Carlos Sadness: “La creatividad es bastante indomable y caprichosa: te viene cuando menos te lo esperas” - Hello Valencia

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Junio inaugura la temporada de festivales y, con ella, ese regreso inevitable a los veranos que permanecen en la memoria. En ese momento de euforia colectiva, Carlos Sadness presenta su nuevo single, Arenal Sound, una canción que se adentra de lleno en la nostalgia festivalera que, de una forma u otra, todos compartimos. 

Este fin de semana, además, el artista subirá al escenario del Festival de Les Arts, en Valencia, una ciudad clave en su trayectoria. Hablamos con él sobre su nuevo proyecto, la evolución de los festivales y ese punto exacto en el que la creatividad aparece cuando menos se espera.

Este fin de semana actúas en el Festival de Les Arts, en Valencia. ¿Qué opinas del festival, y qué vínculo sientes con el público valenciano?

Me cuesta mucho describir a un público por la zona geográfica, es difícil, pero es cierto que hay ciudades donde uno conecta más que en otras, y yo creo que Valencia sin duda es una de las capitales para mí. Es uno de los lugares donde empecé tocando, desde la Sala Wah Wah, que recuerdo haber tocado allí, esa sala pequeñita, y recuerdo perfectamente esos conciertos.

Y de ahí, a llegar a mi primer Les Arts, donde me di cuenta de que en Valencia había realmente una conexión muy bonita con mi música. Y tengo la suerte de seguir manteniéndola, de seguir tocando mucho en esta ciudad y en este festival, que de verdad es uno de los que siento que más encajo.

Arenal Sound es tu nuevo tema, que además es el adelanto de tu próximo álbum. ¿Cómo te has inspirado para crearla? ¿Qué te llevó a escribirla?

El darse cuenta, a veces, que supongo que nos pasa en la vida a medida que nos vamos haciendo mayores, de que algo que parece o que damos por hecho que es parte del presente, un día lo vemos más en el pasado que en el presente. Es como cuando algo se convierte más en un recuerdo que en algo actual.

Si ahora nos hablan del Arenal Sound, lo relacionamos más con algo adolescente, juvenil, de música urbana… de esos primeros festivales a los que íbamos y que vivimos no hace tanto pero ahora, si regresamos, ya no es lo mismo. Es un poco esa especie de nostalgia de los primeros festivales, de los primeros veranos festivos, lo que me llevó a escribir la canción. Sobre todo porque también está situada en lugares donde yo sigo tocando.

En relación con esa nostalgia que comentabas y con aquellos primeros festivales, ¿Cómo has vivido tú esa evolución? ¿Dirías que han cambiado mucho en tu experiencia?

Sobre la evolución de los festivales, creo que nosotros hemos evolucionado con ellos. Es decir, juzgar su evolución sin observar el contexto no sería justo, porque también nosotros escuchamos más música, tenemos menos prejuicios, y en ese sentido los festivales también se han abierto bastante.

Cuesta imaginar hoy en día un festival como los de hace 10 o 15 años, que eran bastante más de nicho. Ahora todo se ha vuelto más accesible para todo el mundo, con mayor asistencia. Pero creo que nosotros también hemos ido un poco en esa dirección, y todo el mundo en general. Ya no solo las personas, sino también las cosas en el mundo tienen un carácter más normativo que hace unos años, lo cual también es un aviso de que la personalidad está en cierta crisis.

Pero también veo un punto positivo en el hecho de que los festivales sean un poco más flexibles en cuanto a tener más variedad musical; no lo veo algo negativo tampoco.

¿Cómo crees que ha evolucionado Carlos Sadness y su música desde aquellos primeros discos y aquellas primeras canciones?

Para mí, mi carrera musical empieza en 2012, cuando lanzo el primer disco, Ciencias Celestes, que es un disco de música pop indie, un poquito folk. Es un disco que va bien, pero que tampoco me hace vivir de la música.

En aquel momento no sabía si me iba a dedicar a esto o no, pero me quedaba como un disco por contrato con la compañía, y entonces fue cuando hice La idea salvaje, y ese disco sí conectó mucho con la gente y me llevó a poder dedicarme a la música.

Entonces, supongo que la evolución para mí es muy difícil de notar. Es como cuando alguien tiene un cachorro que no nota que crece desde dentro, pero la gente sí que lo va viendo.

De alguna manera, yo siempre he procurado que la música sea muy transparente a lo que soy yo, que haya mucha naturalidad en eso. Y pienso que, al final, ese carácter o esa personalidad que eso le aporta a las canciones está un poco por encima de que el género vaya más hacia un lado o hacia otro.

Mi intención sería más hacer una obra o unos discos que sean muy de autor, más que de un género en sí. Al final, lo que pienso es que la gente escuche a Carlos Sadness por la narrativa, más que por el momento de tendencia que corresponda a un estilo musical.

De hecho, tienes un estilo muy personal y conectas muchísimo con la gente, tanto por tu música como por ese “buenrollismo” que transmites ¿Qué puntos crees que son los que más conectan con tu público?

Yo a nivel personal soy una persona optimista, positiva y me gusta mucho hacer bastante humor en la vida. Y entonces supongo que eso es algo que en las canciones está también, de algún modo, aunque quizá no de una manera tan explícita, pero sí en el lenguaje. Esa sensibilidad positiva, pero a la vez consciente, de lo que es el mundo y de sus matices, intento que esté en la música.

Para mí, la música es la oportunidad de tener instantáneas de muchos momentos de mi vida y de cómo me siento, cómo vivo el mundo.

Al final imagino que hay gente con una sensibilidad parecida a la mía que conecta con eso y, como siempre hago ese ejercicio de naturalidad, de ser yo mismo, pues ahí sí que existe esa conexión. De hecho, me siento también muy acogido cuando a veces me cruzo con gente que me escucha y hablo un poco con ellos; suele ser gente que vive parecido a mí, y quizá se sienten identificados con los temas que trato.

Pero también es verdad que no soy un artista mainstream, que suene en radio o que tenga un alcance enorme como para pensar que esa conexión es universal. Pienso que al final es una gente determinada, la gente que me consume.

Tu nuevo tema, Arenal Sound, lo has trabajado junto a Ferran Gisbert, de Alizzz ¿Por qué esta colaboración, qué ha aportado al tema y qué opinas en general sobre las colaboraciones?

Yo soy como un poco el veneno y el antídoto. Es verdad que a mí me encanta hacer colaboraciones, pero muchas veces tanta colaboración hace que se pierda un poco el universo personal del artista.

Para mí, una colaboración me gusta cuando está justificada, cuando mezcla bien esos universos, y esos universos empastan y maridan. Me gusta mucho cuando pasa eso, pero generalmente disfruto más de una canción que no sea una colaboración, porque tengo como un poquito más de ese artista para mí.

En este caso, Ferran Gisbert trabaja en la producción, que es un poco más la parte técnica y del sonido de la canción, y no es tanto una colaboración vocal o de composición.

He hecho colaboraciones que también me han servido para mezclar mi música con sonidos de Latinoamérica, como en el caso de Amor papaya con Caloncho o Todo estaba bien con Manuel Medrano, que son artistas que aquí la gente no sitúa mucho, pero sin embargo estas canciones han llegado a mucho público en España.

Y también, de alguna manera, para mí es bonito que esos artistas con los que comparto una gran amistad o cuya música admiro, poder abrirles esa ventanita y que la gente de aquí les escuche.

Los videoclips y la estética de casi todos tus temas son bastante cinematográficos y con un estilo muy marcado. ¿Cómo planteas una nueva producción a nivel visual cuando surge un nuevo tema?

Aquí tienes que saber que yo quería ser pintor de pequeño, entonces el tema del arte a través de la imagen, de lo plástico, siempre ha sido algo que me ha atraído y que me sigue embobando, que sigue estando dentro de mí. 

En ese sentido, cuando compongo una canción, de algún modo ya estoy visualizando si es de día o de noche, el tipo de paisaje, la escena… Está muy en mi cabeza esa parte visual de las canciones.

Cuando encuentras a alguien que cuadra contigo para poder convertir eso en un vídeo, es muy agradable, porque puedes delegar en esa persona. Trabajo mucho con Lyona, por ejemplo, y creo que ella me ha ayudado mucho a construir todo eso que yo tenía en la cabeza a través de sus habilidades y su sensibilidad.

Volvemos a lo mismo: es una sensibilidad parecida a la mía y nos entendemos. Y enseguida ella complementa lo que yo hago a través de la música.

Incluso en la elección de las palabras muchas veces me doy cuenta de cómo introduzco la noche para que se vea que es algo nocturno, o cómo introduzco la mañana, o pequeñas pistas en la letra, como ciertas palabras, para que la gente también pueda dibujar eso en su cabeza.

Mucha gente me dice: “no, pero tus canciones son muy playeras”, y pienso: bueno, porque en algún momento he dicho algo de la arena, en algún momento he dicho algo de una palmera o del viento… y entonces la gente las lleva a un paisaje con dos o tres toquecitos de color.

¿Qué canción dirías que no puede faltar en un concierto tuyo? Ese tema que, pase el tiempo que pase, es casi obligado de tocar.

Pues yo me alegro de no tener tan claro eso, porque realmente mis canciones conocidas están muy repartidas a nivel de escuchas y de opiniones. Hay mucha gente que de pronto entró con Isla Morenita y está muy conectada con eso, pero hubo gente que entró un poco antes con Te quiero un poco, y de pronto también hay gente que entró antes con Qué electricidad.

Hay gente más reciente que entró con Todo estaba bien, y luego gente que redescubrió Física moderna y la ha convertido en su favorita, porque en su momento no se trabajó como single, pero es una canción que la gente ha ido rescatando y reivindicando.

Así que bueno, entre esas y Amor papaya, hay un repertorio de cinco o seis canciones que siempre me acompañan en los conciertos y festivales y que me aseguran un poco que el público que viene sin conocerte demasiado se lo pueda pasar bien, que también siento que es muy positivo.

Has hablado de salas pequeñas… ¿Eres más de ellas o de escenario grande?

El festival tiene una cosa muy especial y una energía muy bonita, pero es verdad que también te puedes encontrar en situaciones en las que mucha gente ha ido a hablar, a pasárselo bien y no presta tanta atención a la música, y eso forma parte también un poco del “precio a pagar”.

Esto es algo que en la sala es mucho más difícil que pase. En la sala hay como una comunión bastante sólida entre las canciones y el público.la verdad es que no hay una fórmula preferida.

Yo creo que cuando haces un verano en festivales te apetece mucho un invierno de salas, porque echas de menos ciertas cosas. Y después de ese invierno de salas dices: “qué guay un festival, que van a venir aquí 30.000 personas a verme”.

¿Cómo definirías tu próximo disco? ¿Tiene algo diferencial con respecto a otros trabajos tuyos o sigues un poco en la misma línea?

Bueno, es un poco pronto para hablar de eso porque todo de momento está absolutamente inédito, pero sí siento que hay como un antes y un después en mi vida en estos últimos años respecto a mi relación con la música, el arte y mi relación con la compañía discográfica. Estuve 15 años en Sony y salí, entonces todo eso ha generado también un duelo con mi vocación, con el mundo actual, que me ha llevado a escribir cosas o a hablar de ciertas cosas que de alguna manera son nuevas en mi vida, pero que sigo siendo yo el que las escribe.

Entonces hay mucho de mí, pero también cosas que quizá no se habían hablado. Quizá es un disco menos centrado en algunas cosas más vanidosas o hedonistas, que son más comunes en el pop, y es un poquito más existencial en algunos momentos, sin que se convierta tampoco en un viento de desamor, no sé si se entiende.

Sigue teniendo sus toques de luz, pero creo que abarca la vida desde otro punto de vista, también desde una fase más avanzada, no me gusta utilizar lo de “maduro”, estoy lejos de serlo.

Carlos, por último, ¿dónde o cuándo te inspiras más?

Pues yo escucho mucho eso de que “la inspiración te pille trabajando” y como que hay que sentarse con la creatividad, y la verdad es que no creo tanto en ello. Yo creo que la creatividad es bastante indomable y caprichosa: te viene cuando menos te lo esperas.

Siento que muchas veces, cuando estoy duchándome o haciendo cosas en casa, ese tipo de cosas en las que uno no puede estar entretenido viendo reels o mandando mails o contestando a alguien, sino que estás en un circuito de pensamientos pero con la mente ocupada en algo muy sencillo, como conducir

es cuando me visitan pensamientos sobre lo que está pasando en mi vida, lo que estoy proyectando, y me vienen frases.

Y en algún momento, alguna de esas frases, en vez de simplemente pensarlas, la canto en mi cabeza y pienso: “mira, creo que esto es el inicio de una canción” o “esto es el inicio de un estribillo”, esa frase que resume algo que está pasando ahora en mi vida.

Así que para mí la inspiración es como una cosa que está funcionando con esa materia prima de todo lo que hay en tu cabeza y que, en algún momento en el que te encuentras despistado y vulnerable, sopla para que eso se convierta en algo más bonito.

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