La formación en prevención de riesgos sirve para aumentar la seguridad en el trabajo y para cumplir con las normativas actuales. Además de reducir los riesgos, se mejoran los hábitos y se refuerza la cultura preventiva de la empresa.
La formación en prevención de riesgos: un derecho y una obligación
La formación en prevención de riesgos laborales, conocida como PRL, es una obligación legal que está recogida en la normativa española. De acuerdo con esta, todas las personas que trabajen en una organización, del tipo que sea, deben recibir formación teórica y práctica en materia preventiva relativa a su puesto de trabajo y a las funciones que desempeñan. Es decir, que debe tratarse de formación personalizada y no en contenidos genéricos.
Pero además de una obligación para la empresa, también es un derecho del trabajador. No solo debe recibirla, sino que además debe ser gratuita, impartirse dentro de la jornada laboral siempre que sea posible y actualizarse cada vez que cambien las condiciones del puesto, se introduzcan nuevas tecnologías o se detecten nuevos riesgos.
De este modo, la prevención no se concibe como un simple trámite, sino que se integra de manera consciente en el día a día de la empresa. El objetivo es reducir los accidentes laborales y mejorar el clima laboral y la productividad. Cuando un trabajador conoce los riesgos y sabe cómo actuar ante ellos es más eficiente, comete menos errores y contribuye a que el espacio de trabajo sea más seguro para todo el equipo.
¿Cómo impartir la formación en PRL?
Si se desea impartir formación en prevención de riesgos laborales, hay que tener en cuenta que la información debe proceder de fuentes autorizadas. Y además, los contenidos deben ser fáciles de entender y poderse aplicar en el trabajo diario.
Quién puede impartir la formación en PRL
La formación debe ser impartida por personal cualificado en prevención de riesgos laborales. Es decir, técnicos de prevención con la formación adecuada según el nivel requerido, que puede ser básico, intermedio o superior. También servicios de prevención ajenos o propios que cuenten con profesionales acreditados.
En algunos casos, la empresa puede impartir la formación internamente, siempre que disponga de personal con la capacitación necesaria. Sin embargo, cada vez es más frecuente externalizar este servicio para garantizar que los contenidos están actualizados y que se ajustan a la normativa vigente.
Adaptar la formación al puesto de trabajo
Uno de los aspectos más importantes es que la formación sea específica. Cada puesto tiene sus propios riesgos, y por tanto, los contenidos deben adaptarse a las tareas que realizan. Un paso previo es el análisis de dichos riesgos, ya que luego la formación se diseñará en función de cuáles sean. Los contenidos genéricos pueden servir de base, pero son insuficientes para cumplir con la normativa y para garantizar que la prevención sea realmente eficaz.
Combinar teoría y práctica
La formación en PRL debe incluir una parte teórica y otra práctica. La primera sirve para que se pueden entender los riesgos del puesto y las medidas preventivas. La práctica es la que facilita que esos conocimientos se apliquen luego en la realidad. Consiste en simulaciones, demostraciones o ejercicios prácticos, que ayudarán a que la información se interiorice mejor y se sepa cómo actuar en situaciones concretas.
Utilizar metodologías claras y accesibles
Para que la información se entienda, el lenguaje debe ser claro, acompañarse de materiales visuales e incluir ejemplos reales. También se debe adaptar el formato a las características del equipo. Este puede ser presencial, online o mixto; ninguno es mejor que otro, ya que lo que importa es que se puedan asimilar bien los contenidos y que exista la opción de resolver al momento las dudas que surjan.
Registrar y documentar la formación
La ley obliga a que haya constancia de los contenidos, las fechas, la duración y la asistencia de los trabajadores. Este registro sirve también para que sea más fácil hacer un seguimiento de lo que ya se ha impartido y lo que no, y para planificar las siguientes formaciones.
Estas se tendrán que actualizar siempre que cambien las condiciones del trabajo, se introduzcan nuevas herramientas o se identifiquen riesgos que no están incluidos. También se recomienda que haya recordatorios periódicos que refuercen los conocimientos adquiridos. Para que una prevención sea eficaz, se necesita continuidad y seguimiento.
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