Un golpe en la cabeza en un accidente (coche, moto, bici, patinete o peatón) puede parecer “poca cosa”… hasta que, horas después, empiezan el dolor de cabeza, el mareo o la niebla mental. A eso se le suele llamar trauma craneal leve o conmoción cerebral. “Leve” no significa “sin riesgo”: significa que la exploración inicial puede ser normal y aun así aparecer complicaciones o síntomas persistentes.
Este artículo te ayuda a distinguir señales rojas (para ir a urgencias o llamar al 112) y a saber qué pedir y qué dejar por escrito en urgencias, tanto por salud como para que luego no te “minimicen” lo que te pasa.
Qué es un trauma craneal leve (y por qué se infravalora)
Tras un impacto, tu cerebro puede sufrir una alteración funcional: no siempre hay lesión “visible” en pruebas, pero sí puede haber síntomas neurológicos que duran horas o semanas. Es típico que el cuerpo “tire” de adrenalina en el momento del accidente y que el malestar real aparezca después.
Ojo: si hubo latigazo cervical (muy frecuente), muchos síntomas se mezclan: dolor de cabeza, mareo, náuseas, sensibilidad a la luz… Por eso es clave que urgencias lo deje bien documentado.
Señales rojas: si aparece cualquiera, urgencias (o 112)
Estas señales aumentan la probabilidad de una complicación y no conviene “esperar a ver si se pasa”.
- Pérdida de conciencia (aunque haya sido breve) o “lagunas” del accidente.
- Dolor de cabeza intenso o que va a más, especialmente si no cede con analgesia habitual.
- Vómitos repetidos o náuseas persistentes.
- Somnolencia marcada, dificultad para despertarte o empeoramiento del estado de alerta.
- Confusión, desorientación, conducta rara, irritabilidad extrema o “no estás tú”.
- Convulsiones.
- Debilidad, hormigueo, torpeza, caída de un lado, problemas para caminar.
- Dificultad para hablar, visión doble, pupilas desiguales, pérdida de visión.
- Sangrado por nariz u oído o salida de líquido claro (no es “moco normal”).
- Herida profunda en cabeza o golpe de alta energía (moto/atropello/alta velocidad).
- Si tomas anticoagulantes/antiagregantes o tienes un trastorno de coagulación.
- Edad avanzada o antecedentes neurológicos relevantes.
Regla práctica: si notas que tu cabeza “va peor” con el paso de las horas, no negocies: ve a urgencias.
Qué pedir en urgencias (para salud y para que quede constancia)
No se trata de “exigir pruebas” sin criterio, sino de asegurarte de que te evalúan bien y te dan un informe útil. Lleva esta lista en el móvil:
1) Que registren síntomas concretos (con hora de inicio)
Pide que anoten síntomas y su aparición: dolor de cabeza, mareo, náuseas, visión borrosa, fotofobia, pitidos, dificultad para concentrarte, lentitud mental, irritabilidad, alteración del sueño.
Frase útil: “Desde las ___ horas noto ___, y va (a más / igual / a menos)”.
2) Exploración neurológica completa y “Glasgow”
Que conste en el informe: exploración neurológica, nivel de consciencia, orientación, fuerza/sensibilidad, coordinación, pupilas, y Escala de Glasgow. Es un estándar y luego evita discusiones.
3) Criterios de imagen (TAC) y decisión motivada
El TAC craneal no se hace “por si acaso” a todo el mundo: se decide por criterios clínicos (síntomas, mecanismo del accidente, medicación, edad, etc.). Lo importante es que quede claro:
- Si se hace TAC: resultado y hora.
- Si NO se hace: que pongan “sin criterios actuales para TAC” (o equivalente) y el plan (observación, alta con signos de alarma, revisión).
4) Observación si no estás “fino”
Si estás aturdido, con mareo fuerte o con síntomas que no mejoran, pregunta por tiempo de observación. A veces el valor está en ver la evolución clínica, no solo en una prueba.
5) Informe de urgencias completo + recomendaciones por escrito
No te vayas con un papel “pobre”. Pide:
- Informe de urgencias completo (motivo, exploración, diagnóstico, pruebas, tratamiento, recomendaciones).
- Parte de lesiones si procede (en accidentes de tráfico es muy útil).
- Signos de alarma por escrito (cuándo volver de inmediato).
- Pauta de medicación (qué tomar, cada cuánto, y qué evitar).
- Revisión: con tu médico, neurología o unidad de conmoción si aplica.
6) Que reflejen la relación con el accidente
Parece obvio, pero luego algunos intentan desligarlo. Que conste literalmente: “síntomas tras accidente de tráfico en fecha ___”.
Qué hacer las primeras 24–72 horas (sin complicarte)
- No te quedes solo si tienes síntomas: mejor acompañado.
- Evita alcohol y otras sustancias.
- No conduzcas si hay mareo, visión rara, sueño excesivo o lentitud.
- Descanso sí, cama no obligatoria: baja estímulos (pantallas, ruido), pero muévete suave si te lo permiten.
- Evita deporte y esfuerzos intensos hasta tener indicaciones claras.
- Apunta síntomas (hora, intensidad 0–10, qué lo empeora, qué lo mejora). Esto, a futuro, vale oro.
Si empeoras o aparece una señal roja, urgencias de nuevo.
Síntomas que pueden durar (y no te los deben minimizar)
En algunos casos aparece un “síndrome postconmocional”: cefalea, fatiga, niebla mental, problemas de memoria, sensibilidad a la luz/ruido, cambios de humor, sueño irregular. No es “cuento”: es frecuente. Lo que marca la diferencia es seguimiento, rehabilitación si hace falta y documentación clínica bien hecha.
Por qué es clave dejar todo bien registrado (también por tu reclamación)
En accidentes de tráfico, lo que no está en un informe médico se vuelve “discutible” después. Si tu evolución se complica, un buen parte de urgencias y revisiones ordenadas evitan que te digan:
- “Eso no viene del accidente”.
- “No lo consultó a tiempo”.
- “No hay constancia objetiva”.
Traducción: salud primero, pero papel bien hecho desde el minuto uno.
Checklist rápido para ir a urgencias (cópialo y pega)
- Hora del accidente y mecanismo (golpe directo, latigazo, casco, airbag, etc.).
- ¿Hubo pérdida de conciencia o laguna? ¿Vómitos? ¿Confusión?
- Medicaciones: especialmente anticoagulantes/antiagregantes.
- Síntomas actuales y desde cuándo (dolor, mareo, visión, sueño, concentración).
- Solicitar: exploración neurológica + Glasgow + informe completo + signos de alarma por escrito.
Cuándo pedir ayuda a Fundación AVATA
Si has tenido un accidente y notas síntomas neurológicos, si te están dando largas, o si temes que tu caso se “quede pequeño” en el papeleo, Fundación AVATA puede orientarte para que te atiendan y documenten correctamente, y para que el proceso no se te vaya de las manos cuando más vulnerable estás.
Tu futuro “yo” te lo va a agradecer: actuar pronto, dejar constancia y hacer seguimiento es lo que separa una recuperación limpia de un problema que se enquista.