Bosques que nos cuidan y alimentan

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Este año, el Día Internacional de los Bosques, que conmemoramos cada 21 de marzo, está dedicado a la economía, y sí efectivamente no hay economía sin ecología. La Organización Naciones Unidas (ONU) quiere recodar este año que los bosques son un motor de la prosperidad económica, porque de ellos dependen desde el agua potable que bebemos al aire que respiramos, a materias primas o multitud de empleos, más de 33 millones en todo el mundo. Los bosques también sostienen la agricultura familiar y comunitaria, mejoran la productividad agrícola y salvaguardan la salud de las cuencas hidrográficas.

La ONU nos recuerda en este día que en un momento en el que muchos países tratan de avanzar hacia una bioeconomía sostenible, los productos forestales ofrecen soluciones basadas en la naturaleza como sustitutos de materiales intensivos en carbono, al tiempo que generan nuevas oportunidades económicas, como en ecoturismo, medicina, bienestar o alternativas a productos de plástico, hormigón o acero.

Sin embargo, muchas veces solo asociamos los bosques a la producción de madera y esas otras economías necesitan visibilizarse, para que la población sea consciente de todos esos nuevos desarrollos que proporcionan los bosques y los beneficios invisibles para nuestra salud.

La superficie forestal mundial en 2025 se estima en 4.140 millones de hectáreas, lo que representa el 32 % del territorio total. Por continentes, Europa representa el 25 % de la superficie forestal mundial, seguida por América del Sur (20 %), América del Norte y central (19 %), África (16 %), Asia (15 %) y Oceanía (4 %). Y más de la mitad (54 %) de la superficie forestal mundial se encuentra en solo cinco países (en orden descendente): Rusia, Brasil, Canadá, Estados Unidos y China.

Uno de los principales problemas que sufren los bosques es la deforestación. Se estima que entre 1990 y 2025 se perdieron 489 millones de hectáreas de bosque a causa de la deforestación, y el 88 % de la deforestación tuvo lugar en la región tropical.

Y una de las causas de la pérdida de masa forestal son los incendios que lamentablemente en España conocemos demasiado bien, porque cada verano las noticias se llenan de fuegos forestales. En los últimos años con más virulencia aún, agravados por el cambio climático, con condiciones meteorológicas que los hacen más grandes en extensión y difíciles de gestionar.

Coincidiendo con este día, se va a presentar ante la Comisión de Transición Ecológica y Reto Demográfico del Congreso de los Diputados una Propuesta para la Protección Penal de los Bosques, en la que se pide el endurecimiento del Código Penal para sancionar el daño a los bosques que actualmente sólo recoge los delitos relacionados con los incendios. La propuesta persigue que también se castigue con cárcel a cualquiera que destruya total o parcialmente un bosque o lo degrade gravemente, como por ejemplo, con deforestación no autorizada.

Los defensores de esta propuesta sostienen que el bosque es mucho más que un conjunto de árboles, plantas y animales. Es un ecosistema, un hábitat de seres vivos vegetales y animales que alberga y conserva la biodiversidad. Proporciona bienes y servicios con su gestión de forma responsable, para millones de personas. Regula los flujos hídricos y asegura la protección contra la degradación del suelo. Y, además, el bosque absorbe el dióxido de carbono en su biomasa y libera el oxígeno. La fotosíntesis permite respirar a la especie humana. Son nuestros pulmones. Los bosques y los océanos son las fábricas que purifican el medio ambiente del planeta.

El Derecho, con sus leyes y sus normas, es un instrumento para, dada su transcendente utilidad pública, convertir a los bosques, que son un bien común, en titulares de derecho de protección. El derecho civil, el administrativo y el medioambiental, con sus normas generales, autonómicas, forales o municipales, deben acrecentar su salvaguarda. Pero el bosque como objeto de tutela jurídico penal significaría su protección jurídica más efectiva. El Código Penal no contempla en la actualidad como delito, a excepción de los incendios, las acciones que destruyan, roturen, deforesten, talen o eliminen total o parcialmente un bosque.

Esta propuesta responde a una mayor concienciación y sensibilización de la ciudadanía por algo que es patrimonio de todos, como son los bosques, y para que nadie pueda alterar sus ecosistemas impunemente.

A esa conciencia ambiental hemos contribuido los periodistas ambientales que en distintos medios y formatos llevamos décadas informando sobre aspectos que nos rodean y determinan nuestra vidas, pero que si no ponemos el foco en ellos, pasan desapercibidos. Los bosques parece que siempre han estado y estarán y que el tiempo no pasa por ellos, pero sin una buena gestión, su deterioro lento es imparable. Para respetar y cuidar lo primero es conocer, y esa herramienta, la de la comunicación del conocimiento, es la que ejercemos a diario los periodistas ambientales.

No nos acordamos de los bosques solo en verano con los incendios, sino que contamos a diario los trabajos que se realizan en invierno, las especies que los habitan, los beneficios que nos proporcionan y los descubrimientos que todavía hoy desconocemos de lo que los bosques nos aportan.

Comunicar para conocer, respetar y cuidar es la base del periodismo ambiental y esa sensibilización es clave para que la sociedad tome conciencia de que no podemos vivir sin bosques.

María García de la Fuente

Presidenta de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

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