La soledad invisible de los niños y niñas altamente sensibles

Compatibilité
Sauvegarder(0)
partager

magina por un momento a un niño en un recreo en el patio de su colegio o de su instituto. Está sentado en un banco, solo, mientras los demás hablan, corren y juegan alrededor. Esa imagen nos conmueve, nos parece evidente: «hay un niño que necesita compañía».

Pero ahora imagina a otro niño. Está en el centro del patio, rodeado de risas y voces, participando en el juego. Sin embargo, por dentro, siente un vacío inmenso, una distancia insalvable entre lo que vive y lo que nadie parece comprender, se siente solo.

Ese niño no está solo físicamente, pero su soledad es más profunda, más silenciosa, más difícil de identificar.

Cuando la soledad echa raíces
Hoy quiero hablarte de esa soledad. De la que no se ve a simple vista, pero duele igual. Porque cuando un menor crece sintiendo que su forma de sentir el mundo es demasiado intensa, demasiado extraña, con demasiada incomprensión, es cuando aprende a callar.

En ese silencio, la soledad echa raíces y los adultos perdemos información necesaria para ayudarle.

Como psicóloga sanitaria, llevo años acompañando a jóvenes, adolescentes y familias que conviven con un rasgo aún poco conocido, la Alta Sensibilidad. Un rasgo que no es un trastorno ni una enfermedad, sino una forma diferente de procesar la realidad.

Quienes lo poseen, aproximadamente un 20-30 % de la población, perciben los estímulos, las emociones y los matices con una profundidad que puede ser tan maravillosa como agotadora. Y cuando ese rasgo no se comprende, la soledad emocional se convierte en su compañera más fiel.

Vivir la vida en un ‘volumen’ más alto

Pero empecemos por el principio. Ser una Persona Altamente Sensible (PAS) significa tener un sistema nervioso más perceptivo.

Estos niños altamente sensibles (NAS) captan matices que otros no ven, tal y como el cambio de tono de una voz, el malestar disimulado de un adulto, la belleza de una puesta de sol que a nadie más parece importar.

Pero también les afecta más el ruido, las prisas, las críticas o las discusiones. Viven la vida en un volumen más alto, y eso, en un mundo que va tan rápido, puede resultar abrumador.

La soledad, compañera silenciosa

Recuerdo en consulta a muchos niños y niñas que llegaban etiquetados como «tímidos», «quejicas» o «demasiado sensibles». Detrás de esas palabras, lo que había era un niño que intentaba sobrevivir en un entorno que no estaba pensado para su forma de sentir.

Niños y niñas que lloran con facilidad sin saber explicar por qué, que se quejan de «dolor de tripa» antes de ir al colegio, que se aferran a un adulto como a un salvavidas. Frases como «nadie me entiende» o «soy raro» se repiten una y otra vez.

Y es que, cuando un niño o una niña PAS no son identificados a tiempo, la soledad se instala en su interior como una compañera silenciosa.

Puede tener una familia que le quiere, pero si esa familia no comprende su necesidad de calma, de tiempos más lentos, de procesar las experiencias, el Niño Altamente Sensible (NAS) aprenderá a esconder su mundo interior.

Y ahí empieza el verdadero aislamiento: cuando dejan de compartir lo que sienten por miedo a que lo minimicen, a que le digan eso de «no exageres» o «todo te afecta demasiado».

La presión por encajar, por ser como los demás

La adolescencia, ya de por sí turbulenta, multiplica esta vivencia. El adolescente PAS busca relaciones auténticas, profundas, y a menudo choca con la superficialidad de muchas interacciones entre ellos.

Se preguntan por el sentido de la vida, por las injusticias del mundo, y esas reflexiones no siempre encuentran eco en su grupo de iguales.

La presión por encajar, por ser como los demás, les lleva a veces a esconder aún más su sensibilidad, a intentar endurecerse, a fracasar en el intento y a sentirse profundamente inadecuados.

No toda soledad es negativa

Pero aquí quiero hacerte una distinción importante: no toda soledad es negativa. Para un NAS o una PAS, los momentos a solas son a veces necesarios, incluso reparadores.

Necesitan ese espacio para bajar el volumen del mundo, para procesar todo lo que han absorbido durante el día, para conectar con esa riqueza interior que les habita.

El problema llega cuando esa soledad deja de ser elegida y se convierte en un refugio obligado por la incomprensión. Cuando el niño se retira no porque lo necesite, sino porque ha aprendido que ahí fuera no hay un lugar seguro para su forma de ser.

Cuando no encajas en el molde

Como sociedad, hemos avanzado, pero nos queda mucho camino. Vivimos en un mundo que premia la rapidez, la extroversión, la capacidad de soportar estimulación constante.

Y los NAS y PAS, con su procesamiento profundo, su empatía desbordante y su sensibilidad sensorial, no encajan en ese molde. Pero no necesitan encajar, necesitan ser vistos, comprendidos y acompañados.

¿Qué podemos hacer? En las familias, el cambio empieza por la validación. Por decir «tiene sentido que te sientas así», en lugar de «no es para tanto».

Por respetar sus ritmos, por crear un hogar predecible que funcione como un refugio, no como un escenario más de estimulación.

Por informarse, por entender que la alta sensibilidad no es un trastorno ni un defecto, sino una forma legítima de estar en el mundo.

La inclusión también puede ser sensorial

En las escuelas, pequeños gestos marcan una gran diferencia, como pueden ser permitir pausas sensoriales, evitar la sobrecarga de estímulos, utilizar un tono de voz calmado, entender que algunos niños necesitan procesar las cosas antes de responder. La inclusión también puede ser sensorial.

Y como sociedad, necesitamos ampliar la mirada. Aprender a valorar la profundidad tanto como la rapidez, la empatía tanto como la competitividad, la sensibilidad tanto como la fortaleza.

Porque los jóvenes y adolescentes altamente sensibles tienen mucho que aportar. Presentan creatividad, intuición, capacidad de conectar con los demás de forma auténtica. Pero para eso, primero necesitan sentirse seguros. Necesitan saber que su forma de sentir no es una carga, sino un don.

Coordonnées
sensibil