En este post compartimos el relato de uno de nuestros colaboradores, que vive en primera persona el poder de la ilusión durante el día más especial del año: la mágica noche de Reyes Magos.
En comunicación hablamos a menudo de ilusión. De la que sentimos cuando una idea empieza a tomar forma, cuando una campaña arranca con buen pie o cuando un cliente confía en nosotros para contar su historia. Esa ilusión profesional es, en el fondo, el motor de nuestro trabajo diario.
Pero si hay una ilusión auténtica, sincera y sin filtros, es la que se ve en los ojos de un niño cuando espera la llegada de los Reyes Magos. No hay briefing, ni estrategia que se le parezca. Solo emoción pura.
Este año he tenido la oportunidad de vivir esa ilusión desde dentro, encarnando al Rey Melchor en la cabalgata de mi ciudad. Y la experiencia va mucho más allá del traje, la barba o el discurso que tuve que pronunciar. Es un ejercicio de comunicación en su forma más esencial, que consiste en conectar con el público sin artificios.
Desde lo alto de la carroza no hay discursos complejos ni mensajes elaborados. Hay miradas, sonrisas, manos que saludan, nervios y emoción. Y todo funciona. Porque el mensaje es claro y compartido. Ahí, precisamente, entendí algo que en comunicación a veces olvidamos. Y es que cuando el mensaje es verdadero, no necesita explicarse demasiado.
Ser uno de los Reyes Magos te obliga a cambiar el foco. No importa quién eres tú en realidad, sino lo que representas para los demás. En ese momento no hablas como individuo, sino como símbolo. Y eso, llevado al terreno profesional, es una gran lección.
Las marcas, como los Reyes Magos, no deberían hablar de sí mismas, sino de lo que hacen sentir. De la experiencia que generan, de la confianza que transmiten, de la ilusión que despiertan. Porque la comunicación más efectiva no es la que se oye más fuerte, sino la que se recuerda.
Volver a casa después de la cabalgata deja una sensación difícil de describir. Lo primero es cansancio, sí; pero también hay alegría, emoción y una certeza clara: comunicar bien es, muchas veces, volver a lo básico. Escuchar, mirar, empatizar y ser coherente con lo que se transmite.
En una agencia trabajamos con marcas, mensajes y estrategias. Pero también trabajamos con personas. Y experiencias como esta nos recuerdan que, cuando la comunicación nace desde la verdad y la ilusión, el impacto es mucho más duradero. Porque al final, tanto en una campaña como en una noche de Reyes, todo se resume en lo mismo, que es hacer que alguien crea, aunque sea por un momento, en algo mágico.