En 1955 las aves de Cuba tuvieron una feroz competencia. El zunzún, los canarios, el tomeguín y el sinsonte fueron obligados a competir con un pájaro que no era oriundo de la isla, pero que comenzó a sonar a todas horas, tras ser introducido en nuestra fauna. Era el pájaro chogüí, que había llevado en la garganta un indio araucano llamado Oswaldo Gómez.
Trajo a esta Habana de 1955 ese canto pegajoso, la historia de un niño del que la leyenda contaba que se había asustado por el grito de su madre y cayó del árbol en el que estaba subido. El milagro, o el extraño sortilegio según la canción, fue que se convirtió en el pájaro chogüí, una especie de la que ningún cubano tenía idea. Pero el cantante chileno insistió y convirtió el tema en un éxito rotundo, que dice:
Cuenta la leyenda que en un árbol
se encontraba encaramado un indiecito guaraní, /
que sobresaltado por un grito de su madre
perdió apoyo, y cayendo se murió. //
Y que entre los brazos maternales
por extraño sortilegio en chogüí se convirtió, /
chogüí, chogüí, chogüí, chogüí / cantando está, mirando acá, /
mirando allá, volando se alejó. //
Chogüí, chogüí, chogüí, chogüí /qué lindo es, qué lindo va /
perdiéndose en cielo azul turquí.
Esta noche cantará aquí en el Cabaret Montmartre, en la esquina de las calles 23 y P, casi llegando a La Rampa. En las mesas, el público está impaciente. Quieren conocer a este cantante nacido el 13 de marzo de 1921 en Quintra Malal, poblado de los indios mapuches o araucanos, a 800 kilómetros de Santiago de Chile.
Pocos saben que en 1938 participó y ganó el concurso La Voz De Oro De Chile, efectuado en el Teatro Caupolicán, de Santiago, cantando El pregón de las flores, tema compuesto por el maestro cubano Ernesto Lecuona. Es una canción dulce que hace vibrar el pecho. Él lo sabe y casi la susurra:
Florero / llevo flores milagrosas / del jardín de los amores /
del jardín de la ilusión. // Escucha / niña de los ojos bellos /
si padeces mal de amor / te lo curo con una flor. //
La rosa viva es de fuego / enciende el ansia de besar, /
y en un palpitar de llamas / toda el alma dar.
Para quienes han venido a conocerlo en persona, porque solamente lo han escuchado en la radio o visto en la pantalla de su televisor, aquí damos su “ficha” técnica: “Su tesitura vocal es de tenor, por lo que pudo cantar boleros con extrema facilidad y además de una muy bien modulada voz, que le permitió cantar incluso en idiomas extranjeros como el italiano”.
Oswaldo Gómez se lanzó a recorrer los países de América en 1944, visitando primero Argentina, donde se afianzó ocho años. Allí le abrieron las puertas con un tema que también se quedará para siempre en el corazón de los habaneros, y que ahora canta con su potente voz:
Una noche tibia nos conocimos / junto al lago azul de Ypacaraí, /
tú cantabas triste por el camino, / viejas melodías en guaraní. //
Y con el embrujo de tus canciones / iba renaciendo tu amor en mí /
y en la noche hermosa de plenilunio / de tu blanca mano sentí el calor
que con sus caricias me dio el amor.
Oswaldo Gómez, que ya es para toda la vida “El Indio Araucano”, siente los suspiros que ha provocado en las mesas este tema, y continúa:
Dónde estás ahora, cuñataí, / que tu suave canto no llega a mí. //
¿Dónde estás ahora? / mi ser te adora con frenesí. //
Todo te recuerda mi dulce amor / junto al lago azul de Ypacaraí,
todo te rеcuerda, / mi amor te llama, cuñataí.
El Indio Araucano recorrió toda la América hispana. Vino a Cuba este año, 1955, “contratado por Radio Progreso y la estación de televisión CMQ para sus programas “Casino de la alegría” y “Jueves de Partagás”. En estos compartirá con Resortes, Tin Tan, Celia Cruz y Benny Moré entre otros.
Pocos saben también que antes de viajar a La Habana vivió “en Venezuela por varios años, donde llegó a tener un club nocturno que vendió en 1955 cuando decidió marcharse a Cuba”. Y tampoco saben que este hombre tiene una voluntad de hierro, y está decidido a triunfar y a vivir a toda costa: “Fue el penúltimo de 21 hermanos. Quedó ciego a los 8 años y luego perdería dos veces la voz, en sus inicios como cantante profesional”.
Le imploran que cante la canción del Pájaro chogüí, y Oswaldo pide calma, porque antes quiere echar a volar, bajo el techo del Montmartre, un ave de grandes dimensiones, un cóndor. Y desde entonces, en La Habana, El cóndor pasa:
El cóndor de los Andes despertó / con la luz de un feliz amanecer.
Sus alas lentamente desplegó / y bajó al río azul para beber.
Tras él la Tierra se cubrió / de verdor, de amor y paz.
Tras él la rama floreció / y el sol brotó en el trigal, / en el trigal. //
El cóndor de los Andes descendió / al llegar un feliz amanecer.
Cantar en este Cabaret Montmartre es como un premio, y El Indio Araucano lo merece, tanto o más que nadie. Él todavía está emocionado por estar aquí esta noche, en un sitio tan hermoso que cuesta pensar que un día desaparecerá para siempre. Los libros lo describen así: “Un enorme edificio, con una arquitectura exterior esplendorosa, tenía 100 metros de frente, tres pisos más el sótano. La decoración interior con inspiración francesa era admirable, con paredes forradas de maderas preciosas y ornamentación de gran gusto”.
Cuando decidió darlo todo por la música, no quiso ser uno más. Se reinventó queriendo honrar sus raíces. Desde entonces fue “El Indio Araucano”. Ahí está en el escenario con su atuendo habitual: “una “vincha” (banda de tela sujetando los cabellos), y un “poncho” (prenda típica, de lana, rectangular y con una abertura central para pasar la cabeza) del tipo andino en sus hombros, sellos distintivos de su presencia musical”. Ahora canta Un viejo amor, un antiguo tema mexicano, con música de Alfonso Esparza Oteo y letra de Adolfo Fernández Bustamante:
Por unos ojazos negros / igual que penas de amores, /
hace tiempo tuve anhelos, / alegrías y sin sabores.
Al mirarlos algún día / me decían casi llorando, /
no te olvides, vida mía / de lo que hoy te estoy cantando. //
Que un viejo amor / no se olvida ni se deja. //
Que un viejo amor / de nuestra alma, sí, se aleja / pero nunca dice adiós.
En Cuba vivirá feliz durante 11 años, hasta que, en el fatídico 1959 la felicidad ya no era propia. Oswaldo aguantó como pudo. Lo confesó un día de su larga vida: “Vivía en El Nuevo Vedado cuando Castro intervino las cuentas bancarias. A mí me confiscaron 60 mil dólares que tenía en los bancos Godoy y El Nacional. Entonces era mucho dinero. El choque fue tan fuerte que enfermé de hipo por seis meses”.
Ahora no quiere pensar en el futuro. Nadie lo hace, nadie lo sabe. Es 1955 y La Habana brilla en el mapa del mundo. Hay un árbol y un indito guaraní trepado en él. Y al caer, asustado por la llamada de la madre, no tiene un ataque de hipo, sino que se convierte en un pajarito alegre y sonoro:
Y desde aquel día se recuerda al indiecito /
cuando se oye como un eco a lo chogüí, / ese canto alegre y bullanguero /
del precioso naranjero que repite su cantar. //
Salta y picotea las naranjas / que es su fruta preferida, repitiendo sin cesar
chogüí, chogüí, chogüí, chogüí, / cantando está, mirando allá /
llorando y volando se alejó.
Oswaldo Gómez, “El Indio Araucano” se aferró a la vida con todas sus fuerzas, y murió el 16 de marzo del año 2024, a los 103 años, en New Jersey. Tal vez se convirtió en aquel pájaro chogüí que llevó una vez a La Habana.
Los diferentes discos que grabó El Indio Araucano están condicionados por un hecho, cuando menos, curioso: los derechos autorales y créditos respectivos. María Elena, por ejemplo, aparece en unos álbumes bajo la autoría de Lorenzo Barcelata y en otros de Paul Nero. La batelera en unos de Miguel Nijensohn y en otros de Don Roy. El condor pasa en unos de Daniel Robles y Julio de La Paz, y en otros de Gerardo Robles. Recuerdos de Ipacaraí en unos de Demetrio Ortiz y Zulema de Mirkin, y en otros de María Teresa Márquez. Soy marinero en unos de Gaymer Kohan y Lorenzo D'Acosta, y en otros de Jacquie Cohen Acosta; aunque en este caso puede deberse a errores de redacción de los apellidos y mezcla del autor de la música y el autor de la letra. Las ediciones venezolanas prefirieron curarse en salud. Por eso le pusieron: Derechos Reservados de Autores.
Playlist
1. El Indio Araucano - Pájaro chogüí (Indio Pitagua)
00:00:11
2. El Indio Araucano - Cuando muera la noche (Otilio Carbone)
00:02:44
3. El Indio Araucano - María Elena (Lorenzo Barcelata)
00:05:58
4. El Indio Araucano - Ódiame (Rafael Otero)
00:09:19
5. El Indio Araucano - El rey (José Alfredo Jiménez)
00:12:30
6. El Indio Araucano con la Orquesta Los Peniques - La batelera (Miguel Nijensohn)
00:14:49
7. El Indio Araucano - Preciosa (Rafael Hernández)
00:17:45
11. El Indio Araucano con la Orquesta Los Peniques - Soy marinero (Gaymer Kohan y Lorenzo D'Acosta)
00:21:19
8. El Indio Araucano con la Orquesta Los Peniques - Te odio y te quiero (Enrique Alesio y Reinaldo Yiso)
00:21:35
9. El Indio Araucano - El condor pasa (Daniel Robles y Julio de La Paz)
00:24:44
10. El Indio Araucano - Un viejo amor (Alfonso Esparza Oteo)
00:28:39