¿Cómo nos cataloga la IA? - Síntesi

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La Universitat Oberta de Catalunya (UOC) acaba de realizar un ejercicio interesante y curioso: preguntar a cinco asistentes de inteligencia artificial (IA) a qué partido político hay que votar según nuestras preocupaciones principales. La investigación aún está en proceso de publicación, pero la UOC ya ha avanzado algunos de los resultados que podéis leer aquí. Como podréis ver, cada asistente tiene una actituddistinta en función de la pregunta e, incluso, de la lengua que se utiliza para hacer la consulta. Algunos recomiendan el voto y otros, se mantienen neutrales.

Más allá de las implicaciones éticas de que la IA se decante por un partido u otro, lo que es evidente es que la presencia y el uso cada vez más habitual de estas herramientas plantea diversos retos a los equipos y estrategias de relaciones públicas y comunicación política. Si los asistentes de IA pueden orientar y modificar la intención de voto, significa que no podemos hacer como si no existieran y que deben buscarse mecanismos para monitorizar qué dicen y cómo se comportan cada uno de ellos. Porque, como muestra la investigación, que una IA te cite no quiere decir que esté a tu favor.

Los asistentes de IA ya se han convertido en un intermediario informativo para mucha gente. Las búsquedas ya no se hacen de manera tradicional, en los buscadores, sino que se pregunta a la inteligencia artificial y se confía (o no) en sus respuestas, aunque a veces ni tan siquiera cite una fuente fiable de la que ha extraído la información. Por lo tanto, si son un intermediario, pueden influir en nuestras decisiones. Y no solo en política. No es lo mismo, por ejemplo, buscar en internet una mesa para nuestro despacho y dedicar un rato a escoger la que más nos conviene, que pedir a la IA que nos recomienda una a partir de nuestras preferencias.

Con este nuevo panorama, las empresas y organizaciones (las marcas) harían bien en dedicar esfuerzos a resituarse y repensar cómo encaran la situación. Hay que escuchar a la IA, hay que conseguir que nos lea (ser una de sus fuentes de referencia) y hay que diseñar estrategias integrales para no desaparecer de su mapa. Si aún no lo habéis hecho, preguntad a la IA sobre vuestra empresa o sobre vuestro sector y veréis cómo os clasifica y si encaja con el perfil que  tenéis o que creéis que tenéis. Tiene un punto curioso.

Ya se ha dicho en numerosos estudios e informes que la IA no es neutral, que reproduce los sesgos de todo tipo que tenemos los humanos, porque, en definitiva, aprende de nosotros. Si les otorgamos el papel de intermediarios informativos, debemos buscar la manera de ser relevantes para estos asistentes. El reto es, pues, conseguir que hable de nosotros. Y, sobre todo, que hable bien de nosotros.

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Jaume Ginestà