El consumo de fauna silvestre en Guinea Ecuatorial afecta hoy a muchas más especies amenazadas que hace 35 años

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Un equipo científico de Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha constatado que la caza y el comercio de fauna silvestre en Guinea Ecuatorial involucra hoy a muchas más especies amenazadas que hace tres décadas. El estudio, publicado en la revista Biological Conservation, muestra un deterioro significativo en el estado de conservación de las especies comercializadas desde 1990. La investigación ha sido liderada por personal de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) y el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), en colaboración con instituciones locales.

Hay un aumento preocupante destinado al consumo de pangolines y otros vertebrados protegidos en mercados urbanos y zonas rurales

Para realizar el estudio, el equipo científico se desplazó a Guinea Ecuatorial y recorrió durante tres meses los principales puntos de venta silvestre del país. Entre marzo y enero de 2025, visitaron los mercados más importantes: el de Malabo, situado en la isla de Bioko, y el de Bata, en la región continental. Además, recorrieron zonas rurales de todo el país, tanto a pie como en coche, para registrar todos los animales silvestres que se ofrecían para la venta en carreteras y calles de pequeñas localidades.

Más especies amenazadas en los mercados que hace tres décadas

En total, el equipo registró 2.783 individuos pertenecientes al menos a 56 especies de vertebrados terrestres. La gran mayoría de los animales, concretamente el 94,2 %, se ofrecía para consumo de carne, mientras que el resto se destinaba a usos medicinales o rituales (un 4,4%) y, en menor medida, al comercio de mascotas (un 1,4%).
Los mamíferos representaron el 80 % de los individuos registrados, seguidos de reptiles con un 14,1% y aves, 5,6%. Muchos se vendían frescos o incluso vivos, lo que refleja la existencia de una red de transporte eficiente y continuada desde las zonas de caza hasta los mercados.

En 1990, solo dos de las especies registradas en los mercados estaban clasificadas como amenazadas a nivel global. Hoy la situación es muy diferente: en el estudio se documentan 15 especies amenazadas y 8 casi amenazadas. En conjunto, estas especies representan el 41 % de todas las registradas y el 21 % de los individuos contabilizados.
Entre ellas figuran el elefante de bosque, el gorila occidental, el chimpancé, varias especies de pangolines y el loro gris africano. “Lo más preocupante no es solo el volumen de fauna comercializada, sino el deterioro en el estado de conservación de las especies implicadas”, señala Pedro Romero Vidal, investigador de la EBD.

El auge del comercio de pangolines

Uno de los resultados más llamativos es el aumento de los pangolines en el comercio. Estos mamíferos cubiertos de escamas, presentes en África y Asia, se encuentran entre los animales más afectados por la caza y el comercio ilegal, y todas sus especies están actualmente amenazadas. En 1990 representaban menos del 2 % de los individuos vendidos en los mercados urbanos. En 2025 alcanzan el 6,5 % en Bata y el 10,7 % en Malabo.

Las especies amenazadas alcanzan precios más altos, lo que podría intensificar la presión sobre sus poblaciones

Además, en las zonas rurales continentales la proporción de pangolines ofrecidos para la venta cuadruplica la registrada en el mercado urbano de Bata, lo que sugiere un importante consumo o comercio local que no siempre queda reflejado en los mercados principales. El estudio también da claves sobre cambios en la composición de especies que se comercializan. Comparado con hace 35 años, hoy se venden relativamente menos primates y grandes ungulados, y más reptiles, aves, carnívoros y pangolines. Esto podría indicar que las poblaciones de algunas especies que se cazaban tradicionalmente han disminuido y, o su caza está más perseguida por las autoridades locales, y están siendo sustituidas por otras con mayor disponibilidad.

Precios más altos para las especies amenazadas

or otro lado, el análisis económico revela que los precios en el mercado urbano de Bata son, de media, el doble que en las zonas rurales. Además, las especies amenazadas alcanzan precios significativamente más altos, independientemente de su frecuencia en el mercado. En comparación con datos de 2003, los precios de varias especies han aumentado más del doble en dos décadas, con incrementos mayores en especies amenazadas.

“Los precios más altos de las especies amenazadas sugieren que se están volviendo más escasas o más valoradas, lo que puede incrementar aún más la presión sobre ellas”, explican el investigador de la EBD José Luis Tella.

El crecimiento demográfico, la expansión de la red de carreteras y el acceso a armas de fuego han transformado las dinámicas de caza en el país, facilitando el transporte diario de animales frescos desde zonas remotas hasta los mercados urbanos.

Aunque la legislación nacional prohíbe la caza de varias especies amenazadas, estas se continúan vendiendo abiertamente en mercados y carreteras, lo que evidencia deficiencias en la aplicación de la normativa.

El equipo científico subraya que, además de mejorar la vigilancia, son necesarias campañas educativas dirigidas a reducir la demanda de carne de especies amenazadas, que tiene un fuerte componente cultural, así como estrategias adaptadas a distintos grupos sociales y culturales. También destacan la importancia de promover alternativas alimentarias asequibles como carne de pollo u otros tipos de ganadería deberían estar disponibles de una forma más accesible al grueso poblacional, que sobre todo se concentra en las grandes ciudades
“Si bien algunas especies abundantes podrían soportar cierto nivel de aprovechamiento, la caza continuada de primates, pangolines y grandes mamíferos plantea serias dudas sobre su sostenibilidad”, concluyen Íñigo Palacios-Martínez, MNCN.
 

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