Sencillez, aprendizaje y agradecimiento - RICOMS

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 “Un poco de aprendizaje es una cosa peligrosa

 Alexander Pope (1688-1754)

Valentín Fuster, director del C.N.I.C. y del Instituto Cardiovascular del Mount Sinai (USA), viene defendiendo que la salud emocional y la física forman un único sistema. Afirma que la felicidad es un estado/sentimiento construido en el sujeto que somos cada uno de nosotros cuando vivimos una especial conciencia y conducta. Antonio Dalmasio, neurólogo de élite ha escrito: «El sentido de la vida es crear algo nosotros mismos, y la felicidad es lo que nos permite lograrlo«.

Para ello el Prof. Fuster propone cuatro claves que orientan la relación con el mundo y sostienen el bienestar. Proclamó el enunciado de las cuatro ‘A’ actitud, aceptación, autenticidad y altruismo— que son, para el eminente cardiólogo, el núcleo de una vida equilibrada. Está convencido de que el bienestar surge cuando la conducta se alinea con un propósito porque así, la sencillez permite resistir la presión del entorno sin perder la estabilidad emocional. Y esto genera una gran paz, razón de eficacia.

Sea la primera ‘A’ una Actitud positiva, la mirada proactiva que permite afrontar quehaceres sin caer en la pasividad. Conduce a: “Encuentro barreras, pero las voy a solucionar”. Desde la Psicología positiva, la actitud proactiva se relaciona con la autoeficacia, la creencia de poder influir en los resultados. Los estudios muestran que esta percepción reduce el cortisol, hormona del estrés, por lo que favorece la regulación emocional protegiendo la salud cardiovascular.

La Aceptación es la segunda‘A’. Critica la comparación constante que desgasta. Valorar la propia vida sin desear la ajena fortalece la autoestima y evita la frustración que surge de aspirar a estándares imposibles o ajenos. La ciencia respalda esta propuesta. La aceptación es un eje del Mindfulness y de la reducción del estrés. Investigaciones muestran que evitar la comparación disminuye la actividad cerebral asociada a la amenaza y a la rumiación negativa. liberando recursos cognitivos para centrarse en el presente, reforzando la estabilidad emocional y la autorregulación interna.

La tercera ‘A’ es la Autenticidad. Ser la misma persona en la mañana, tarde y noche define una riquísima coherencia personal. Y es que la identidad verdadera aparece en la adversidad, se revelan valores cuando caen las máscaras. Ante el infarto un presidente y un hombre pobre son la misma persona. La Psicología social valida esta necesidad de coherencia interna y las investigaciones sobre autenticidad personal confirman que la disonancia entre el yo real y el yo presentado al mundo predice mayores niveles de estrés. Sentir que se actúa contra los propios valores consume vastos recursos mentales, mientras la autenticidad se asocia con bienestar subjetivo y vitalidad.

Y para Fuster la cuarta y más determinante ‘A’ es el Altruismo. “La gente más feliz es la que da, no la que recibe”. Avalamos que hay más felicidad en dar que en recibir. Sentirse útil para los demás, incluso en gestos cotidianos, genera una satisfacción estable y profunda. Para el cardiólogo esta orientación social otorga propósito y es el componente más sólido de una vida emocional equilibrada. La neurobiología moderna lo confirma, los actos de generosidad activan el núcleo accumbens, centro de recompensa cerebral, que produce una satisfacción intrínseca que no depende de la validación externa. El cerebro humano está configurado para que la cooperación genere bienestar individual y cohesión social, reforzando el valor emocional del altruismo cotidiano. Se necesitan cimientos internos, que se consiguen dedicando tiempo para la reflexión, al reconocimiento del propio talento, al saber sostener una mirada positiva y al apoyarse en figuras que nos orienten. Esa combinación de introspección, vocación, optimismo y guíadefine la madurez personal que abre paso a las cuatro ‘A’ como estructura final del bienestar.

En trabajos anteriores desde una perspectiva similar los abajo firmantes proclamábamos nuestro “modelo de las cuatro aes”, que acrecentamos con la quinta“A” centrada en la gratitud: Aceptar lo inevitable, Asimilar lo que ello implica, Actuar en consecuencia con la mejor opción de las posibles, Aprender del resultado obtenido y ─añadimos hoy─ Agradecer la experiencia vivida.

Estamos convencidos de la maduración reflexiva que se logra mediante la aplicación de estas pautas y modelos en nuestra práctica clínica diaria y, si tienen alguna duda, ¡hagan la prueba!

Dr. Manuel Álvarez Romero, Médico Internista

Dr. José Ignacio del Pino Montesinos, Médico Psiquiatra

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Manuel Fernández