Fundación Global Nature presentó en Bañón, en Teruel, los resultados de dos años de medidas agroambientales, con datos de censos de aves, invertebrados y agronómicos que confirman el fomento de la biodiversidad a escala de paisaje.
La actividad agraria puede convertirse en aliada de las especies más amenazadas de la estepa. Es lo que se estuvo debatiendo en el Alto Jiloca turolense, la respuesta empieza a tener forma de datos. El pasado 3 de junio, la sala del Ayuntamiento de Bañón acogió una jornada en la que Fundación Global Nature reunió a agricultores y ganaderos de la comarca para presentarles los resultados de las medidas agroambientales puestas en marcha durante los dos últimos años en favor de las aves esteparias y la biodiversidad asociada.
La iniciativa, organizada por Fundación Global Nature junto al Gobierno de Aragón y con la colaboración del Ayuntamiento de Bañón, fue financiada por Opdenergy reunió a un nutrido grupo de agricultores y ganaderos.
El trabajo de estos dos años se ha concentrado en un conjunto de actuaciones diseñadas para especies tan exigentes como el sisón común, la ganga ortega, la alondra ricotí, el cernícalo primilla, el alcaraván y el aguilucho cenizo, todas ellas presentes en los paisajes pseudoesteparios del Jiloca. Por un lado, se ha impulsado el fomento de barbechos (envenses o semillados con leguminosas), que devuelven al cultivo estructura, refugio y alimento en las épocas clave del ciclo de estas aves. Por otro, se ha trabajado en la localización y protección de nidos de aguilucho cenizo, una especie cuyos nidos en cultivos, normalmente de cereal, requieren una estrecha protección para evitar destrucción de nidos mediante las cosechas de los compos. A ello se suma la gestión del pastoreo en páramos y zonas pseudoesteparias, orientada a mantener los usos tradicionales del suelo de los que dependen directamente las esteparias.
«Es crucial trabajar de la mano de ganaderos y agricultores para conservar las aves esteparias y recuperar biodiversidad, algo que también repercute en beneficio del territorio y la población”, señaló Javier Ruiz, coordinador del área esteparia de Fundación Global Nature.
Durante la jornada se trasladó a los asistentes el importe que se abona por hectárea en cada una de estas medidas, así como las zonas de la comarca en las que ya se están aplicando.
La prueba está en los datos: El núcleo de la sesión fueron los resultados de los censos realizados sobre el terreno. Los seguimientos de aves, de invertebrados y los indicadores agronómicos apuntan en la misma dirección: las medidas no benefician a una parcela aislada, sino que mejoran el funcionamiento del ecosistema a escala de paisaje.
Estos resultados se apoyan en el conocimiento técnico acumulado por Fundación Global Nature, que en 2025 monitorizó 35 parcelas agrícolas en cinco provincias, entre ellos Teruel, combinando grabadoras automáticas para aves, análisis de ADN de insectos y estudios de biodiversidad del suelo. Aquel trabajo demostró que prácticas como el barbecho semillado con leguminosas de manera espontánea pueden elevar la biodiversidad hasta un 70 % en apenas dos años, triplicar la riqueza de polinizadores y duplicar los insectos que controlan plagas de forma natural. Ese rigor metodológico es el que ahora se traslada al Alto Jiloca.
Para Fundación Global Nature, jornadas como esta son mucho más que una reunión informativa: son el modelo de trabajo que defiende la entidad, basado en sentar en la misma mesa a administración, sector agrario y empresa.
“Paso a paso se está protegiendo un paisaje tan rico como este, con especies en peligro de extinción, que con el tiempo puede convertirse incluso en un reclamo turístico”, concluyó Ruiz.
La jornada se cerró con una degustación de productos locales, un broche que reforzó el espíritu de encuentro entre quienes trabajan la tierra y quienes velan por la fauna que la habita. Porque, como demuestra el Alto Jiloca, conservar las aves esteparias y mantener vivo el campo no son objetivos enfrentados, sino dos caras de la misma alianza.
12 junio, 2026