Amantes del vinilo Nº10, Pedro Canale aka. Chancha Vía Circuito - Radio Gladys Palmera

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Chancha Vía Circuito, alias artístico del argentino Pedro Canale, es el eslabón que une la música tradicional con la de vanguardia. Arquitecto de la cumbia digital y del folclor electrónico, su genialidad reside en tomar ritos ancestrales e instrumentos de peñas y procesarlos para la pista de baile contemporánea.

Para difundir su música, siempre que pudo privilegió el vinilo, convirtiendo cada una de sus producciones en una pequeña joya de diseño visual y sonoro. De hecho, su primer álbum en vinilo, Río arriba (2010), fue la piedra angular de su carrera. Marcó por un lado el inicio de su colaboración con la artista gráfica Paula Duró y, por otro lado, su remezcla de Quimey Neuquén, de José Larralde, le dio un renombre internacional por formar parte de la banda sonora de la serie Breaking Bad.

Tras Amansara (2014), Bienaventuranza (2018) y La estrella  (2022), su trabajo más reciente en este formato es  Tenalach (2024), realizado con El Búho. Solamente sus colaboraciones podrían llenar una estantería.

En Amantes del vinilo, Pedro comparte diez discos fundamentales que iluminan su universo musical y ofrecen una pista sobre las raíces de su sensibilidad artística.

1. Pescado Rabioso – Artaud

(Talent, SE-408. Argentina, 1973)

La elección que encabeza la lista de Pedro Canale es, en muchos sentidos, un objeto vinílico no identificado. En primer lugar, por la forma irregular y audaz de su portada, que se convirtió en un auténtico rompecabezas para muchos compradores. Algunos, sin saber cómo almacenarlo, llegaron incluso a recortar sus esquinas para acercarlo al formato clásico de 31×31 cms. El “problema” se resolvió en ediciones posteriores impresas directamente en formato cuadrado.

La portada fue ideada por Luis Alberto Spinetta y diseñada por Juan Gatti. Sus colores remiten a una cita de Antonin Artaud: “¿Acaso no son el verde y el amarillo cada uno de los colores opuestos de la muerte? El verde para la resurrección y el amarillo para la descomposición, la decadencia”.

En segundo lugar, aunque fue publicado como el tercer álbum de Pescado Rabioso, cuando se grabó el grupo ya se había disuelto. En realidad, se trata de un disco profundamente personal de Spinetta. En él reacciona al sufrimiento y a la locura que Artaud expresa en sus obras, y de manera indirecta también al clima político de alienación que atravesaba América Latina a comienzos de los años 70.

Para Pedro Canale: “Es un disco hermosísimo de principio a fin. A mi gusto es uno de los discos —tal vez el disco— más importante del rock nacional argentino. Soy muy fan de toda esta primera época de ‘El Flaco’: Almendra, Invisible, Pescado. Este disco me marcó mucho en la adolescencia y todavía hoy sigo sorprendiéndome de lo increíble que es”.

2. Simón Díaz – Tonadas favoritas

(Palacio, LPS-66508. Venezuela, 1982)

Con qué magia y naturalidad Simón Díaz y su cuatro nos transportan del estudio de grabación al campo a través de sus tonadas llaneras. Nadie como él, con su poesía y sensibilidad, para celebrar y preservar la identidad cultural del campesino venezolano.

Para nuestro invitado: “Simón Díaz es uno de mis cantantes favoritos de la vida. Este disco es muy precioso porque reúne tonadas increíbles como Tonada de luna llena, Tonada del cabestrero o El loco Juan Carabina. Tiene muchos hitazos y una de las voces más dulces de Latinoamérica. Yo lo adoro. Le digo “El tío Simón”, como le dicen cariñosamente en Venezuela”.

3. Víctor Jara – Canto libre

(Odeón, LDC-36726. Chile, 1978)

Víctor Jara ,otro de los grandes amores de mi vida, representando a Chile. Este es uno de los discos, tengo varios de Víctor. Elegí este porque Canto libre tiene una de mis canciones favoritas, Caminando caminando. Tiene también Angelita Huenumán. Canto libre es una belleza. Cada vez que pongo Víctor se me destruye el corazón”.

Publicado originalmente en 1970, fue el quinto álbum del cantautor. En su primera edición, Jara quiso que la portada mostrara una puerta con candado que, al abrirse, revelara una paloma blanca saliendo del interior.

El repertorio reúne composiciones propias junto con canciones de Argentina, Bolivia, Perú, México y Puerto Rico, acompañado por músicos de Quilapayún, Inti-Illimani y el guitarrista Patricio Castillo.

4. Violeta Parra – Las últimas composiciones

(RCA Victor, CML-2456. Chile, 1966)

En 2008, la revista Rolling Stone lo situó como el mejor disco chileno de todos los tiempos. Publicado a finales de 1966 —su primer álbum para RCA Victor—, Violeta Parra pretendía registrar sus composiciones más recientes tras su estancia en Europa.
Sin embargo, pocos meses después, tras su muerte en febrero de 1967, el título adquirió un sentido dolorosamente premonitorio: sería su último disco.

Para Pedro, es “un discazo tremendo. Tiene Run Run se fue pa’l Norte, Volver a los 17, Rin del angelito… Es una preciosura.Violeta no sabemos de qué planeta vino, pero estamos muy agradecidos de haber tenido su bendición musical”.

5. Eduardo Mateo – Cuerpo y alma

(Sondor, 44.332. Uruguay, 1984)

Como miembro de El Kinto, Eduardo Mateo fue pionero en fusionar el candombe con el jazz, la bossa nova y el rock. Tras sus primeros trabajos solistas, atravesó una etapa difícil marcada por la inestabilidad personal y la adicción.

Durante la etapa final de la grabación de Cuerpo y alma, iniciada en 1981, el músico vivió una suerte de resurrección física y espiritual que influyó en el resultado del disco, enriquecido con sonoridades hindúes aportadas por la tabla y tambores de cerámica.
Aunque inicialmente tuvo poca repercusión comercial, con el tiempo se convirtió en un álbum de culto.

Para Pedro: “Eduardo Mateo es uno de mis cantantes favoritos de Uruguay. Para mí es uno de los compositores más originales que tuvo el país. Cuerpo y alma tiene canciones bellísimas. Cuerpo y alma, María o El airero son de mis favoritas. Mateo, junto con ‘El Príncipe’ Gustavo Pena, es uno de mis cantores uruguayos favoritos”.

6. Norte Potosí – ¡Ahora que tenemos, bien lo cascaremos!

(Lauro Records, LRL 1711. Bolivia, 1994)

Emblemática agrupación de música folclórica boliviana con más de cuarenta años de trayectoria, Norte Potosí toma su nombre de la región de la que provienen sus integrantes. Su estilo se distingue por rescatar y difundir los ritmos y sonidos autóctonos de los pueblos quechuas del norte del departamento de Potosí, con un protagonismo especial del charango. En su repertorio conviven huaynos, cuecas y otros ritmos tradicionales de los Andes.

Para Pedro Canale: “Norte Potosí es mi banda favorita de Bolivia. Este disco hermoso lo conseguí en el Alto de la Paz, en uno de los viajes que hice. Tiene una canción que me voló la cabeza, se llama Zambito, un huayno de Rubén Porco Herrera, que es una preciosura. También tiene Pachamama tata inti, una tonada que me encanta. Es mi sueño verlos en vivo. Sé que siguen tocando, en algún momento espero encontrarlos”.

7. Luzmila Carpio – Sumaj llajta

(Discos Heriba, SLP-2192. Bolivia, 1981)

Al igual que Norte Potosí, Luzmila Carpio nació en el norte de Potosí y parte de los mismos fundamentos musicales —el quechua, el charango y el huayno—, pero los convierte en una poderosa herramienta de reivindicación cultural indígena. Su voz, célebre por su registro agudo, evoca el canto de los pájaros y los sonidos de la naturaleza andina, creando una conexión directa con el paisaje del Altiplano. En cierto modo, podría decirse que mientras Norte Potosí expresa de manera colectiva el espíritu de la tradición, Luzmila Carpio lo encarna en una voz solista profundamente espiritual.

Para Pedro: “Este es mi disco favorito de ella, y ella es mi cantante favorita de Bolivia. He tenido la fortuna de conocerla y compartir con ella. Este disco es un tesoro. Tiene Bartolina Sisaman, Cholita paceña, Ama sua – Ama llulla – Ama kjella… Bueno, difícil pronunciar el quechua pero Luzmila, forever”.

8. Ñanda Mañachi – Churay churay!

(Auvidis, AV 450. Francia, 1982)

Potosí es el corazón del folclor boliviano, Ñanda Mañachi es el equivalente fundamental de Norte Potosí en Ecuador. Representa la identidad de la comunidad de Peguche, en Otavalo. Su nombre significa “Préstame el camino”. Es una frase cargada de c

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Jose Arteaga