La estrategia aérea que Navarra necesita

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La conectividad aérea es una cuestión de primer orden para el desarrollo de Navarra, pero no puede convertirse en una carrera por sumar destinos en un panel de salidas. Es una infraestructura estratégica que condiciona la competitividad empresarial, la atracción de talento y la proyección exterior de Navarra. Precisamente por eso, cualquier decisión sobre nuevas rutas en el aeropuerto de Pamplona debe partir de una premisa básica: no todos los destinos aportan el mismo valor socio-económico ni responden a la misma estructura de demanda. La mayoría estamos de acuerdo en que, a día de hoy, la oferta en el aeropuerto resulta claramente insuficiente respecto a la demanda real de la población navarra. Vuelos regulares a Madrid -con pocas frecuencias- y a Canarias -no diarios- no se corresponden con el perfil de una comunidad industrial, exportadora, donde operan multitud de multinacionales y con elevada renta per cápita. La consecuencia es conocida: miles de navarros utilizan aeropuertos cercanos como Bilbao, Zaragoza, Vitoria o Biarritz para acceder a una red más amplia y, en ocasiones, más competitiva en precio. Y a la inversa; quienes desean llegar a Navarra emplean rutas alternativas, eso sin contar a quienes directamente, por no tener buenas conexiones, deciden no venir. Esa fuga de pasajeros no es una anécdota; es un indicador de mercado latente que conviene cuantificar con precisión. Y las cifras no engañan: Navarra apenas recibió en 2025 a 233.000 pasajeros, lo que nos sitúa en el puesto 33º de los 48 aeropuertos nacionales.

Antes de la pandemia, la conexión con Frankfurt operada por Lufthansa demostró que existe una demanda empresarial real cuando se enlaza con un gran hub internacional adecuado. No era un vuelo turístico, era fundamentalmente un vuelo de negocios, rentable para la aerolínea. Todos estábamos encantados, aeropuerto, aerolínea, ciudadanos, empresas y Gobierno Foral, pero la COVID interrumpió la experiencia. La ruta dejó una enseñanza clara: cuando el destino encaja con las necesidades de la estructura económica navarra, la demanda responde y la ruta resulta rentable para la aerolínea que la opera.

Si el Gobierno de Navarra, a través del departamento de turismo, plantea como hizo el año pasado una licitación con un abanico excesivamente abierto -Frankfurt o Múnich; Londres, Roma o Milán; Sevilla o Málaga; y Barcelona- se corre el riesgo de diluir el esfuerzo y no conseguir atraer a nadie, como así ha ocurrido al quedar desierta la licitación. Resulta imprescindible estudiar con rigor qué destinos realmente aportan más valor a la Comunidad Foral. No es lo mismo París que Frankfurt. No es equivalente Milán que Londres. El atractivo de cada aeropuerto de destino depende de diferentes parámetros, principalmente del perfil de pasajero, de la conexión con la economía navarra y con las empresas que aquí operan, del retorno económico esperado de la aerolínea y de la rentabilidad global al esfuerzo económico que tenga que hacer el Gobierno de Navarra. Es necesario identificar las rutas con demanda suficiente, aunque actualmente no estén servidas, y poner sobre la mesa un plan atractivo de apoyo a su lanzamiento para quien quiera operarlas. Las aerolíneas vuelan entre aeropuertos, pero solo si conectan mercados rentables.

El primer paso que se debe dar es realizar un análisis que cuantifique la demanda real, no la deseada. Para ello, identificar la población a 60 ó 90 minutos, su renta media, el tejido empresarial (empresas exportadoras, multinacionales, turismo), estudiantes, etc. Analizar igualmente el volumen de pasajeros potenciales que hoy utilizan aeropuertos cercanos a Noáin, insisto, tanto para salir fuera de Navarra como para llegar a ella. Toda esta información, mucha de ella ya consultada a empresarios de la región, permitirá identificar los destinos más interesantes, estimar ocupaciones realistas y diseñar horarios adecuados (un vuelo orientado a negocio necesita frecuencias y horarios diferentes a uno turístico).

Una aerolínea que opera con un esquema low-cost exige tasas aeroportuarias competitivas, operativa ágil e incentivos iniciales, y se apoya en demanda de ocio. Una con modelo business requiere respaldo empresarial y conexión a hubs importantes. En definitiva, no se trata de “tener un vuelo”, sino de estructurarlo correctamente. La clave está en la coherencia entre destino elegido, perfil de pasajero y viabilidad económica de la ruta. Y con todo ello, como segundo paso, con argumentos, se debe convencer a las aerolíneas de que este destino será rentable. Navarra dispone de recursos para participar en este importante reto.

Conviene evitar errores frecuentes: apoyar destinos a priori atractivos pero económicamente débiles; apostar por rutas sin masa crítica suficiente; o pensar que cualquier conexión internacional genera automáticamente desarrollo. Iniciativas previas de otros aeropuertos regionales han demostrado que sin un estudio previo riguroso el resultado suele ser infraestructuras sobredimensionadas, ocupación baja y retirada rápida del operador. No da lo mismo París, Frankfurt o Milán. Cada decisión implica un modelo de operar distinto y un impacto económico diferente. Para aumentar vuelos en un aeropuerto infrautilizado como el de Pamplona no hay soluciones únicas; hace falta un enfoque integral con estímulos, mejoras de servicios, marketing y alianzas publico-privadas. Si la estrategia se apoya en datos y no en intuiciones, nuestro aeropuerto puede convertirse en un verdadero aliado de la competitividad regional.

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