Mayoría silenciosa, minoría ruidosa - Síntesi

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Todos los proyectos de infraestructuras, al menos la mayoría, viven un momento de convulsión social. Lo digo en el sentido que, ante cualquier iniciativa, suele aparecer inmediatamente el rechazo social de vecinos, plataformas, asociaciones o grupos posicionados en contra de carreteras, de autopistas, de vertederos, de incineradoras, de plantas solares, de parques fotovoltaicos, de industria, de líneas eléctricas y de cualquier cosa que ellos consideren que invade el territorio. La respuesta es siempre la misma: sí, pero no así; sí, pero no aquí. Y esta respuesta conlleva asociada la protesta permanente, la difusión de mensajes a través de redes sociales y medios de comunicación, los encuentros en cada municipio, las visitas y presiones a todo el arco parlamentario de la región que sea, las iniciativas judiciales para paralizar los proyectos, las denuncias del caso a la Unión Europea, la presión a alcaldes y funcionarios para que hagan marcha atrás y la visualización de esta oposición como un posicionamiento de toda la población afectada por ese proyecto.

La realidad, sin embargo, es distinta. En la mayoría de los casos, lo que hay es una minoría muy ruidosa y una mayoría muy silenciosa, y las administraciones públicas y las empresas deben entender que ya no es posible el desarrollo sin convivir con el ruido de la minoría y con el silencio de la mayoría. Esto, forzosamente debe traducirse en poner el foco y el acento de cualquier estrategia comunicativa y relacional en la mayoría silenciosa y no en la minoría ruidosa.

No existen varitas mágicas ni fórmulas magistrales, pero si escuchamos de verdad a la mayoría silenciosa, si explicamos los proyectos de forma empática, comprensible y con transparencia; si establecemos un diálogo con esta mayoría –con los elementos más representativos de la misma–, si llegamos a consensos claros, y si en cada proyecto generamos un beneficio social, es posible seguir desarrollando infraestructuras a pesar del ruido permanente y persistente.

Las administraciones públicas, pero también las empresas, han de ser valientes ante este ruido y deben ser capaces de interpretarlo adecuadamente, de analizarlo y de filtrarlo en función de su realidad y no de lo que parece que son, pero que no son. Pero sobre todo deben ser capaces de identificar adecuadamente a la mayoría silenciosa y saber activarla en los procesos de desarrollo de los proyectos, mucho antes de que la contaminación del ruido llegue a bloquearla.

Ante la minoría ruidosa, mayoría silenciosa y ¡adelante!

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Jordi Martínez