Tecnología para gestionar la masificación turística

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La masificación turística se ha convertido en uno de los principales retos para muchos destinos. Centros históricos, playas, monumentos o espacios naturales pueden soportar una elevada presión en determinados momentos, afectando a la movilidad, los servicios, la conservación del entorno y la convivencia con las personas.

Ante esta situación, la tecnología para gestionar la masificación turística abre nuevas posibilidades. Sensores, inteligencia artificial, analítica de datos o gemelos digitales permiten conocer cómo se comportan los visitantes, detectar concentraciones y anticipar escenarios antes de que se produzcan situaciones de saturación.

Sin embargo, incorporar tecnología no resuelve por sí mismo el problema. El verdadero cambio se produce cuando el destino es capaz de transformar los datos en decisiones. No se trata únicamente de saber cuántas personas hay en un lugar, sino de entender cuándo y por qué se concentran allí y qué podemos hacer con esa información.

La tecnología permite medir los flujos turísticos, detectar concentraciones y anticipar situaciones de saturación para tomar decisiones basadas en datos. Su utilidad no está únicamente en contabilizar visitantes, sino en comprender cómo se distribuyen por el territorio y a lo largo del tiempo.

Porque la masificación no depende exclusivamente del número total de turistas que recibe un destino. El problema aparece cuando una parte importante de los visitantes coincide en un mismo lugar.

Esta concentración puede generar problemas de movilidad, deterioro del entorno o conflictos con la población residente. Gestionarla implica, por tanto, buscar un mayor equilibrio entre la actividad turística, el territorio y las personas que lo habitan.

Esta idea conecta con el enfoque que planteamos en nuestro Informe Turismo 2026 sobre Turismo Regenerativo, donde proponemos avanzar desde una lógica centrada únicamente en el crecimiento hacia otra basada en la contribución del turismo al territorio. En este modelo, la tecnología debe estar al servicio del destino y sus habitantes, ayudando a comprender cuestiones como los flujos de visitantes, la movilidad o el consumo de recursos.

Es aquí donde la tecnología puede convertirse en una herramienta de gestión. Conocer la afluencia por franjas horarias, los movimientos entre zonas o la evolución de la ocupación permite obtener una imagen más precisa de lo que está sucediendo.

Si esos datos se combinan con información meteorológica, movilidad, eventos o históricos, el destino puede empezar a identificar patrones y anticiparse.

El objetivo, por tanto, no debería ser utilizar tecnología para atraer cada vez más turistas, sino utilizarla para gestionar mejor los que ya llegan.

¿Cómo se utilizan los sensores para controlar los flujos turísticos?

Los sensores permiten conocer cuántas personas pasan por un determinado espacio, cuándo se producen los mayores niveles de afluencia y cómo evolucionan esos flujos a lo largo del tiempo.

Existen diferentes tecnologías para hacerlo. Algunos sistemas detectan de forma anónima señales emitidas por dispositivos mediante WiFi o Bluetooth, mientras que otros utilizan cámaras con sistemas de conteo, sensores radar u otras soluciones IoT.

Los datos que se obtienen de estos dispositivos pueden integrarse posteriormente en plataformas de monitorización para analizar la evolución de la afluencia por zonas, días o franjas horarias y detectar patrones de concentración.

Pero, más allá de la tecnología utilizada, lo verdaderamente importante es qué hacemos después con esa información.

Santanyí, un caso práctico de medición de flujos turísticos

Un ejemplo de aplicación práctica lo encontramos en Santanyí, Mallorca, donde en Open-Ideas hemos ejecutado un proyecto de sensorización orientado a conocer mejor la afluencia de personas en diferentes lugares del municipio.

El proyecto ha incluido la instalación de ocho sensores de conteo en ocho ubicaciones, destinados a recopilar información sobre accesos y flujos de personas. Los datos se integran en una plataforma web desde la que es posible consultar la información registrada por los diferentes puntos de medición y analizar su evolución.

Este tipo de proyectos permite pasar de una percepción aproximada de la afluencia a disponer de información objetiva sobre cómo de saturados están los espacios. Analizando los datos por días, horarios o ubicaciones es posible identificar momentos de mayor concentración y comparar el comportamiento de diferentes puntos.

Este es precisamente el valor de la sensorización aplicada al turismo. El sensor no es el objetivo, sino el punto de partida para entender mejor qué ocurre en el territorio y tomar decisiones basadas en datos.

Saber que han pasado 5.000 personas por un lugar aporta información. Conocer cuándo se producen las mayores afluencias, cómo evolucionan y cómo se comportan otros puntos del municipio empieza a generar conocimiento.

¿Qué papel tiene la inteligencia artificial en la gestión de la masificación turística?

La inteligencia artificial permite analizar grandes volúmenes de información, identificar patrones y avanzar desde el conocimiento de lo que está ocurriendo hacia la predicción de lo que puede ocurrir.

Los datos recogidos mediante sensores adquieren mayor valor cuando se combinan con otras variables como históricos de afluencia, día de la semana, meteorología, festivos, eventos, movilidad u ocupación turística.

Con suficiente información, los modelos predictivos pueden ayudar a estimar cómo evolucionará la afluencia durante las próximas horas o días.

Esto cambia significativamente la capacidad de gestión. En lugar de detectar una concentración cuando ya se ha producido, el destino puede anticipar que un determinado recurso se aproxima a una situación de elevada ocupación y actuar previamente.

La inteligencia artificial también puede facilitar el acceso a toda esa información. Como explicamos en nuestro artículo sobre cómo la IA generativa está cambiando la gestión de destinos turísticos, uno de los grandes retos no es únicamente disponer de datos, sino conseguir transformarlos en conocimiento accesible para quienes tienen que tomar decisiones.

El salto es importante. Pasamos de preguntarnos “¿qué ha ocurrido?” a intentar responder “¿qué puede ocurrir y cómo deberíamos actuar?”.

Del dato a la decisión para gestionar mejor el destino

Recopilar información es solo el principio. Una estrategia tecnológica aporta verdadero valor cuando el conocimiento obtenido termina provocando una actuación concreta sobre el destino.

Si los datos muestran que una playa se aproxima a niveles elevados de ocupación, esa información puede comunicarse al visitante y recomendar otros espacios. Si un recurso concentra sistemáticamente gran parte de las visitas, pueden diseñarse rutas alternativas. Y si se anticipa una elevada afluencia durante un evento, el municipio puede adaptar transporte, accesos o servicios.

El proceso puede resumirse en cinco pasos:

Aquí aparece uno de los principales errores de los proyectos de digitalización. Empezar por la tecnología en lugar de empezar por el problema.

Instalar sensores, crear cuadros de mando o incorporar inteligencia artificial sin haber definido previamente qué decisiones queremos mejorar puede generar grandes cantidades de información con poca utilidad práctica.

La pregunta debería plantearse al revés: ¿Qué necesitamos conocer para gestionar mejor este espacio?

A esta información cuantitativa puede sumarse también la escucha activa o social listening, que permite analizar conversaciones, opiniones y percepciones relacionadas con el destino en canales digitales. Mientras los sensores pueden mostrar que un espacio concentra una elevada afluencia, la escucha activa puede aportar otra perspectiva sobre cómo esa presión turística está siendo percibida por visitantes y residentes.

Combinar ambas fuentes ayuda a obtener una visión más completa del destino. No solo podemos conocer qué está ocurriendo, sino también detectar preocupaciones, necesidades o cambios en la percepción que pueden resultar relevantes para la toma de decisiones.

A partir de ahí se define qué datos necesitamos, cómo obtenerlos, qué indicadores resultan útiles y qué actuaciones pueden llevarse a cabo.

¿Puede la tecnología acabar con la masificación turística?

No por sí sola. La tecnología permite comprender, anticipar y gestionar mejor la masificación, pero debe formar parte de una estrategia turística más amplia.

La concentración de visitantes tiene causas relacionadas con la movilidad, la planificación urbana, la vivienda, la estacionalidad, la promoción o la propia oferta. Pensar que instalar sensores o desarrollar un algoritmo puede resolver automáticamente estos problemas supondría simplificar una realidad mucho más compleja.

El verdadero valor de la tecnología está en reducir la incertidumbre con la que los gestores toman decisiones.

Permite conocer qué espacios están sometidos a mayor presión, cuándo sucede, cómo evolucionan los flujos y si las actuaciones adoptadas están produciendo resultados.

El siguiente paso será conectar la información que actualmente se encuentra dispersa. Sensores, movilidad, meteorología, reservas, eventos o escucha activa ofrecen visiones parciales. Integradas y analizadas conjuntamente permiten comprender mucho mejor el comportamiento del destino.

La tecnología, por tanto, no debería servir simplemente para contar turistas. Debe permitir comprender el territorio, anticipar situaciones y tomar mejores decisiones.

En Open-Ideas ayudamos a destinos a avanzar hacia modelos de gestión turística basados en datos, combinando planificación estratégica, inteligencia turística, sensorización y soluciones digitales. Porque el verdadero reto no consiste en incorporar más tecnología, sino en saber qué queremos conseguir con ella.

✍ Daniel Mateos, Data Specialist & Coordinardor del Área Técnica

▷ Open-Ideas – Consultora Digitalización & Comunicación

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