En Jiquilisco, El Salvador, la política no empieza en los despachos, sino que se prepara desde casa, como una tortilla amasada a mano, o como el discurrir de un camino empolvado en el que los comités que se organizan se sostienen con voluntades determinadas representadas en la voz de las mujeres. Ellas, con las dificultades cotidianas vinculadas a su economía y autonomía, siguen organizándose para que sus voces y las de sus comunidades sean escuchadas.
El pasado 18 de febrero, desde esta localidad salvadoreña, se habló con fuerza y energía sobre su papel en la esfera pública, sus liderazgos y su capacidad de transformar realidades. La presentación pública del “Diagnóstico Participativo sobre Participación Política y Ciudadana con énfasis en el papel de las mujeres en la esfera pública y política”, es una investigación que no se limita a mirar desde fuera, sino que ha sido construida por las propias mujeres del distrito aportando una mirada profunda que busca combatir las desigualdades estructurales de género.
En la actividad de presentación, que coincidió con el trigésimo octavo aniversario del Movimiento Salvadoreño de Mujeres, participaron 49 lideresas de varias comunidades del país centroamericano. Entre ellas, Ciudad Romero, Isla de Méndez, La Noria, La Tirana, Limonera, La Canoa, San Juan del Gozo, Vista Hermosa y el casco urbano. Acudieron también representantes del Movimiento Salvadoreño de Mujeres (MSM), UNIMUJER y de ISCOD. Las protagonistas, sin duda alguna, fueron todas ellas. Las mujeres encuestadoras, las lideresas comunitarias, las que han convertido cada dato en una herramienta de cambio y en una herramienta de transformación.
El diagnóstico compartido se basa en un minucioso trabajo que incluye la realización de 100 encuestas, la organización y facilitación de grupos focales, además de entrevistas en profundidad. En él, no solo recoge información, sino que se apunta a fortalecer las capacidades de estas y de otras mujeres.
Algunas de las principales conclusiones del estudio ponen de manifiesto que:
- En Jiquilisco, las mujeres participan sobre todo en organizaciones comunitarias (comités y organizaciones de mujeres, ADESCOS, Ventana Ciudadana), pero los espacios mixtos promovidos por la institucionalidad están debilitados o ausentes, lo que reduce la posibilidad real de incidir en políticas públicas.
- La participación de las mujeres en el distrito está atravesada por las desigualdades de género (cuatro jornadas: productiva, de cuidados, comunitaria y política), la escasez de recursos, bajas tasas de escolarización, en muchos casos, además de la violencia estructural y un machismo que deslegitima su voz en espacios formales (no se les escucha, se invisibilizan sus propuestas).Todo ello lleva a concluir que existe una barrera estructural y simbólica a la vez en su participación pública que erosiona su autoestima y la confianza para “dar el paso” a la vida política.
- El proceso investigativo empodera, convirtiendo a las lideresas en encuestadoras y analistas a la vez. Esto no solo produjo información de calidad, sino que aumentó su autoestima, su voz pública y el liderazgo comunitario que ejercen.
Durante la presentación de la semana pasada compartieron lo que significó escuchar a otras mujeres del territorio, con el valor de testimonios que, entre otras cosas, revelan que la falta de participación no es desinterés, sino falta de tiempo, transporte o permiso; o que, en un entorno marcado por profundas desigualdades, muchas de ellas siguen siendo sostén de sus comunidades desde el cuidado y aún así sienten que “la política no es para ellas”.
En contraste, la sororidad, en forma de solidaridad silenciosa, sí que ha servido para construir redes de apoyo entre todas ellas.
El encuentro concluyó con un diagnóstico y con un compromiso. Las lideresas reafirmaron su disposición de seguir organizándose transformar las condiciones que históricamente les han negado participación real en sus municipios. Tienen un deseo de ser escuchadas y una necesidad de espacios en los que su voz resuene y tenga el peso necesario para tener un impacto positivo en las decisiones que afectan a sus vidas, a sus comunidades y a sus destinos.
El diagnóstico, como parte del proyecto financiado por el Principado de Asturias, forma parte de una estrategia de lucha conceptual y real contra el machismo, la precariedad y el empoderamiento. Es una fotografía, un instante dentro de un proceso que pretende avanzar mediante la formación, la incidencia, el refuerzo de las alianzas entre mujeres, hacia una verdadera transformación social.
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