Relaciones UE-India I: la dimensión bilateral de las negociaciones

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Mensajes clave

  • La relación bilateral entre la (Unión Europea) UE y la India requerirá de un enfoque pragmático basado en las convergencias estratégicas, al tiempo que se mitigan las tensiones derivadas de las divergencias normativas.
  • A fin de que la asociación estratégica UE-India vaya evolucionando, Bruselas debe reconocer el enfoque indio en materia de asociaciones y adaptarse mediante la adopción de un marco diplomático modular, pragmático y resiliente.
  • No obstante, a medio y largo plazo, deberán plantearse en el marco de esta asociación las discrepancias existentes en cuanto a normas y valores, puesto que, a pesar de presentarse en todas las declaraciones oficiales como elementos compartidos, siguen siendo motivo de fricción.
  • Estas divergencias proceden de diferencias fundamentales en la cosmovisión de las partes que, como no podía ser de otro modo, reflejan sus distintas interpretaciones del panorama mundial contemporáneo.

Análisis

Introducción

En julio de 2025, se convocó una reunión de académicos europeos noveles para que manifestasen su opinión sobre la relación entre la UE y la India. A partir de esta iniciativa, surgieron dos análisis que reflejan perspectivas distintas sobre el desarrollo de esta asociación. De cara al futuro, a medida que vayan intensificándose las relaciones bilaterales UE-India, Europa deberá contar cada vez más con especialistas en cuestiones relacionadas con la India, mientras que el país asiático tendrá que adquirir sus propios conocimientos especializados para fomentar el entendimiento mutuo.

Esta iniciativa encaja a la perfección con el Proyecto Generación Europa del Real Instituto Elcano, cuyo objetivo consiste en dar voz a la juventud europea en un momento decisivo. Con ese fin, se seleccionaron estudiosos procedentes del sur de Europa, donde el ámbito académico de los estudios indios está menos desarrollado que en el Reino Unido, Francia y Alemania. Es esencial sentar las bases de futuros debates y estudios avanzados sobre la India para profundizar en el entendimiento e integrar las perspectivas diferenciadas del sur de Europa.

La mayoría de los análisis sobre las relaciones entre la UE y la India efectuados hasta el momento se centran en las dimensiones económica y técnica, pero los aspectos normativos parecen más complicados de abordar. Estas divergencias constituyen uno de los principales focos de tensión entre ambos socios. Aunque existe un consenso generalizado sobre la necesidad de estrechar lazos, se antoja igual de importante encarar las dificultades que generan los desencuentros y desajustes normativos a raíz de las distintas cosmovisiones presentes en la mesa de negociaciones.

Las siguientes contribuciones examinarán estas asperezas y formularán recomendaciones al respecto. Un punto de convergencia fundamental entre la UE y la India estriba en la firme convicción de que, ante el clima actual de tensión a nivel mundial, ambas partes deberán liderar los esfuerzos destinados a fomentar el diálogo y la cooperación diplomática. En ambos casos, coinciden en que no se debe emplear como arma la economía mundial y en que ni Estados Unidos (EEUU) ni China deberían dictar las normas del orden internacional.

La interacción con Bharat: influencia de la política interior en la política exterior india e implicaciones para la UE

La política exterior de la India se ha vuelto más asertiva en su viraje hacia los intereses nacionales bajo el mandato del primer ministro Narendra Modi, lo que deja entrever profundas transformaciones internas como el liderazgo centralizado, el relato nacionalista hindú y la contracción del espacio democrático. Estos cambios afectan sobre todo de un modo considerable a la relación entre la India y sus socios exteriores, entre ellos la UE. Bruselas debe afrontar al mismo tiempo las oportunidades de estrechar lazos y las dificultades derivadas de la reticencia de la India hacia los marcos normativos externos. Por lo tanto, el cometido que tiene por delante la UE consiste en forjar una estrategia pragmática y selectiva de acercamiento que concilie sus ambiciones estratégicas con su identidad normativa. Estas son las cuestiones que se deben tener en cuenta:

  • Los factores internos son importantes: la contundente postura internacional de la India es un reflejo de tendencias políticas internas como el liderazgo centralizado, el nacionalismo y la reformulación del marco identitario como civilización.
  • Divergencia normativa: la India se muestra cada vez más reacia a aceptar dictados externos sobre democracia y derechos, lo que complica la interacción con el marco de valores en el que se basa la política exterior de la UE.
  • Peso estratégico: a pesar de las divergencias, la India sigue siendo indispensable para los objetivos de la UE en materia de comercio, gobernanza digital, seguridad y estabilidad multipolar.
  • Selección de políticas para la UE: la condicionalidad entraña el riesgo de provocar alienación, mientras que una interacción meramente transaccional podría hacer mella en la identidad de la UE; la opción más viable parece ser un planteamiento selectivo en función de los intereses.

Clima político interno y política exterior

En la política exterior de la India influye sobremanera la dinámica política interna. Desde la llegada al poder de Narendra Modi en 2014, la India ha asumido una postura más enérgica y autónoma, apelando a un resurgimiento nacional y recurriendo a una política de identidad inspirada en el concepto de hindutva. Aunque es posible que esta circunstancia no haya alterado de manera drástica las líneas fundamentales de la política exterior india, algunas implicaciones son obvias: mayor querencia por la multialineación, resistencia a las críticas externas y un rechazo más contundente de las normas universalistas. Estos cambios de cara al exterior se sustentan en tendencias internas más profundas como el cuestionamiento del Estado de derecho, la contracción del espacio cívico, el incremento de la concentración de mercado y el replanteamiento de la identidad nacional a través del prisma conceptual del hindutva. La invocación más recurrente a Bharat, una concepción civilizacional de la nación, es el símbolo de esta redefinición desde la que se presenta la India como la expresión política de una civilización antigua y se refuerza la proyección de su carácter singular de cara al extranjero.

Por lo tanto, aunque se puedan mantener las tradiciones estratégicas de la política exterior india, su manifestación ha evolucionado: la no alineación ha dado paso a la multialineación, mientras que desde Nueva Delhi se insiste cada vez más en que su auge se produzca conforme a sus propias condiciones. En la Conferencia de Bandung de 1955,el universalismo no era motivo de controversia en la India, sino más bien un punto de referencia común. El rechazo actual a las reivindicaciones universalistas rompe con esa postura y marca un cambio de rumbo. En ese sentido, la India se presenta como un Estado-civilización que promueve un orden multipolar que prima la soberanía y opone resistencia a las pretensiones occidentales de imponer normas universales. Este cambio ha acercado la India a una visión del mundo más particularista que agudiza la desconfianza en las normas liberales y consolida la preferencia por la multipolaridad, por lo que el país se ha vuelto más asertivo en su rechazo a las críticas desde el exterior.

La paradoja UE-India

Para la UE, la India es tanto un socio estratégico como un quebradero de cabeza normativo. Los lazos bilaterales se han estrechado de manera considerable en los últimos años. Desde 2018, la UE ha invertido en reforzar esos vínculos con la India en ámbitos importantes como el comercio, la gobernanza digital, la transición verde y la seguridad. Aun así, la India se opone cada vez más a la imposición de marcos normativos externos. Tal y como señaló el ministro de Asuntos Exteriores, S. Jaishankar, en Bruselas en el verano de 2025, “la idea de que una parte del mundo fije las normas para el resto es algo a lo que nos oponemos”. Ahí queda patente el deseo de la India de ser artífice de las normas y no una mera receptora, lo que conlleva implicaciones para la acción exterior de la UE, sobre todo por el anclaje normativo de Bruselas en los derechos humanos, el pluralismo y la gobernanza democrática.

La reciente Comunicación conjunta sobre una nueva Agenda Estratégica UE-India de 2025 hace hincapié en esta dualidad. Se extiende la cooperación a cinco pilares: (a) prosperidad y sostenibilidad; (b) tecnología e innovación; (c) seguridad y defensa; (d) conectividad y cuestiones de alcance mundial; y (e) factores habilitantes como competencias y entendimiento mutuo. La amplitud de esta agenda refleja la apuesta estratégica de la UE por la India como socio indispensable, pero su éxito dependerá del modo en el que se aborden algunas de las divergencias en las que Nueva Delhi insiste cada vez más. Dentro de la UE, el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) y el Parlamento Europeo son los interlocutores más sensibles a una deriva normativa al propugnar constantemente los principios democráticos y los derechos humanos en el marco de las relaciones exteriores. Su postura contrasta con el planteamiento más pragmático de la Comisión y el Consejo, lo que genera tensiones internas en torno al acercamiento de Bruselas a la India. Por otra parte, la concepción india de un orden de base civilizacional, la inclinación primordial por la soberanía y la desconfianza hacia las normas universalistas no hacen sino acentuar las divergencias con el enfoque basado en valores de la UE, incluso a pesar del aumento de la interdependencia.

En un contexto de incertidumbre mundial en el que destaca la imposición de aranceles por parte de la Administración Trump, se antoja necesario llevar a cabo un ligero reajuste de las relaciones India-UE. La interacción debe basarse en objetivos claros y en el respeto mutuo. La excesiva rigidez a la hora de imponer la condicionalidad normativa conllevaría el riesgo de distanciar a una India cada vez más segura de sí misma. Al mismo tiempo, un enfoque meramente transaccional podría restar fuerza a la identidad estratégica de la UE.

Implicaciones para la UE en materia de políticas

La India no se está alineando al cien por cien con Occidente, pero tampoco se está desvinculando. Lo que hace es trazar su propia senda, buscando el equilibrio entre las aspiraciones multipolares y los imperativos internos. Para la UE, se vislumbran cuatro trayectorias posibles: (a) convergencia estratégica: los intereses compartidos prevalecen sobre las divergencias, lo que permite intensificar la cooperación; (b) divergencia normativa: el retroceso democrático en la India añade tensión a las relaciones y socava la confianza; (c) deriva transaccional: la cooperación pasa a ser pragmática pero superficial, con escasa solidez; y (d) renovación democrática (menos probable): las reformas internas de la India reabren un espacio para la convergencia con los valores de la UE y restauran en cierta medida la armonización normativa.

La India está trazando un rumbo propio, moldeado por sus aspiraciones globales y sus perspectivas de multipolaridad.Este derrotero, cada vez más articulado a través del prisma de Bharat, refleja el marco civilizacional y la proyección de base ideológica del auge de la India tanto a nivel nacional como de cara al extranjero. Por su parte, la UE debería centrarse en ámbitos de interés común e interactuar con la India tal y como es: un socio complejo, más asertivo y, aun así, indispensable que gestiona su proyección ascendente según sus propios términos. La alternativa sería apostar por una asociación basada en una ilusión irreal y no en una estrategia.

Entre el espejismo y el interés: replanteamiento de la interacción estratégica de la UE con la India

La UE ve a la India como un posible socio estratégico fundamental. Sin embargo, el incremento de las tensiones a nivel mundial –desde la guerra en Ucrania a la inestabilidad en Oriente Medio y los efectos persistentes de la era Trump– está obligando a replantearse esta asociación desde un punto de vista crítico. Además, el panorama interno de la India y su ambigüedad deliberada en política exterior plantea serias inquietudes a la UE. Esta ambigüedad debería entenderse como un elemento estructural del comportamiento estratégico de la India, no como una desviación táctica o temporal. En este sentido, la UE debería reconsiderar la idea de la afinidad democrática o de la asociación perfectamente simétrica y reconocer a cambio las diferencias estructurales en cuanto a lógica institucional y albedrío estratégico entre la UE y la India. Hay que contar con una estrategia más pragmática que se centre en la cooperación sectorial en ámbitos de interés común –por ejemplo, la seguridad marítima o la gobernanza digital–, principalmente a través de relaciones bilaterales de los Estados miembros dentro de un marco común europeo.

Ambigüedad estratégica india: equilibrio evasivo

La estrategia de la India del equilibrio evasivo revela con claridad la tensión existente entre sus maniobras estratégicas prácticas y el modo de presentarlas. Mientras la India va acumulando capacidades y compite con otras potencias, disipa con cautela los temores de países como China al asegurarles que no tiene intención de plantear dificultades en materia de seguridad. Esta ambigüedad ponderada le sirve para actuar como una potencia flexible y evitar alianzas formales en favor de asociaciones adaptables que le aporten más libertad de movimiento y sustenten una identidad estratégica basada en el movimiento de países no alineados y en su compromiso continuo con la autonomía del país. Esa circunstancia indica que la India podría estar posicionándose de manera deliberada como contrapeso de China, posiblemente con una estrategia real de seducción geopolítica destinada a dejarse querer por todas las potencias importantes.

Relaciones UE-India: el factor civilizacional y las divergencias ideológicas con Europa

En sus relaciones con la India, la UE debe tener en cuenta la identidad civilizacional del país y la percepción que tienen sus élites de las naciones occidentales como paradigmas en declive –a nivel ético, cultural y estratégico– que no merecen ser replicados. Esta postura, vinculada a la ideología del hindutva, alimenta el punto de vista de la India sobre un orden liberal sin legitimidad representado por la UE. En la práctica, el contraste es muy marcado: la UE es lenta, colectiva y normativa. En cambio, la India es ágil, ambigua y muy selectiva. Intentar armonizar los ideales de la India con los de la UE sería un esfuerzo baladí y podría dar pie a situaciones estratégicas embarazosas.

Aun así, la India está manifiestamente interesada en acercarse al mercado europeo y en contar con acceso a tecnologías avanzadas de doble uso. Para Nueva Delhi, la UE es útil: no como aliado estratégico, sino como socio práctico que puede proporcionar beneficios tangibles. La Comunicación conjunta sobre una nueva Agenda Estratégica UE-India de septiembre de 2025, pese a renovar los mecanismos de cooperación sectorial, asume implícitamente una simetría más amplia –o sólo por lo que respecta a capacidades, sino también en cuanto a lógica institucional y perspectivas estratégicas–, al tiempo que minimiza las divergencias civilizacionales y normativas, por lo que reafirma la necesidad de centrarse en una interacción flexible, modular y sectorial.

Vulnerabilidades y limitaciones internas de la India como socio estratégico

La India se enfrenta a muchos escollos internos, como son las divisiones políticas, la desigualdad, el desarrollo tecnológico limitado y la dependencia energética, que merman su potencial de expansión. Estas limitaciones transcienden el ámbito económico y político, y reflejan una reconfiguración más profunda de la arquitectura democrática del país. En este sentido, uno de los riesgos de un acercamiento excesivo por parte de la UE sería partir de una percepción errónea de convergencia e intentar imponer un modelo incompatible desde el punto de vista ideológico, habida cuenta de las tendencias autoritarias y los tintes nacionalistas antiliberales de la India. Más que una potencia clásica, la India es un interlocutor sistémico fundamental que, pese a que quizás no llegue a ser dominante en los próximos años, no cabe duda de que tendrá importancia estratégica.

Recomendaciones estratégicas para la UE

  • Aceptar la ambigüedad estructural de la India como socio; dejar atrás la fantasía de la simetría perfecta o la convergencia ideológica profunda. Cuestionar la lógica binaria de “aliado frente a adversario”: la India no tiene cabida en esa dicotomía.
  • Reformular la interacción política: asumir el multilateralismo selectivo de la India como permanente y ponderar los objetivos y las ansiedades del país asiático al determinar los intereses estratégicos europeos.
  • Optar por una diplomacia modular, pragmática y sólida: fomentar los acuerdos sectoriales con líneas éticas claras y aprovechar la diversidad europea como un activo táctico. Permitir relaciones diferenciadas entre sus Estados miembros y la India dentro de un marco común coordinado y gestionar las divergencias internas
Coordonnées
Ana Ballesteros Peiró, (eds.), Chiara Boldrini, Andrea Arrieta Ruiz, Denise Ripamonti.