Expansión

31 de marzo de 2026

Expansión publica una tribuna de Antonio Bonet, presidente del Club de Exportadores e Inversores Españoles, en la que hace un análisis exhaustivo del comportamiento del sector exterior en 2025, realizando un repaso de los datos del comercio exterior español, así como los principales destinos de nuestras exportaciones y los diferentes factores que explican el déficit comercial.

Puede leer la tribuna a continuación:

«Los datos de comercio exterior correspondientes a 2025 confirman una tendencia que ya se venía apuntando a lo largo del año: el deterioro progresivo de la balanza comercial de bienes de España. No se trata de un episodio aislado, sino de la consolidación de un patrón que se repite trimestre tras trimestre y que empieza a adquirir un carácter estructural.
En 2025, las exportaciones españolas de bienes alcanzaron los 387.000 millones de euros, con un crecimiento interanual de apenas el 0,7%. Las importaciones se situaron en 444.000 millones, un 4,6% más que en 2024, elevando el déficit comercial hasta los 57.000 millones de euros, frente a los 40.000 millones del año anterior y de 2023. Más allá de la magnitud, lo relevante es la continuidad de la tendencia.
Los datos trimestrales que hemos analizado en el Club de Exportadores e Inversores muestran que el problema no reside únicamente en el dinamismo de las importaciones, sino en el estancamiento prolongado de las exportaciones. En términos reales, descontando la inflación, todo apunta a una caída en volumen. Lo que durante años se interpretó como un ajuste coyuntural empieza a parecer una limitación estructural del sector exterior.
Especialmente significativo es el cambio en la composición del déficit, que se ha desplazado hacia los productos no energéticos. En 2025, el déficit de esta balanza pasó de 10.000 millones de euros a 28.000 millones. El desequilibrio ya no puede atribuirse principalmente a la factura energética, sino a una pérdida de competitividad relativa en diversos sectores. De hecho, a excepción del sector energético, la mayoría de los sectores han incrementado sus importaciones.
Algunos ámbitos tradicionalmente relevantes para la exportación española muestran señales de debilidad. El sector del automóvil ha registrado descensos significativos en sus ventas exteriores, mientras que en otros sectores, como las manufacturas de consumo, el aumento de las compras al exterior ha superado la evolución de las exportaciones contribuyendo al deterioro del saldo global.
Este estancamiento tiene además implicaciones macroeconómicas. En 2022, la exportación de bienes y servicios llegó a representar en torno al 41% del PIB, impulsado por el dinamismo posterior a la pandemia. Desde entonces, su peso se ha reducido progresivamente hasta situarse en torno al 37%. Esta pérdida de relevancia indica que el comercio exterior ha dejado de actuar como uno de los principales motores de crecimiento en un momento en el que la economía española necesita apoyarse en la demanda externa.
El diagnóstico, sin embargo, no es homogéneo. Frente al estancamiento del comercio de bienes, las exportaciones de servicios han mostrado mayor dinamismo en 2025. Datos provisionales hasta septiembre indican que, en conjunto, crecieron en torno a un 11%, impulsadas especialmente por los servicios no turísticos, que aumentaron un 15 %, mientras que los turísticos lo hicieron en un 7%. España mantiene así una fortaleza clara en el ámbito de los servicios.
No obstante, el buen comportamiento del sector servicios no compensa el deterioro del comercio de bienes ni evita que el déficit comercial siga ampliándose. Más bien, evidencia una dualidad creciente del sector exterior español, con unos servicios dinámicos y unas exportaciones de bienes estancadas.
El contexto internacional añade complejidad. La guerra arancelaria impulsada por la Administración Trump no ha tenido un impacto agregado devastador sobre el comercio exterior español y las exportaciones han resistido relativamente bien. Sin embargo, el intercambio bilateral con Estados Unidos sí se ha deteriorado. Mientras las exportaciones españolas han mostrado debilidad al caer un 8% hasta los 17.000 millones de euros, las importaciones procedentes de EEUU han aumentado un 7% alcanzando los 30.000 millones de euros ampliando un déficit bilateral ya estructural.
Más determinante aún es la evolución del comercio con China, que se ha consolidado como uno de los principales factores explicativos del déficit comercial español. Aunque las exportaciones a China han crecido, las importaciones lo han hecho a un ritmo superior, generando un déficit bilateral creciente, que en el 2025 superó los 42.000 millones de euros. Esto supone que el déficit bilateral en bienes con China es superior al total que tiene España en productos no energéticos. Además, China se encuentra a las puertas de superar a Alemania como primer proveedor extranjero de España.
Desde el punto de vista geográfico, Europa continúa absorbiendo cerca del 74% de las exportaciones españolas, una proporción prácticamente inalterada respecto al 2024. Esta concentración limita la capacidad de crecimiento del sector exterior y aumenta su vulnerabilidad frente a la ralentización económica del continente. No es casual que el estancamiento exportador coincida con un contexto de debilidad en la Unión Europea y con una reducción del superávit comercial con este mercado, que tradicionalmente compensaba parte del déficit con terceros países.
A ello se suma un problema estructural del tejido exportador. El número de exportadores regulares, que alcanzó los 53.691 en 2025 se mantiene estancado o en ligero descenso, y una parte muy elevada de las exportaciones continúa concentrándose en un número reducido de grandes empresas (los 1.000 mayores exportadores aglutinan dos terceras partes del total de la exportación de bienes). España sigue teniendo pocas empresas exportando de forma regular para el tamaño de su economía, lo que reduce la resiliencia del sector exterior en un entorno internacional cada vez más complejo.
Los datos de 2025 deben interpretarse como una señal clara. El desequilibrio del comercio exterior no es inevitable, pero corregirlo exige una estrategia sostenida: reforzar la base exportadora, consolidar la presencia internacional de las empresas, diversificar destinos y mejorar la competitividad. De lo contrario, el actual déficit corre el riesgo de consolidarse como un rasgo estructural de la economía española en los próximos años.»