Por Enrique Fanjul, Iberglobal/Comité de Reflexión sobre Internacionalización del Club de Exportadores
Este artículo pertenece al nº52 de la revista electrónica: “Proyección exterior de la economía
española”.
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30 de septiembre 2026
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La economía española atraviesa una etapa que presenta una aparente paradoja. La economía crece a buen ritmo. Lo hace por encima de la media europea. El empleo también crece. Sin embargo, detrás de este crecimiento se oculta un problema de fondo. La economía española no mejora su competitividad, y su productividad está prácticamente estancada. A medio plazo, esto puede tener repercusiones negativas en el sector exterior.
El World Competitiveness Ranking 2026, elaborado por la escuela de negocios IMD, es uno de los estudios de referencia sobre competitividad internacional. Su última edición se publicó recientemente. Sitúa a España en una pobre posición en cuanto a competitividad; y además, en retroceso en relación con otras economías. El estudio analiza 70 economías a partir de cuatro grandes factores: resultados económicos, eficiencia del gobierno, eficiencia empresarial e infraestructuras.
España ocupa el puesto 39, la misma posición que en 2025. En 2022 y 2023 figuraba en el puesto 36. La tendencia es, por tanto, no es de mejora sino de ligero retroceso. España queda por detrás de Francia (36) y por delante de Portugal (40) e Italia (45). No se encuentra entre las economías avanzadas más competitivas. Se mueve en una zona intermedia, sin avances claros.
Posición de España en el ranking de competitividad de IMD
El IMD agrupa sus indicadores en cuatro grandes áreas: resultados económicos, eficiencia del gobierno, eficiencia empresarial e infraestructuras.
El área peor valorada es la eficiencia del gobierno. España ocupa aquí el puesto 58 de 70. Además, la tendencia es de empeoramiento: en 2022 ocupaba el puesto 50. En general, en los estudios sobre competitividad que se realizan, tanto a nivel internacional como nacional, España suele obtener una valoración relativamente negativa en funcionamiento de las instituciones, estabilidad del marco regulatorio, fiscalidad, funcionamiento del sistema judicial, etc.
Evolución del ranking de España por grandes áreas (fuente: IMD)
Un artículo reciente de Rafael Doménech, responsable de análisis económico de BBVA Research, aborda el problema de la productividad. Sus datos son elocuentes. Desde el cuarto trimestre de 2019, el PIB ha crecido un 12,1%. En cambio, el PIB por ocupado solo ha aumentado un 0,2%. El PIB por hora trabajada, un 2,4%.
El crecimiento procede principalmente de aumentos en los inputs, en especial empleo. No de un mayor valor añadido por trabajador.
Fuente: Rafael Doménech, “España | Los retos del nuevo curso: productividad e inversión”, BBVA Research.
Doménech destaca en su artículo la relevancia de la productividad: “La productividad es, en última instancia, la variable que permite elevar de manera sostenida los salarios reales, financiar mejores servicios públicos y afrontar el envejecimiento sin cargar todo el ajuste sobre cotizaciones e impuestos. Crear empleo es una condición necesaria, pero no suficiente. Cuando la productividad se estanca, el crecimiento pasa a depender en mayor medida del empleo, el turismo y el consumo, motores valiosos, pero con un recorrido limitado si no vienen acompañados de un mayor valor añadido”.
La conclusión es clara. La economía española tiene un problema de competitividad y de productividad, que pueden tener consecuencias negativas a largo plazo. El buen comportamiento del crecimiento y del empleo alimenta un cierto triunfalismo en algunas valoraciones que se hacen de la situación económica, pero el crecimiento no resuelve el problema, sino que puede servir para encubrirlo.
Este tema puede tener una incidencia directa sobre el sector exterior. El comercio y la inversión internacional figuran entre los puntos fuertes de España (como se refleja en el estudio del IMD). Pero la competitividad exterior descansa, a medio plazo, en la productividad. Sin mejoras en ella, las empresas españolas tendrán más dificultades para competir en mercados cada vez más exigentes.
El reto clave, mencionado en multitud de análisis: acometer las reformas que permitan mejorar la productividad, sin dejarnos engañar por las tasas de crecimiento a corto plazo.