“Mañana matarán a Daniel”, la novela de Aroa Moreno que revive una memoria silenciada - Hello Valencia

Compatibilité
Sauvegarder(0)
partager

En 2020, tras el confinamiento, la escritora Aroa Moreno paseaba por un monte cercano a su casa con su hijo cuando escuchó disparos. Lo que parecía un incidente trivial se convirtió en el punto de partida de una investigación que cambiaría su forma de escribir: descubrió que, justo en ese lugar, habían sido ejecutados los últimos militantes del FRAP durante la dictadura. A partir de allí, Moreno decidió contar la historia de Daniel y sus compañeros, transformando una crónica en una novela que combina la memoria histórica con su propia experiencia personal.

Aroa, ¿Qué te llevó a contar la historia de Daniel y los últimos fusilados del franquismo?

Esta historia me la encontré. Justo al lado de mi casa hay un monte, y un día, paseando con mi hijo, escuchamos unos disparos y descubrí que allí había un campo de tiro. Ese mismo día me encargaron escribir una carta sobre un grupo armado de los años 70, y mi sorpresa y conmoción vino cuando me di cuenta de que tres de los cinco últimos fusilados por la dictadura pertenecían al FRAP, el grupo sobre el que debía escribir, y habían muerto en el campo de tiro donde habíamos escuchado esos disparos.

Además, el único testigo no militar había sido mi antiguo tutor en el instituto. Fue una serie de azares que me obligaron a escribir la historia, que al principio pensé como crónica, pero luego comprendí que era mucho más compleja y necesitaba tiempo para desarrollarla.

Dices que, inicialmente, pensabas en una crónica breve y que el proyecto se fue transformando. ¿Qué te hizo pensar que necesitabas convertirlo en novela?

Simplemente elucubrando lo que pudo pasar o imaginando no iba a llegar hasta el hueso de la historia. Entonces, decidí que la parte de ellos, que era lo que contenía el agujero de la historia, era lo que iba a ficcionar. Y que, por debajo, yo iba a ir contando todas esas dificultades que me he ido encontrando, también teniendo en cuenta que tenían que ver con la mirada de alguien que ha nacido ya en democracia, que ha crecido en democracia, que es una mujer, que es madre, que tiene un trabajo y la dificultad que es todo eso para escribir un libro político. Entonces, mezclé las dos cosas.

En tu libro incluyes episodios de tu vida personal: ¿por qué decidiste incorporarlos y cómo crees que afectan al libro?

Bueno, mi historia personal son cosas que me fueron sucediendo durante esos cinco años que he estado trabajando en este libro y que a mí me parece que conciernen a la escritura. Por ejemplo, yo me encuentro esta historia paseando con un niño de cuatro años y ese niño va creciendo y haciendo preguntas. Otra parte de la historia personal que está muy velada, pero está ahí, es que yo en ese tiempo me separé del padre de ese niño y entonces se volvió mucho más difícil la escritura porque había que sujetar con ingresos económicos, con más tiempo de cuidados todavía. Me parecía que todo eso tenía que estar también.

El título es muy llamativo. ¿De dónde surgió la idea de llamarlo “Mañana matarán a Daniel”?

Mañana matarán a Daniel es un verso que escribe Manuel Blanco Chivite, que es una de las personas que fueron condenadas a muerte en aquellos consejos de guerra y fue indultado. Entonces en la víspera de los fusilamientos, desde la cárcel, él, que es periodista y poeta, escribe un poema que en una estrofa dice: “Hoy velaré toda la noche, solo y en silencio, hoy velaré toda la noche, mañana matarán a Daniel, mi camarada”. Este libro yo lo había titulado Septiembre de 1975, pero de pronto al leer eso me pareció que ese verso contenía como la tragedia en sí misma de “va a ser mañana y va a ser”. Es como la crónica de una muerte anunciada y está escrito por alguien que también estuvo en esa tesitura de estar condenado a muerte.

¿En algún momento pensaste en autocensurarte para no revictimizar?

He intentado que en todo momento el relato mantenga arriba la dignidad de las personas que van a morir. Y eso incluye a los guardias que fueron asesinados por comandos del FRAP en ese verano. Lo que he querido es dotarlos de humanidad a todos y que el lector pueda pensar que todo esto pasaba porque había una dictadura, porque no había libertades y porque no había democracia y por eso había violencia.

Durante tu proceso de documentación, ¿hubo documentos que no te dejaron ver?

En principio yo he trabajado con unos documentos que me llegan por otro lugar porque los archivos que contienen los sumarios, que es donde aparece desde la detención de ellos, las declaraciones, los alegatos de los abogados hasta los consejos de guerra, no está permitido verlos porque no se habían cumplido 50 años de las sentencias que se cumplen. Eso es una cosa que a mí me parece inadmisible, que después de una dictadura los militares sigan custodiando los archivos que impiden el acceso al conocimiento.

Deberían ser objeto de análisis por historiadores, periodistas, escritores o por familias. A mí se me denegó el acceso a esos archivos. Hay una cosa curiosa que me pasó: en un primer momento pedí una serie de archivos de los que ya habían pasado 50 años, que tienen que ver con detenciones anteriores de ellos, y me llegó como 100 páginas escritas a mano, con una letra ilegible, donde aparecen miles de tachones, hasta el punto de que en un folio la mitad de la página tiene una mancha negra que no se puede leer. Todo está anonimizado; no hay nombres. Los nombres de los torturadores, de la gente que recogió esas declaraciones bajo tortura, no aparecen.

¿Qué papel tuvo la figura de Billy el Niño en tu investigación y en la narración?

Billie el Niño es uno de ellos. Es de hecho el más conocido porque le pusieron ese apodo, es Antonio González Pacheco, pero es uno de tantos. Creo que era especialmente sádico y me parecía muy representativo de cómo funcionaba todo aquello. Es un hombre que murió de COVID tranquilamente, sin que nadie llegara a saber bien cuál fue su hoja de servicios. Es un hombre que el 27 de septiembre, que es cuando asesinan a estos tres, recibe una remuneración por desarmar el aparato del FRAP. Hemos tenido hasta hace unos años a gente que tiene delitos encima, libre y recibiendo condecoraciones y méritos por parte de los diferentes gobiernos de diferentes signos, me parece un símbolo claro de que la memoria y la historia en España está resuelta.

Si hoy pudieras hacerle una pregunta cualquiera de los tres, ¿qué les preguntarías?

Les preguntaría cómo fue el momento en el que recibieron la orden, o sea, qué pasó dentro de ellos con su ideología, con su forma de ser, con sus dudas, en el que se dice que el FRAP ordena tomar las armas, al margen de que hicieran ellos o no los atentados, pero cuando se da esa orden, ¿qué pensaron?

¿Cuál ha sido la reacción que más te ha sorprendido en la acogida de tu libro?

Yo pensaba que este libro no iba a interesarle a algunas personas porque es una historia al final pequeña, pero la literatura tiene esta capacidad de que aunque te cuente una historia pequeña, quieras leerla. estoy recibiendo comentarios muy bonitos que tienen que ver con el lugar en el que yo me sitúo dentro de esta historia y cómo la he contado, porque al final hay otros libros que han salido sobre esto, han salido reportajes en el periódico de 200 páginas, pero la mirada, que la gente valore la mirada desde donde te lanzas hacia el pasado, para mí fue lo más importante.

Por último, ¿tienes algún futuro proyecto en mente?

Todavía no he conseguido distanciarme ni de la escritura ni de lo que supuso escribir tan rápido para llegar al aniversario de los fusilamientos. No he podido parar, pero tengo algunas ideas por ahí sueltas.

Suscríbete a nuestra newsletter

Recibe los mejores planes de Valencia y mantente actualizado con las noticias más interesantes.

Hello Valencia te recomienda

Quizás te puede interesar...

Coordonnées
Lucia Plaza