A LOS JÓVENES
“El sistema exige una entrega total, pero no ofrece a cambio ni estabilidad, ni seguridad, ni una perspectiva clara de progreso”.
Alfonso Palencia, biólogo molecular y emprendedor
¿Quién es Alfonso?
Una persona profundamente curiosa, con una forma de pensar más científica y filosófica que convencional. Desde siempre le ha interesado entender cómo funcionan los sistemas complejos, especialmente en biología, evolución y genética, y cómo surgen los cambios dentro de ellos.
Con una visión muy marcada por la filosofía clásica, especialmente la idea de que las cosas tienen un propósito, lo que me lleva a creer que el conocimiento solo tiene sentido si acaba teniendo un impacto humano y social real.
En los últimos años esa misma forma de pensar la ha llevado también al mundo de los negocios, porque ha encontrado muchos paralelismos con los sistemas ecológicos: nichos, especialización, competencia, cooperación, adaptación. Disfruto especialmente de la innovación en modelos de negocio y de analizar mercados como si fueran ecosistemas, manejando datos, entendiendo patrones y creando soluciones nuevas. Al final, lo que más me motiva es enfrentarme a problemas complejos y construir algo que mejore lo que ya existe.
¿Cómo llegaste al CSIC y qué expectativas tenías?
Llegué al CSIC de una forma bastante natural, combinando oportunidad y actitud. En mi último año de carrera estuve como alumno interno con una profesora, trabajando dentro de un grupo de investigación, y fue ella quien me comentó que estaban buscando a alguien que estuviera terminando la carrera para incorporarse al CSIC, y acepté sin pensarlo. Entré con una ilusión enorme, muy agradecido y con muchas ganas de aprender, además con la suerte de poder compatibilizarlo después con el máster.
Mis expectativas eran aprender ciencia de verdad, entender cómo funciona un grupo de investigación desde dentro y contribuir a proyectos con impacto. Con el tiempo también fui ganando una visión más realista del sistema científico, entendiendo tanto sus enormes fortalezas como sus limitaciones estructurales (que no son pocas), especialmente en España. Aun así, mi experiencia personal fue muy positiva, sobre todo por el nivel humano y profesional de mi grupo, y fue una etapa clave en mi formación.
¿Qué es lo que más desincentiva hoy a un joven brillante que quiere dedicarse a la ciencia en España?
Sin ningún tipo de duda, la precariedad estructural y cronificada del sistema científico. Hablamos de contratos temporales encadenados, de meses sin cobrar, de situaciones en las que se normaliza que una persona altamente cualificada trabaje gratis o con incentivos mínimos, todo ello en un contexto social en el que el coste de la vida —especialmente el alquiler— está absolutamente disparado. Si la situación de los jóvenes en general ya es precaria, la de los jóvenes investigadores lo es todavía más.
La etapa de investigador junior se alarga de forma absurda: no es raro que una persona siga siendo “junior” con 40 años o incluso más, después de haber pasado por un grado, un máster, un doctorado y varios contratos postdoctorales. Esto implica vivir durante 15 o 20 años en una incertidumbre permanente, sin capacidad real de planificar el futuro, formar una familia, acceder a una vivienda o tomar decisiones vitales básicas. El sistema exige una entrega total, pero no ofrece a cambio ni estabilidad, ni seguridad, ni una perspectiva clara de progreso. Es una carrera de fondo en la que las reglas cambian constantemente y en la que el esfuerzo no garantiza absolutamente nada.
A esto se suma una sensación muy extendida de falta de meritocracia. La asignación de presupuestos, proyectos y oportunidades no siempre responde de manera transparente al mérito científico, sino que muchas veces depende de dinámicas internas, inercias históricas o estructuras de poder muy consolidadas.
Otro factor clave es la desconexión casi total entre la ciencia y el tejido empresarial.
En España, la ciencia funciona en gran medida como una caja negra: se genera conocimiento de enorme valor, talento de primer nivel e innovación potencialmente transformadora, pero no existen mecanismos eficaces para sacar todo eso al mercado, a la industria o a la sociedad. El tejido empresa-ciencia es débil o directamente inexistente en muchos ámbitos, lo que limita enormemente las salidas profesionales y hace que la transferencia de conocimiento sea anecdótica. Resulta especialmente sangrante ver cómo descubrimientos realizados en España, con científicos españoles liderando el campo durante años, acaban siendo patentados y explotados en otros países por falta de apoyo institucional y visión estratégica.
¿Qué impacto tiene la burocracia en la innovación y en el día a día de un investigador?
La burocracia tiene un impacto muy negativo tanto en la innovación como en el día a día del investigador porque le roba tiempo y foco. Muchísimos investigadores acaban dedicando una parte muy importante de su jornada a tareas administrativas —justificar gastos, tramitar compras, responder auditorías— en lugar de investigar. Eso genera frustración y ralentiza muchísimo el trabajo científico.
Además, a nivel de innovación, la burocracia penaliza el riesgo y la flexibilidad. Innovar implica probar, equivocarse y cambiar de dirección, pero el sistema está pensado para proyectos rígidos, lo que empuja a hacer ciencia más conservadora. Al final, no solo se pierde eficiencia, sino también creatividad y capacidad real de transferencia a la sociedad.
Todo ello está llevando al abandono de muchas vocaciones científicas en nuestro país…
La falta de apoyo institucional al investigador es, en muchos casos, difícil de comprender. La ciencia en España se mantiene casi por pura vocación, por la pasión de personas que aman profundamente lo que hacen y que están dispuestas a sacrificar estabilidad, salario y bienestar personal por seguir investigando. Pero un