El informe de la International Energy Agency analiza la evolución del sistema energético global en 2025, destacando una combinación de desaceleración en la demanda, fuerte crecimiento de las tecnologías limpias y persistencia de tensiones estructurales en los mercados energéticos.
A nivel agregado, la demanda mundial de energía creció un 1,3 %, por debajo del promedio de la última década. Este menor ritmo se explica por varios factores concurrentes: una ligera desaceleración económica, mejoras en eficiencia energética y condiciones climáticas menos extremas que en 2024, lo que redujerono especialmente la demanda de refrigeración. Sin embargo el hecho de que, todos los combustibles registraron registraran aumentos indica que , lo que refleja que la transición energética convive aún con el crecimiento de las fuentes fósiles.
Uno de los cambios más relevantes es el papel creciente de la electricidad. Su demanda aumentó cerca de un 3 %, más del doble que la energía total, confirmando la consolidación de una “edad de la electrificación”. Este crecimiento es amplio en sectores como edificios, industria y transporte, así como en nuevas demandas como los centros de datos o los vehículos eléctricos, aunque estos últimos aún representan una fracción relativamente pequeña del total.
En cuanto a la composición del crecimiento energético, el informe destaca un hito: por primera vez, una tecnología renovable —la solar fotovoltaica— fue la mayor contribuyente al aumento de la demanda global. En conjunto, las fuentes de bajas emisiones (renovables y nuclear) aportaron cerca del 60 % del incremento. Este avance es aún más visible en el sector eléctrico, donde el aumento de la generación renovable y nuclear superó el crecimiento total de la demanda, desplazando parcialmente a los combustibles fósiles.
No obstante, las tendencias varían por según la región. China sigue siendo el principal motor del crecimiento energético global, aunque con una desaceleración significativa gracias al despliegue de renovables y a las mejoras de eficiencia. En contraste, Estados Unidos registró un fuerte aumento de la demanda, impulsado por el consumo eléctrico —especialmente de centros de datos— y por condiciones climáticas más frías. India y otras economías emergentes mostraron crecimientos más moderados, influenciadosregistraron crecimientos más moderados, influidos por factores climáticos y estructurales.
En paralelo, las emisiones de CO₂ continuaron creciendo, aunque a un ritmo más lento (0,4 %), alcanzando un nuevo máximo histórico. Este resultado refleja una dinámica dual: el despliegue de tecnologías limpias está conteniendo el crecimiento de las emisiones, pero aún no es suficiente para revertirlo a escala global.
En conjunto, el informe muestra un sistema energético en transición: con avances claros hacia la electrificación y las energías limpias, pero todavía condicionado por el peso persistente de los combustibles fósiles y por factores económicos y climáticos que modulan su evolución.
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