Entender el Alzheimer hoy: diagnóstico precoz, avances médicos y esperanza de futuro - Levin Public Health Affairs

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La enfermedad de Alzheimer es una de las mayores preocupaciones de salud pública de nuestro tiempo, que solo en España afecta a más de 800.000 personas transformando profundamente su vida y la de sus familias. Más allá de la pérdida de memoria, esta enfermedad neurodegenerativa plantea importantes desafíos médicos, emocionales y sociales.

Hoy nos acercamos a ella de la mano de un especialista, el doctor Cristóbal Carnero Pardo*, del Hospital Universitario Virgen de las Nieves de Granada, quien nos dedica una entrevista en la que nos aporta una visión experta sobre el presente y futuro del Alzheimer.

Doctor Carnero, en los últimos años se ha hablado mucho de la importancia del diagnóstico precoz. ¿Por qué sigue siendo tan difícil diagnosticar la enfermedad de Alzheimer en fases tempranas?

El diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer (EA) se basa en la presencia de un deterioro cognitivo y la comprobación de la existencia de un depósito intracerebral de dos proteínas anómalas, el beta-amiloide y la proteína tau. Esta comprobación inicialmente sólo se podía confirmar con el examen post-mortem o analizando una biopsia cerebral mediante procesos complejos, caros y poco accesibles.

Sin embargo, en los últimos años se han desarrollado pruebas analíticas que cuentan con la misma utilidad y precisión diagnóstica que las anteriores y que se llevan a cabo en una muestra de sangre. Estas pruebas aún pendientes de ser autorizadas, permitirán en un futuro muy próximo un diagnóstico precoz, fácil, económico y accesible de la EA.

Supongamos que alguien de nuestro entorno comienza a comportarse de manera ligeramente diferente en el día a día. ¿En qué momento debemos considerar que no es algo anecdótico?

El síntoma inicial y más característico de la EA es la pérdida de memoria reciente y la dificultad para formar nuevos recuerdos.

Cualquiera de estos cambios que voy a enumerar a continuación debería servir de alerta y no solo para los familiares directos, sino también para los profesionales sanitarios: los olvidos cotidianos, como no recordar citas o no encontrar las cosas; repetir las preguntas o lo que ya han contado; dificultades en el lenguaje, en la orientación o en el reconocimiento de las personas, e incluso problemas para resolver los problemas más cotidianos.

Lo que sucede es que estos síntomas van aumentando en frecuencia y severidad y de forma progresiva van afectando al día a día del paciente.

Doctor, ¿qué cambios cree que deberían implementarse en nuestro sistema sanitario para adaptarse a un nuevo enfoque más proactivo en el abordaje del Alzheimer?

Nuestro sistema sanitario debe prepararse para responder a dos importantes retos; por un lado, el factor demográfico que hará que todos los problemas de salud relacionados con el envejecimiento, entre ellos, la EA y procesos relacionados, se multipliquen, y por el otro, los avances en el diagnóstico y en el tratamiento, que permitirán un diagnóstico muy precoz, incluso presintomático y, por tanto, exigirán una intervención prolongada en el tiempo que se prevee compleja y variada y que pondrá a prueba la capacidad de respuesta del sistema sanitario, para la cual será esencial la coordinación entre niveles e intersectorial.

En este sentido, sería esencial fomentar y facilitar la formación de los distintos profesionales implicados y, la creación de unidades específicas que puedan dar una respuesta global a los múltiples desafíos que se plantean y que facilitara la coordinación entre los distintos niveles asistenciales y otros sectores implicados (servicios sociales, etc.).

¿Y las políticas públicas? ¿Qué papel deberían jugar en este cambio de paradigma? ¿Qué medidas considera más urgentes?

El papel de los poderes públicos va mucho más allá del diagnóstico y tratamiento de la EA. Hoy día sabemos que los procesos patológicos que terminan produciendo la EA, comienzan décadas antes de que aparezcan los síntomas. La EA en sí, es tan sólo la última etapa de un largo proceso cuya expresión clínica está sujeta a la influencia de múltiples factores que o bien pueden modificar la agresividad del proceso patológico o bien, la resistencia y resiliencia del individuo frente al mismo.

Algunos de estos factores, como la edad, el sexo o la dotación genética, no son modificables. En cambio, existen múltiples factores potencialmente corregibles y modificables que pueden retrasar e incluso evitar la expresión clínica de este proceso.

Fíjese, la Lancet Commission considera que existen 14 factores modificables cuya corrección podría evitar más de 40% de los casos de deterioro cognitivo; estos factores se sitúan a lo largo de toda la vida y no necesariamente tienen que ver con aspectos médicos o sanitarios (nivel educativo, polución, etc).

Sin duda, los poderes públicos tendrán que potenciar este enfoque preventivo e intersectorial a través de políticas de Estado más allá de la simple atención sanitaria. Esto, unido a la inminente aparición de tratamientos modificadores de los procesos patológicos que producen la EA, conducirán a un cambio de paradigma que deje de considerar la EA como una enfermedad y pase a ser considerada como una condición. De este modo se intentará a través de múltiples y variadas intervenciones seriadas a lo largo del tiempo, evitar o retrasar en lo posible su última fase de enfermedad propiamente dicha.

Para terminar, ¿qué mensaje le gustaría trasladar a las personas que están empezando a notar síntomas o que acaban de recibir un diagnóstico?

El mensaje no puede ser otro que el de ánimo y esperanza. Además, no debemos olvidar la inminente disposición de fármacos que potencialmente puedan influir en los procesos patológicos subyacentes y que puedan ser utilizados en fases precoces e incluso en fases asintomáticas en las que se están ensayando.

En definitiva, el cambio conceptual desde enfermedad a condición, hacen prever que en un futuro que se antoja al alcance de la mano, la EA pase de ser un enfermedad terminal, incurable y con tremendas repercusiones no sólo a nivel personal sino también familiar y social, a ser una condición con un manejo a largo plazo que permita un adecuado control de estas implicaciones a través del retraso o evitación de su expresión clínica.

Doctor Cristóbal Carnero Pardo

*Neurólogo, Doctor en Medicina, Master en Salud Pública Y Diploma Superior de Epidemiología e Investigación Clínica por la Escuela Andaluza de Salud Pública y la Universidad de Granada. En la actualidad desarrolla su labor profesional como Jefe de Sección de Neurología y responsable de la Unidad de Neurología Cognitivo-Conductual del Hospital Universitario Virgen de las Nieves de Granada.
Es autor de más de cincuenta artículos en revistas nacionales y extranjeras y capítulos de libros, que abordan en general temas relacionados con la detección precoz del deterioro cognitivo y la demencia. 

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