Mensajes clave
- Aunque existe un consenso en torno a la necesidad de intensificar la relación estratégica UE-India y elevarla a nuevas cotas, existen cuestiones contrapuestas que se deben abordar para que la asociación evolucione.
- La rivalidad actual a nivel mundial entre Estados Unidos (EEUU) y China está obligando a Bruselas y Nueva Delhi a buscar socios con los que reducir su dependencia de esas dos grandes superpotencias, al tiempo que intentan reequilibrar las respectivas relaciones bilaterales con Washington y Pekín.
- La Unión Europea (UE) tendrá un papel crucial a la hora de promover y capitanear una reforma de la gobernanza mundial para mejorar su credibilidad en el sur global. Por lo tanto, hace falta que las palabras se traduzcan en hechos, y no sólo con la India, sino también con otros socios de Asia, para impulsar redes comerciales de cooperación y mejorar las infraestructuras destinadas a garantizar la seguridad y el carácter de las rutas comerciales.
Análisis
Introducción
En esta segunda contribución de jóvenes académicos, exploramos la relación bilateral entre la UE y la India en un contexto mundial en transición. Para la UE, la fragmentación del orden liberal internacional y la invasión rusa de Ucrania representan puntos de inflexión fundamentales que la obligan a replantearse su papel internacional. Por su parte, la India está dando prioridad a su autonomía estratégica para proteger sus intereses, fomentar el desarrollo y consolidarse como interlocutor global.
La intensificación de la competencia entre EEUU y China como grandes potencias está generando un entorno de menos cooperación, más fragmentación y mayor propensión a los conflictos, marcado por el resurgimiento del nacionalismo y una dinámica de suma cero que hacen mella en los intereses de las potencias intermedias. EEUU ya no actúa de garante de la democracia, el Estado de derecho, el libre comercio y el multilateralismo institucionalizado, puesto que tanto la UE como la India lo perciben cada vez más como un interlocutor impredecible y poco fiable. La instrumentalización de la interdependencia económica y de la innovación tecnológica erosiona aún más la confianza y hace que las relaciones internacionales sean de índole más transaccional.
Ese es el contexto en el que la UE y la India tratan de defender el multilateralismo, la apertura económica y la cooperación. La UE es una potencia económica con un mercado único atractivo, mientras que la India, país en el que vive una sexta parte de la humanidad, está a punto de convertirse en la tercera economía del planeta, con un sólido crecimiento continuo y un mercado inmenso. Ambos interlocutores están dispuestos a defender los elementos que sostienen los principios de su éxito, con especial atención a la seguridad económica y la resiliencia de las cadenas de suministro.
Las contribuciones siguientes examinan aspectos críticos de la asociación, desde los escollos en materia de seguridad y las infraestructuras relacionadas con el comercio como vías para atenuar la dinámica competitiva entre las grandes potencias, hasta las implicaciones a largo plazo de la cooperación UE-India para la gobernanza y las normas en países europeos en el contexto mundial, así como el reto de reformar la gobernanza mundial para que incluya en mayor medida a los países del sur global. Con ese fin, la UE tendría que adoptar un protagonismo mundial proactivo e interactuar con la India y otros socios en pie de igualdad para promover un orden internacional más equitativo.
Cuatro retos para las relaciones UE-India
La relación entre la UE y la India presenta un largo recorrido y se sustenta sobre una amplia gama de factores. Últimamente, el interés de la India por esta relación ha ido en aumento porque su deseo de adquirir un mayor protagonismo en el comercio mundial la insta a estrechar lazos con la UE. Ese empeño se llevaría (también) a la práctica a través del Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa, que partiría de los puertos indios y llegaría a uno o más puertos europeos. Sin embargo, existen varios obstáculos –también recientes– que podrían obstaculizar la relación UE-India; esas son las cuestiones que examinaremos en el presente análisis.
El Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa tiene como objetivo desarrollar las relaciones comerciales entre la UE y la India, por lo que el primer pilar del presente informe versará sobre el comercio. La UE y la India llevan ya tiempo tratando de negociar y firmar el llamado Acuerdo Amplio de Comercio e Inversión (BTIA), pero las discrepancias en torno al acceso al mercado, las normas comerciales y las cuestiones reguladoras han complicado el proceso. Además, en 2025, el Parlamento Europeo llamó la atención sobre varios acontecimientos que podrían hacer mella en las relaciones de la UE con la India. En primer lugar, el fortalecimiento de la relación entre la India y EEUU, con la negociación en curso de un tratado comercial bilateral entre ambos (adopción prevista para finales de 2025), ha generado aún más frustración por el estancamiento del BTIA entre la UE y la India. Asimismo, es posible que la intención manifiesta de que el destino final del Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa sea EEUU –pese a la complejidad logística que entrañaría– incremente la tensión entre la UE y sus contrapartes. En segundo lugar, las relaciones entre la India y Rusia, más estrechas de lo que sería deseable, también han suscitado inquietud y debate en la UE, puesto que cabe esperar una intensificación de las relaciones comerciales entre ambos países. Además, a la UE también le preocupa la postura de la India sobre la invasión rusa de Ucrania. El país asiático ha venido absteniéndose de votar en contra de la agresión rusa en las Naciones Unidas, lo que, de algún modo, confirma el incremento de la colaboración entre ambas naciones. No obstante, las dudas del Parlamento Europeo ya mencionadas podrían haber quedado obsoletas, puesto que EEUU impuso aranceles del 50% a varios productos indios a finales de agosto de 2025 y vinculó la decisión a la compra de petróleo ruso por parte de la India. Los analistas señalaron que “es evidente que, a diferencia de presidentes anteriores, el presidente Trump no valora a la India como socio para contrarrestar a China”. Esta situación también genera incertidumbre en torno a las relaciones UE-India.
El segundo escollo son los puntos de vista discrepantes sobre el funcionamiento debido del mundo multipolar. A este respecto, la India parece decantarse por una postura más revisionista, alegando que las Naciones Unidas y otras instituciones internacionales deben someterse a un proceso de reforma y democratización para que la India –y posiblemente otros interlocutores también– cuente con un mayor protagonismo. En cambio, la UE promueve un orden mundial basado en normas dentro de los marcos que ya existen, evitando abrir un debate que generaría tensiones tanto fuera como dentro de la Unión.[1]
El tercer punto de contención en potencia del que se suele hablar en la UE es el nivel de protección de los derechos humanos en la India y, por extensión, el funcionamiento de su sistema democrático. Situaciones como la de Manipur o las políticas contra musulmanes, cristianos y otras minorías, así como algunas de las restricciones impuestas a derechos como la libertad de expresión y las manifestaciones pacíficas, han provocado rencillas entre ambos interlocutores.
En la actualidad, la India está tratando de entablar relaciones comerciales con todos los interlocutores posibles y uno de sus objetivos principales es convertirse en una economía desarrollada de aquí a 2047. En este contexto, la India ha comprendido que la UE es uno de los mayores socios comerciales del mundo, ya que importa una gran cantidad de mercancías. Por lo tanto, la India está interesada en entrar en los mercados europeos para hacerse como mínimo con una cuota razonable de sus importaciones (sobre todo, frente a China) y está estudiando las posibles oportunidades en ese sentido. Esa circunstancia plantea un cuarto escollo relacionado con la política climática de la India, ya que resulta incompatible con los objetivos del Acuerdo de París. Aunque el país asiático está utilizando en gran medida las energías renovables, los estudios independientes (Climate Action Tracker) ponen de manifiesto que los esfuerzos dedicados a su objetivo expreso de cero emisiones netas de gases de efecto invernadero para 2070 son a todas luces insuficientes debido al uso extensivo de centrales de carbón para satisfacer sus ingentes necesidades energéticas.
Mientras la UE se enfrenta a un número creciente de dificultades (debido a que varios aspectos fundamentales de sus características identitarias están pasando a un segundo plano en el panorama internacional), la India pretende tener un mayor protagonismo a nivel mundial. Recurriendo a la multipolaridad que permite el sistema actual, la India está buscando interlocutores dispuestos a colaborar, y la UE deberá tomar algunas decisiones difíciles si desea sacar provecho de una nueva cooperación (económica/comercial). La India irá ganando más cuota del comercio mundial y la UE seguirá siendo uno de los mayores importadores de bienes del planeta, por lo que es posible que las necesidades de la Unión vuelvan a poner en entredicho la coherencia entre lo que predica y lo que hace de verdad. Por ejemplo, la UE aceptará bienes fabricados en la India a pesar de los resultados del país asiático en ámbitos como el cambio climático o los derechos humanos. Por lo tanto, pese a que, por lo menos de momento, parece haber sentimientos encontrados en la burbuja de la UE hacia la India, las interconexiones son cada vez más abstractas actualmente, lo que abre la puerta a colaboraciones flexibles que respondan a intereses a la carta.
La interacción de la UE con la India y el triángulo Bruselas-Washington-Pekín
El 17 de septiembre de 2025, el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) publicó su Comunicación conjunta sobre una nueva Agenda Estratégica UE-India. El documento, redactado tras la visita de Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, a Nueva Delhi en febrero de 2025, marca el camino a seguir en las relaciones entre ambas partes tras la conclusión de la anterior Hoja de ruta para 2025, puesta en marcha en 2020. Esta comunicación conjunta esboza un marco de cinco pilares para “elevar la asociación estratégica a un nivel superior”, más allá de las negociaciones actuales en torno a acuerdos bilaterales sobre libre comercio, protección de inversiones e indicaciones geográficas que dieron comienzo en 2022, con finales de 2025 como plazo para llevarlas a buen puerto. Los cinco pilares son “prosperidad y sostenibilidad”, “tecnología e innovación”, “seguridad y defensa”, “conectividad y cuestiones mundiales” y un área transversal llamada “facilitadores en todos los pilares”.
Las negociaciones actuales en torno a un nuevo marco para las relaciones UE-India están inexorablemente ligadas a la creciente complicación del propio entorno geopolítico y la posición geoeconómica de la Unión tras el regreso al poder de Donald Trump en EEUU. La guerra comercial desatada por la Casa Blanca el 2 de abril dio lugar en última instancia a un “mal acuerdo” que ha motivado críticas a la UE por su enfoque cauto en las negociaciones con Washington, si bien algunas estimaciones de las repercusiones para el PIB de la Unión apuntan a un -0,13% más que manejable.
De hecho, no es el impacto económico de la guerra comercial en sí, sino el efecto acumulado del enfoque hostil de la Administración Trump hacia la UE lo que ha dado pie a lo que se percibe como el “ocaso” de las relaciones transatlánticas, así como a una nueva ronda de debates acerca del significado, la dirección y la viabilidad de la “autonomía estratégica” de la Unión. A raíz del deterioro de los lazos con EEUU, ha habido llamamientos para restablecer las relaciones con China con el fin de reequilibrar las relaciones transatlánticas. No obstante, esas opiniones chocan con la persistencia de los factores de seguridad nacionales y del régimen que siguen determinando las políticas industriales de China y sus implicaciones negativas para Europa. También entran en conflicto con los cálculos geopolíticos más amplios de Pekín que motivan su neutralidad benevolente hacia Rusia en el marco de su guerra de agresión contra Ucrania.
En este contexto, hay margen de sobra para una fuerte convergencia geoeconómica entre la UE y la India. Ambas partes deben replantearse sus relaciones con Estados Unidos con Trump al mando y continuar preocupándose por las dependencias estructurales con China y sus implicaciones para la seguridad, además de mantener su interés en mejorar la conectividad –se incluye aquí la propuesta del Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa–, aunque las relaciones de Nueva Delhi con Rusia sigan siendo un problema para Europa.
Cabe destacar que este momento de transición en las relaciones UE-India brinda por su parte una oportunidad a los interlocutores –de dentro y fuera de las instituciones de la UE– que abogan por vincular el avance de las negociaciones del tratado bilateral de libre comercio y los acuerdos subsiguientes a un cambio concreto en las tendencias internas que han lastrado la política india en el último decenio. Estas tendencias son de sobra conocidas: el debilitamiento del Estado de derecho, el auge del autoritarismo digital en el país y de la represión transnacional en el extranjero, así como las políticas polémicas que avivan las divisiones etnorreligiosas en zonas como Manipur o como Jammu y Cachemira. En cualquier caso, lo que se echa en falta es voluntad política de Bruselas para tomar esa decisión. Dicho con claridad, al estar atrapada en un triángulo geopolítico con EEUU y China, y sentir la presión del imperialismo ruso a las puertas, habría que descartar cualquier quimera sobre la capacidad de la UE de modificar en lo fundamental el comportamiento del gobierno indio y del partido en el poder, el Partido Popular Indio (Bharatiya Janata Party, BJP).
Ahora bien, ¿existe alguna forma de que la UE evite disociar por completo “lo político” y “lo económico” en su relación con la India? Una agenda minimalista podría centrarse en vincular las negociaciones en curso a alguna garantía de que Nueva Delhi se abstendrá de ejercer cualquier tipo de represión transnacional contra las distintas diásporas dentro de los Estados miembros de la UE. Es importante porque, si bien la represión transnacional se ha centrado hasta el momento en los países de habla inglesa, el aumento de los flujos migratorios desde la India hacia Europa abre la puerta a que este tema cobre una mayor relevancia en los próximos años. A un nivel más general, Bruselas podría exigir garantías de que Nueva Delhi también se abstendría de intervenir en el entorno informativo de la UE, en especial en lo que atañe a lo que la Unión define como instrumentos de manipulación de información e injerencia por parte de agentes extranjeros (FIMI), una conceptualización de las amenazas en el ámbito de la información que ha sustituido a la noción más extendida de “desinformación”. Como objetivo más ambicioso, Bruselas podría tratar de utilizar las negociaciones para reprimir parcialmente algunos de los elementos más abiertamente antioccidentales de su comunicación política en torno a la guerra en Ucrania, habida cuenta de los escollos persistentes con los que se encuentra la UE para que cale en el sur global su mensaje sobre esta cuestión.
Afrontar la multipolaridad: la asociación UE-India y la reforma de la gobernanza mundial
La UE se enfrenta a una doble prueba de fuego para su credibilidad y eficacia: la necesidad apremiante de reformar el sistema de gobernanza multilateral y, al mismo tiempo, la imperiosa obligación de restaurar su legitimidad a ojos del sur global. Lo crucial es abordar con decisión esa legitimidad para que las iniciativas destinadas a revitalizar la gobernanza mundial lleguen a buen puerto. Pese a que la estrategia de la UE de 2021 para reforzar el multilateralismo expuso una visión pragmática, algo que se echó en falta fue un compromiso con el sur global. Desde entonces, se ha producido una toma de conciencia en la UE acerca de la necesidad de recuperar la confianza de sus socios en el sur global.
El fortalecimiento de los lazos con la India brinda a la UE una oportunidad concreta de demostrar su compromiso y su capacidad más allá de aspiraciones retóricas y promover un orden mundial más inclusivo. Los funcionarios de la UE han constatado que la relación de la UE con la India alberga el potencial de convertirse en “una de las asociaciones determinantes de este siglo” que podría ayudar a Europa a “salvar el multilateralismo”. No obstante, en Bruselas se está gestando u