La Dra. Marta Pascual Mato gana el Premio a la Mejor Tesis Doctoral 2025 del COM Cantabria

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Recogió el galardón durante el acto de bienvenida a los médicos residentes celebrado el lunes en el Paraninfo de La Magdalena

La Dra. Marta Pascual Mato estudió  Medicina en la Universidad de Cantabria y realizó la especialidad de Aparato Digestivo en  el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, donde  trabaja en la actualidad centrada en  patología funcional digestiva,   pruebas funcionales y cápsula/enteroscopia.  Además, realizó su tesis doctoral  que leyó el pasado año, un trabajo de investigación que ha ganado la última convocatoria  del Premio del COM Cantabria  a la Mejor Tesis Doctoral. En esta entrevista para el Colegio de Médicos nos habla del reconocimiento, del contenido del trabajo ganador y de sus planes de futuro,

-Has ganado el Premio del COM Cantabria a la mejor tesis doctoral de 2025 ¿qué ha supuesto para ti este reconocimiento?

Ha sido una alegría enorme y un gran honor. Los que hemos pasado por este camino sabemos que hacer la tesis, y más si la compaginas con las guardias y el hospital, es una auténtica carrera de fondo en la que sacrificas mucho tiempo libre y, sobre todo, tiempo con los tuyos. Que el COM Cantabria me haya otorgado este premio es el mejor reconocimiento a que todo ese esfuerzo ha merecido la pena.

Siento este galardón totalmente compartido con la gente que me ha acompañado en el viaje: mis directores, mis compañeros, mi familia y mis amigos. Sin duda, es un impulso de energía para seguir adelante, buscando como continuar en esta labor y ayudar a mis pacientes.

-Cuéntanos cuál ha sido el tema de tu tesis y la conclusión a la  que ha llegado.

El tema central de mi tesis doctoral ha sido investigar el papel del péptido relacionado con el gen de la calcitonina (CGRP) en el eje intestino-cerebro, evaluando por primera vez en humanos sus dos isoformas (alfa y beta) en suero en la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) y en la infección aguda por COVID-19 con diarrea.

El punto de partida fue demostrar que existe una importante relación comórbida entre la EII y la migraña. De hecho, nuestro estudio demostró que la prevalencia de la migraña en pacientes con EII es significativamente superior a la de la población general (20,8% frente al 12%), duplicando y hasta triplicando estas cifras en el caso de las mujeres y de la migraña crónica. Al analizar las dos isoformas del CGRP en
sangre, descubrimos que actúan de formas completamente opuestas.

Por un lado, hallamos que el alfa-CGRP (asociado clásicamente a la migraña) está significativamente elevado en los pacientes con EII, al mismo nivel que en los pacientes con migraña crónica, independientemente de que sufran cefalea o no. Esto demuestra que el alfa-CGRP interviene en la inflamación intestinal y que no es un biomarcador exclusivo de la migraña.

Por el contrario, el beta-CGRP (que se libera exclusivamente en el tracto digestivo) mostró niveles drásticamente disminuidos en los pacientes con EII. En el caso de los pacientes ingresados por COVID-19 con diarrea, el beta-CGRP se vio por el contrario elevado, lo que sugiere que este neuropéptido ejerce un papel protector fundamental para mantener la homeostasis de la mucosa intestinal y en la lucha contra infecciones.

La principal conclusión de la tesis es que el beta-CGRP tiene un comportamiento “camaleónico” en el aparato digestivo dependiendo del contexto clínico: mientras que su déficit crónico favorece la inflamación, vasoconstricción local y la alteración de la motilidad en la EII, su liberación aguda y elevada, como la que objetivamos en pacientes ingresados por COVID-19 con diarrea, actúa como un mecanismo de defensa para aumentar el peristaltismo y la respuesta inmune local con el fin de eliminar el patógeno. En definitiva, el trabajo demuestra que el CGRP es un mediador clave en la fisiopatología intestinal y abre la puerta a potenciales nuevas dianas terapéuticas.

-¿Crees que este tipo de distinciones ayudan a los médicos a desarrollar su carrera profesional? 

Rotundamente sí. Este tipo de distinciones ayudan a impulsar la carrera médica a dos niveles. Por un lado, otorgan un respaldo curricular y una visibilidad institucional para consolidar el perfil de médico-científico dentro de nuestro entorno hospitalario. Por otro lado, la motivación que genera acceder a este tipo de premios es enorme. Investigar compaginándolo con la labor asistencial es exigente. Que el COM Cantabria reconozca ese esfuerzo te recuerda que tu trabajo aporta valor y te da el impulso para seguir haciéndote preguntas en beneficio de los pacientes. Al final, estos premios logran que no dejemos de investigar.

-¿Quién fue el director de tu tesis  y en qué medida  ha influido en el resultado final de tu trabajo?

Mis directores de tesis han sido el Dr. Javier Crespo y el Dr. Julio Pascual. Por supuesto, contar con dos de los médicos con mejor currículum investigador del Cantabria para guiarme durante estos años ha sido fundamental para que este trabajo haya llegado hasta este reconocimiento. Su experiencia más que dilatada, su rigor y su exigencia han sido uno de los pilares que me han llevado a finalizar este proyecto.

Además, en el caso del Dr. Pascual, el orgullo es doble, ya que es también mi padre. Desde pequeña le he visto trabajar en casa en su labor investigadora y docente, y su dedicación por los pacientes es indiscutible. Siempre ha sido un referente para mí en esta profesión, por lo que poder compartir esa faceta investigadora con él ha sido algo inolvidable.

-Cada vez sois más médicas las que destacáis en el terreno de la investigación ¿por qué crees que  el porcentaje de mujeres en la profesión no deja de crecer en los últimos años? 

Se nota día a día en las facultades y en el hospital, cada vez somos más las que decidimos dedicarnos a esta profesión tan bonita que es la medicina. Ese crecimiento se está viendo reflejado en el ámbito de la investigación, donde es un orgullo ver a mujeres liderar proyectos u ocupar altos cargos en sociedades científicas y en el propio hospital.

Para las que empezamos ahora, contar con estos referentes es fundamental; nos hace ver que es posible y nos quita el miedo a dar el paso en un terreno que ya de por sí es muy exigente. Al final, este crecimiento demuestra que el talento y las ganas de hacer avanzar la medicina no tienen género, y es muy emocionante formar parte de esta generación.

-Para terminar,  ¿cuáles son tus planes a corto y medio plazo?

Si bien mi tesis doctoral se enfocó en pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal, al finalizar el proyecto me surgieron nuevas preguntas acerca de cómo podría estar actuando el CGRP en el tubo digestivo en otras patologías. En el momento actual, mi área de consultas es la patología funcional digestiva, recientemente reclasificada como trastornos de la interacción intestino-cerebro. En este tipo de enfermedades existe una desregulación bidireccional en la que coexisten una alteración de la motilidad digestiva, hipersensibilidad visceral y una disfunción en el procesamiento central de las señales sensoriales. No presentan un daño estructural macroscópico, sino más bien
una alteración en la comunicación neuroinmune y una pérdida de la homeostasis de la barrera intestinal.

A este respecto, el CGRP se localiza en las neuronas sensoriales y sabemos que regula la motilidad, la sensibilidad visceral y la comunicación entre neuronas y células inmunes, aunque apenas se ha estudiado de forma específica en sus acciones en el tubo digestivo y en los trastornos del eje intestino-cerebro. Por tanto, me gustaría continuar mi línea de investigación centrada en el papel del CGRP en estos pacientes que, además de padecer la patología digestiva más frecuente, se encuentran muchas veces olvidados por la investigación e incluso por los propios profesionales sanitarios.

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