Amal lo tenía todo bajo control. O eso parecía. Cada día cumplía, rendía, respondía. Llevaba una máscara bien ajustada — la de alguien que puede con todo, que no duda, que no se rompe. Hasta que algo dentro empezó a ceder. No de golpe. No de forma visible. Como se desplaza la luz a lo largo del día: sin ruido, sin pedir permiso.
Así comienza Sostener Sin Dejar de Ser, la primera novela de Éder Martínez Campoy, publicada por la Editorial Autografía en mayo de 2026. Una obra que arranca donde muchas historias tienen miedo de hacerlo: en el interior de un hombre que se ha ido borrando a sí mismo, decisión tras decisión, sin que nadie a su alrededor lo note. Y sin que él mismo se atreva a mirarlo de frente.
Cuando la presión se vuelve insoportable, Amal desaparece. Despierta en una ciudad extrañamente perfecta: todo funciona con una precisión inquietante. Las personas, las rutinas, incluso las emociones parecen filtradas. Nada duele… pero tampoco nada es del todo real. Lo que parece un refugio resulta ser un espejo: una proyección de todo lo que ha evitado enfrentar. Aquí, guiado por una figura enigmática, Amal tendrá que interactuar con sus propios recuerdos y con la pregunta que lleva años sin responder.
Martínez Campoy construye su ciudad interior con una lógica propia: las calles vibran cuando el protagonista miente, los edificios se fracturan cuando evita el dolor, y la única forma de avanzar es nombrar lo que se lleva dentro. Una metáfora del inconsciente que funciona, paradójicamente, como crónica muy contemporánea del burnout, la disociación y la dificultad de sostener una identidad auténtica bajo presión continua.
“¿Qué queda de uno… cuando ya no es posible sostener lo que se era?”
Introducción de la novela
Lo que hace especial a esta novela no es solo su premisa, sino su honestidad. Hay una voz que sabe cómo se siente llegar tarde a tu propio día, releer las cosas tres veces sin que entren, sonreír en el momento justo como si alguien más lo activara por ti. Una voz que no promete soluciones, sino algo más útil: el reconocimiento.
El clímax de la novela es a la vez psicológico y épico. Y su resolución es la más honesta posible: no se trata de arreglar lo que está roto. Se trata de aprender a sostenerlo sin dejar de ser. Un primer libro con la madurez narrativa de alguien que ha pensado mucho sobre la condición humana antes de ponerse a escribir.
➤ Sostener Sin Dejar de Ser está disponible en www.autografia.es. Una lectura para quienes alguna vez sintieron que la versión de sí mismos que mostraban al mundo pesaba demasiado.
15 PREGUNTAS PARA EL AUTOR
BLOQUE I — Proceso creativo y voz narrativa
- ¿Cuándo y cómo nació la idea de Sostener Sin Dejar de Ser? ¿Fue a partir de una experiencia personal, de una observación o de una imagen concreta?
Sostener Sin Dejar de Ser nació de preguntas que rondaban mi cabeza: ¿cuánto puede una persona cuidar, amar o acompañar a otros sin desaparecer un poco en el intento?
No hubo un único instante revelador, fue más bien una suma de pequeñas escenas: conversaciones escuchadas al vuelo, silencios demasiado largos, personas fuertes haciendo equilibrios invisibles… y también algunas grietas propias.
La idea terminó de tomar forma con una imagen muy concreta que no me abandonaba: alguien sosteniendo muchas cosas entre las manos mientras intenta, con cierta dignidad y bastante humor, no dejar caer su propia identidad al suelo.
A partir de ahí, la historia empezó a pedirme espacio. Y yo, que tengo poca autoridad frente a las historias insistentes, acabé escribiéndola.
- La novela combina realismo psicológico con una ciudad interior especulativa. ¿Cómo construiste ese espacio? ¿Tenía referentes literarios o fue un proceso más intuitivo?
La ciudad interior fue, probablemente, el personaje más difícil de construir… porque no quería que pareciera un decorado raro puesto ahí para impresionar al lector. Me interesaba que funcionara como funcionan ciertas emociones: reconocibles y extrañas al mismo tiempo.
La construí mezclando bastante intuición con observación psicológica. Mientras escribía, pensaba menos en “inventar un mundo” y más en traducir estados internos a espacios físicos: barrios que se expanden como la ansiedad, edificios que guardan memoria, zonas donde uno puede perderse aunque conozca el camino. Quería que la ciudad tuviera lógica emocional antes que lógica urbanística.
Estoy interesado en muchísimos autores pero no hay ningún referente en concreto flotando en el ADN del manuscrito.
- La prosa es muy fragmentada: párrafos cortos, silencios, frases suspendidas. ¿Fue esa voz algo que surgió desde el principio o la fuiste encontrando?
Al principio intenté escribirla de una forma más convencional, más continua, descriptiva y personal. Sin embargo, poco a poco fui cambiando la prosa. Fue algo que tuve que escuchar durante bastante tiempo hasta entender cómo respiraba la novela.
- Vienes del Derecho y de las finanzas. ¿Qué te dio esa formación como escritor? ¿Y qué tuviste que desaprender?
Venir del Derecho y de las finanzas me dejó algunas herramientas muy útiles para escribir… aunque también ciertos reflejos que tuve que desmontar pieza por pieza, como quien desarma un reloj para escuchar mejor el tiempo.
El Derecho me enseñó a observar cómo las personas justifican lo que sienten. Al final, muchos conflictos jurídicos son también conflictos narrativos: versiones enfrentadas de una misma realidad, silencios estratégicos, verdades incompletas. Creo que eso me ayudó mucho a construir personajes con contradicciones reales y no simplemente “buenos” o “malos”.
Las finanzas, en cambio, me dieron una conciencia muy clara de la estructura. Incluso las historias más emocionales necesitan arquitectura interna, ritmo, tensión, equilibrio. Una novela también tiene algo de sistema vivo: si una pieza falla, tarde o temprano el edificio lo nota.
Pero tuve que desaprender varias cosas. Sobre todo la obsesión por explicarlo todo y por cerrar cada idea con precisión quirúrgica. La literatura funciona de otra manera: a veces una ambigüedad dice más que una conclusión impecable. En los contratos, dejar un hueco puede ser peligroso; en las novelas, a veces es exactamente ahí donde entra el lector.
- ¿Cuánto tardaste en escribir esta novela? ¿Hubo momentos en que quisiste abandonarla o reescribirla desde cero?
Para mi sorpresa tarde mucho menos de lo que nunca hubiese imaginado. En apenas 3 meses la tenía montada y terminada. En ningún momento quise abandonar ni reescribirla, al contrario, deseaba que llegase la hora de ir a la cama para inspirarme y seguir escribiendo.
BLOQUE II — Temas: identidad, burnout y el inconsciente
- Amal ha aprendido a funcionar sin estar del todo presente. ¿Ves ese mecanismo —rendir hacia fuera, desaparecer hacia dentro— como un fenómeno colectivo de nuestra época?
Sí, completamente. Creo que Amal lleva ese mecanismo al extremo, pero precisamente por eso resulta reconocible para mucha gente. Vivimos en una época que premia muchísimo la funcionalidad exterior: seguir produciendo, seguir respondiendo mensajes, seguir llegando a todo con una sonrisa razonable y batería emocional en modo ahorro. Y mientras tanto, muchas personas van posponiendo su propia presencia interior como quien deja una actualización pendiente de su propio sistema operativo.
Me interesaba explorar esa forma contemporánea de ausencia silenciosa. No el gran colapso visible, sino algo más sofisticado y socialmente aceptado: personas que funcionan perfectamente… mientras se van desconectando poco a poco de sí mismas. Amal no deja de vivir, deja de habitarse del todo. Y creo que ahí hay algo bastante colectivo.
La novela intenta preguntarse qué ocurre cuando alguien lleva tanto tiempo sobreviviendo hacia fuera que ya no recuerda cómo volver hacia dentro sin sentirse extranjero en su propia vida.
- La novela trabaja el burnout sin nombrarlo directamente. ¿Fue una decisión consciente no poner etiquetas clínicas a lo que vive Amal?
Sí, fue una decisión bastante consciente. No porque crea que las etiquetas clínicas sean negativas, al contrario: muchas veces ayudan a comprender, pedir ayuda y poner nombre a experiencias que durante años se vivieron en silencio. Pero en el caso de Amal me interesaba moverme en una zona más humana que diagnóstica.
Quería explorar cómo se siente habitar ese desgaste desde dentro, antes de que aparezca convertido en término, informe o explicación racional. Porque muchas personas no viven su agotamiento diciendo “tengo burnout”. Lo viven diciendo: “no sé por qué ya no consigo emocionarme”, “todo me pesa un poco”, “funciono, pero estoy lejos”.
Además, me interesaba evitar que el lector leyera a Amal únicamente desde una categoría clínica. A veces, cuando ponemos una etiqueta demasiado pronto, corremos el riesgo de cerrar la conversación en lugar de abrirla. Y yo quería justamente lo contrario: que cada lector pudiera reconocer en ella distintas formas de cansancio contemporáneo, emocional, afectivo o existencial.
- La ciudad perfecta como espejo del inconsciente es una metáfora muy potente. ¿Qué querías que ese lugar simbolizara exactamente?
Más que simbolizar una sola cosa, quería que la ciudad funcionara como un espejo emocional en movimiento. Un lugar donde lo que normalmente escondemos, aplazamos o racionalizamos en la vida cotidiana adquiriera forma física. En cierto modo, la ciudad perfecta de la novela no está construida con hormigón, sino con mecanismos interiores: miedo, deseo, memoria, culpa, necesidad de control, cansancio, esperanza…
Me interesaba especialmente esa idea de “perfección” contemporánea que por fuera parece impecable, eficiente y luminosa… pero que, observada de cerca, resulta profundamente frágil.
Supongo que, en el fondo, la novela pregunta si una vida perfectamente sostenida puede acabar convirtiéndose también en una forma elegante de desaparición.
- La figura enigmática que guía a Amal parece ser una versión de su propia conciencia. ¿Cómo definirías ese personaje?
Me interesaba que ese personaje existiera justo en una zona ambigua: suficientemente real como para afectar a Amal, pero también lo bastante simbólico como para que el lector nunca termine de encerrarlo en una definición cómoda.
Creo que, en el fondo, representa esa parte de nosotros mismos que sigue observándonos incluso cuando llevamos años evitándonos. No exactamente una conciencia moral clásica, sino algo más complejo: una especie de memoria emocional, una lucidez incómoda, la voz que aparece cuando el ruido exterior por fin baja un poco el volumen.
Y al mismo tiempo, me interesaba que tuviera algo casi onírico. Como esas personas que uno encuentra en sueños y que parecen conocernos mejor de lo que nosotros mismos nos conocemos. Hay personajes que empujan la trama; este, en cambio, empuja la conciencia de Amal.
Supongo que podría definirse como una mezcla entre guía, espejo y síntoma. Una presencia que no sabemos del todo si viene de fuera o si siempre estuvo dentro esperando el momento exacto para hablar.
- La conclusión no es una curación, sino una aceptación. ¿Esa fue siempre la llegada del libro o lo descubriste mientras escribías?
La conclusión fue una idea terapéutica que surgió sobre la marcha. Fue un punto de autodescubrimiento personal.
BLOQUE III — Personajes y lector
- Amal es un nombre de origen árabe que significa “esperanza”. ¿Fue una elección deliberada?
Sí, fue totalmente deliberada. En principio, el protagonista no tenía nombre, de hecho, fue una de las cosas que más me costó. Una vez terminé la novela decidí buscar nombres ambiguos (unisex) de género que significasen esperanza, fe o luz, provenientes de diversos orígenes culturales. Tras estudiar varias opciones, fue Amal el que más me inspiró.
- ¿Hay algo de ti en Amal? ¿O el personaje fue tomando distancia de tu propia experiencia según avanzabas?
Sí, hay algo de mí en Amal, inevitablemente. Creo que todos los escritores terminan dejando pequeñas huellas emocionales en sus personajes, incluso cuando se intenta esconderse elegantemente detrás de la ficción.
Comparto con él ciertas preguntas más que ciertas experiencias concretas. Esa sensación de exigencia constante, de aprender a funcionar incluso en momentos de desconexión interior, de sostener mucho tiempo una versión competente de uno mismo mientras otras partes quedan en pausa. Todo eso me resultaba emocionalmente cercano.
Diría que el vínculo más profundo entre nosotros no está en los hechos, sino en la sensibilidad. En esa manera de mirar el cansancio contemporáneo, la identidad, la necesidad de sostenerse sin desaparecer.
- Los agradecimientos están dirigidos a quienes “caminaron con dudas, con el rumbo difuso o la certeza hecha añicos”. ¿A quiénes quieres llegar con esta novela?
Quería llegar, sobre todo, a las personas que han seguido avanzando incluso cuando no tenían muy claro hacia dónde. A quienes alguna vez han sentido que funcionan correctamente por fuera mientras por dentro todo estaba un poco desenfocado, cansado o roto en silencio.
Los agradecimientos salen precisamente de ahí. De reconocer a toda esa gente que continúa caminando aun cuando la vida no se parece demasiado a la versión que imaginaban de sí mismos. Personas que sostienen rutinas, trabajos, vínculos y responsabilidades mientras intentan reconstruir preguntas mucho más íntimas.
También quería llegar a quienes sienten demasiado y, por puro cansancio, han aprendido a disimularlo bien. A quienes se volvieron eficientes para sobrevivir, pero no necesariamente felices. A quienes alguna vez se preguntaron si es posible cuidar de todo sin terminar desapareciendo un poco de uno mismo.
Con esta novela intento decir algo muy sencillo: todavía estás aquí. Y eso, a veces, ya es muchísimo.
BLOQUE IV — El autor y sus próximos pasos
- ¿Qué ha cambiado en ti como escritor desde que empezaste a escribirla hasta hoy, con el libro ya en el mundo?
El cambio principal es que escribo con menos miedo a la fragilidad.
Nunca me había planteado escribir y si lo había intentado sentía cierta presión por demostrar inteligencia, estructura o control. Hoy me interesa más la honestidad emocional.
El cambio más importante es que ya no veo la escritura únicamente como una forma de construir historias, sino también como una forma de sanar, de estar atento a lo que duele, a lo que cambia y a lo que las personas callan para seguir funcionando.
Supongo que el libro salió al mundo y el que terminó un poco reescrito fui yo.
- ¿Estás trabajando en algo nuevo? ¿El próximo proyecto sigue en la línea de la ficción psicológica o quieres explorar otros territorios?
Esta es una experiencia muy novedosa para mí. Por el momento no estoy trabando en nada nuevo porque quiero disfrutar de este primer proyecto.
Si todo sale bien con esta primera novela, me encantaría seguir entreteniendo a los lectores con nuevos proyectos. Creo que seguirá existiendo una conexión con la ficción psicológica, porque es el territorio que más me obsesiona: cómo las personas construyen identidad, cómo sobreviven emocionalmente, qué ocurre entre lo que mostramos y lo que realmente habitamos por dentro.
Al mismo tiempo sí quiero explorar otros territorios. Me interesa llevar esa mirada más interior hacia espacios quizá más extraños, más simbólicos o incluso más incómodos. En Sostener Sin Dejar de Ser la ciudad especulativa ya abría una puerta en esa dirección, y creo que en un futuro próximo proyecto me atrevería a cruzarla un poco más.