Cuando cierras un proyecto, especialmente uno como Aktibatuz que nos ha acompañado durante cuatro años de nuestra vida, te pones a repasar cómo han sido estos últimos cuatro años y nos ha sorprendido mucho.

Cuando realizamos proyectos de educación para la transformación social, solemos evaluar las actividades y preguntar: “¿Cómo te ha cambiado este curso, taller, iniciativa, etc.?” Sabemos que los cambios son a largo plazo, que el alumnado al que diste un taller hace cuatro años y el de ahora son diferentes, pero en el camino no has sido consciente de esa evolución.

Pero si miramos el ‘álbum de familia’ que ha sido este proyecto, ha existido una transformación clara de todas las personas, centros educativos y asociaciones que hemos participado. Seguramente la “culpa” no sea solo de Aktibatuz, pero ha sido una parte importante.

Centros educativos que se piensan y se cuidan

 En el caso de los colegios, en estos cuatro años hemos podido acompañar al alumnado para, primero, diseñar sus centros educativos saludables, recorriéndolos, analizándolos y plasmando en murales sus activos de salud preferidos (las personas, la familia, la ayuda, el huerto, los espacios…). Para luego compartirlos con toda la comunidad y acabar reivindicándolos a través de ferias del libro, nuevos huertos comunitarios, juegos cooperativos para el recreo, patios naturales o libros de recetas familiares.

No todo ha sido un camino feliz. Por el camino hemos tenido que despedirnos con alegría del profesorado que se jubilaba, y con tristeza de colegios que han cerrado por falta de alumnado (¡desde aquí un grito a la sociedad por permitirlo!). También de profesorado y alumnado que tenían tanta carga que no podían seguir el ritmo de este proyecto tan intenso. Pero, tanto si han recorrido una parte como si han llegado hasta el final, siempre han mostrado una enorme alegría y un fuerte compromiso por hacer de sus colegios, comunidades saludables.

Erabide: de la duda al liderazgo comunitario

Si hablamos de Erabide, ¡qué decir, qué transformación! Desde aquellas mujeres que nos miraban con cierto miedo preguntándose: “Pero ¿qué les vamos a contar nosotras, si apenas hacemos nada?” a esas mujeres lideresas y reconocidas en Galdakao, a las que apenas podemos seguir el ritmo, que nos maravillan en cada encuentro con su voluntad, su compromiso, su trabajo, sus ganas y su presencia.

Durante estos años, han compartido sus experiencias con otras asociaciones de Euskadi, América Latina (Ecuador) y España (Mataró, Galicia), se han apropiado de la calle y del espacio público, a través de acciones de calle reivindicativas y de memoria, de teatro, de grandes murales, de rutas de salud comunitaria; han intervenido en infinidad de entrevistas, podcast, radio, televisión reclamando espacios feministas, intergeneracionales y, sobre todo, de todas y para todas. Y, por último, se han hecho referentes para el Ayuntamiento, Osakidetza y el resto de las asociaciones de Galdakao.

Cerrar sin decir adiós

No queremos despedirnos de este recorrido de salud sin un enorme agradecimiento a todas esas personas sin las cuales este proyecto, este paso en la vida, no hubiera sido tan especial. Sin un orden particular: Alazne, Miren, Mari Carmen, Jon, Mentxu, Inés, Agurtzane, Paula, Romualda, Beatriz, Ana y tantas otras que nos dejamos en el tintero.

En el 2025 se despedía una banda vasca con un “agur esan barik”; por suerte, en Erabide se apropiaron de un clásico refrán y con ese queremos cerrar este proyecto sin decir adiós.

Zapia buruan eta ibili munduan.

Íñigo Icaza, técnico de Educación y Acción para la Transformación Social de Farmamundi en Euskadi.