30 de septiembre de 2026.- Asturias conoce bien sus problemas: envejecimiento, pérdida de población y talento, burocracia o dificultades para emprender. Pero el riesgo, plantea José Manuel Ferreira en su artículo de hoy en La Nueva España, es convertir ese diagnóstico permanente en una forma de identidad. Informes, debates y estrategias se suceden mientras muchas decisiones se aplazan y la prudencia termina convirtiéndose en inmovilidad. Frente a esa dinámica están quienes emprenden, invierten, regresan o deciden quedarse, asumiendo el riesgo real de intentar cambiar las cosas.
El reto no es negar la decadencia, sino dejar de utilizarla como relato, argumento o coartada. Asturias puede ser un lugar mejor para vivir, crear y trabajar si dedica menos energía a explicar lo perdido y más a construir posibilidades, asumir riesgos y evaluar resultados. En palabras del artículo, hacen falta menos “guardianes del declive” y más personas dispuestas a intentarlo.