Seguro que has vivido esta escena: terminas el día y sientes que has absorbido, en tu cabeza, todo lo que pasaba a tu alrededor:
- conversación tensa de la compañera de trabajo,
- trayecto a casa que se hace más largo de lo normal,
- tono de voz de esa clienta que vive indignada,
- música que viene del móvil de alguien,
- noticia triste que viste de refilón en el móvil.
Llegas a casa y lo único que necesitas es silencio. Pero a tu alrededor el mundo sigue girando y, además, piensas: «no seas tan sensible, que te afecta todo». Si esto te resuena, igual te interesa lo que voy a contarte. Porque no, no te pasa nada.
Mejor dicho, te pasa que tienes un sistema nervioso finamente calibrado, y vives en un mundo que ha sido diseñado a medida de los que no lo tienen.
¿Cómo aprender a habitar este mundo si eres PAS?
Vamos a hablar de qué significa realmente ser una Persona con Alta Sensibilidad (PAS) y, sobre todo, de cómo aprender a habitar este mundo sin “morir en el intento”.
¿Qué es eso de ser PAS, más allá de sentirlo todo? La alta sensibilidad no es un capricho ni una moda. Es un rasgo de personalidad heredado que está presente en aproximadamente un 20-30% de la población.
No es un trastorno, no es un diagnóstico, es simplemente una forma de estar en el mundo. La psicóloga Elaine Aron, que fue quien puso nombre a este rasgo, identificó cuatro características que definen a las personas altamente sensibles.
Primero, procesamiento profundo, tu cerebro no se queda en lo superficial. Necesitas darle vueltas a las cosas, analizarlas desde todos los ángulos, entender los matices. No eres una persona “lenta”, eres una persona “minuciosa”.
Segundo, sobreestimulación, como captas más detalles y más intensos, llegas antes al límite. Tu vaso se llena antes que el de los demás.
Tercero, alta emocionalidad y empatía, es decir, sientes las cosas con mucha fuerza. Las emociones propias y, sobre todo, las ajenas, te atraviesan.
Y cuarto, sensibilidad a las sutilezas, eres de los que notan el cambio de luz, el gesto casi imperceptible, el tono de voz que no termina de encajar. Percibes lo que otros pasan por alto.
Hasta aquí la teoría. El problema viene cuando esto lo juntas con una sociedad que va como una moto de carreras.
El desajuste: una persona sensible en un mundo insensible
Vivimos en una cultura que premia la rapidez, la competitividad y la acumulación. Se valora al que responde rápido, al que no aparenta dudas, al que impone su criterio, al que tiene más cosas materiales.
Y en medio de todo esto, aparece una persona que necesita pausa, que prefiere cooperar antes que competir, que se para a pensar antes de actuar y que, además, siente el impacto de cada estímulo con una intensidad diez.
El resultado es que muchas PAS crecen con la sensación de ser «demasiado», en el sentido de ir a los extremos, demasiado sensibles, demasiado lentas, demasiado raras.
El problema no es tu sensibilidad
Escuchan frases como «no le des tantas vueltas», «eres una exagerada», «tienes que ser más fuerte», y terminan por creerse que su forma de ser es un problema que hay que corregir. Pero en realidad, el problema no es tu sensibilidad.
El problema es que el entorno no está preparado para todos por igual. Las personas altamente sensibles no tienen un defecto de fábrica.
Las PAS tienen, sencillamente, un sistema nervioso con mayor capacidad de captar información y de procesarla. Y lo que necesitan no es cambiar, sino aprender a gestionarse en un mundo que no está pensado para ellas.
Pautas para sobrevivir y tener calidad de vida siendo PAS
Si te identificas con todo esto, igual te preguntas ¿y ahora qué hago? ¿Me encierro en una cabaña en el campo y desconecto del mundo?
No sería mala idea de vez en cuando, pero como no siempre es posible, aquí van algunas claves que pueden ayudarte en el día a día.
Valida tu forma de ser y deja de pedir perdón por ser como eres (1)
Lo primero y más importante, tienes que entender que tu sensibilidad no es un error. Ser PAS es una forma legítima de estar en el mundo. Deja de disculparte por sentir mucho, por necesitar pausa, por no soportar ciertos ambientes. Cuando te validas a ti misma, dejas de depender de que los demás lo hagan.
Aprende a decir «No» (2)
Como tu sistema capta más, necesitas protegerlo más. Y eso significa aprender a poner límites. Negarte a según qué planes, alejarte de personas que te desgastan, pedir silencio cuando lo necesitas, apagar el móvil, irte de una reunión cuando notas que la cabeza ya no da más de sí. No es egoísmo, es autoconocimiento.
Gestiona la sobrecarga antes de que llegue (3)
Las personas sensibles tendemos a esperar a estar agotadas para parar. Y eso no funciona.
Es mejor hacer pausas pequeñas y frecuentes, tales como, cinco minutos de silencio entre reunión y reunión, un paseo a solas, apagar las noticias, no llevar el móvil al dormitorio. Piensa en pequeñas dosis de vacío que te ayuden a drenar.
Rodéate de personas que te entiendan, o al menos que no te juzguen (4)
No todo el mundo va a comprender tu forma de ser, y eso está bien. Pero necesitas tener a alguien con quien puedas ser tú, sin filtros.
Una amiga, un familiar, un grupo de personas PAS. Gente con la que no tengas que explicar por qué hoy no puedes, por qué necesitas irte, por qué una tontería te ha afectado tanto.