¿Por qué se vuelve la piel sensible y cómo evitarlo?
- La piel sensible afecta al 39% de la población y se caracteriza por enrojecimiento, tirantez y disconfort
- La contaminación, el estrés, la exposición solar y cosméticos agresivos agravan esta condición.
Madrid, 10 de marzo de 2026
La piel sensible, también llamada piel hiperreactiva, es una de las alteraciones cutáneas más frecuentes y afecta al 39% de la población, con más predominio de mujeres que hombres. Pero, ¿en qué consiste y por qué se produce? La epidermis está equipada con diminutas terminaciones nerviosas —corpúsculos de Meissner, Pacini, Ruffini y Merkel— que envían información constante al cerebro sobre el entorno y el tacto. Son los encargados de detectar temperatura, presión y textura.
“Estos sensores nos permiten realizar tareas muy sofisticadas, desde tocar un instrumento musical hasta manipular objetos con precisión, mientras la piel protege nuestros órganos internos de golpes, toxinas y radiación solar”, explica Jerónimo Ors, farmacéutico y director de la firma de cosmética botánica Cosméticos Paquita Ors. Sin embargo, la exposición continua a contaminantes, cosméticos inadecuados, radiación ultravioleta acumulada, estrés, toxinas internas y alimentos ultraprocesados puede sobrecargar el sistema, provocando que la piel pierda su capacidad de discernir entre lo beneficioso y lo dañino.
El resultado es una epidermis con los “nervios de punta”: piel enrojecida, tirante, reactiva ante cualquier producto y con sensación de disconfort, que puede agravarse si hay pequeñas infecciones previas como restos de acné, rosácea o dermatitis.
Para cuidar la piel sensible y revertir estos efectos, Ors recomienda tres pilares fundamentales:
- Protección solar diaria: “Aplicar cremas o leches de protección solar todos los días es imprescindible. En primavera y verano, conviene aumentar la frecuencia, sobre todo si estamos al aire libre”, subraya
- Limpieza suave: Evitar geles y jabones agresivos, utilizando solo aguas de tocador delicadas como angélica, manzanilla o avena, y preferir estas aguas sobre el agua del grifo, que puede irritar la epidermis.
- Uso de activos calmantes y antioxidantes: Durante periodos de alta sensibilidad, es mejor suspender temporalmente productos que aceleran la piel, como retinoles, retinales o ácidos frutales. En su lugar, conviene emplear plantas calmantes como mimosa, avena y caléndula, y antioxidantes como tomate o vitamina C. Estos ingredientes ayudan a restaurar la suavidad, equilibrar la epidermis y devolver la luminosidad natural de la piel.
“Adoptando estos cuidados, la piel sensible puede dejar de estar en estado de alerta constante y recuperar su equilibrio, transformándose en una piel bonita, suave y resplandeciente, capaz de resistir mejor los factores externos que la agreden a diario”, concluye el director de Cosméticos Ors.